Octubre define, pero agosto anticipa

18 de julio, 2019

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En un escenario electoral polarizado, y sin que haya primarias competitivas para definir las candidaturas presidenciales, lo que ocurra en agosto dará la pauta sobre quién ganará en octubre.

 

Todos saben lo que está en juego ahora y por eso nadie recurre a la poco creíble expresión de que “las verdaderas elecciones son en octubre”. La oposición sabe que las primarias son la instancia que más la favorece porque sus votantes tienen una mayor propensión a participar de ellas. Como respuesta, el Gobierno busca incentivar la concurrencia a las primarias.

 

El oficialismo tiene una ventaja porque tiene más posibilidades de revancha que la oposición frente a un resultado negativo, o peor al esperado, en agosto.

 

Según casi todas las encuestas, la fórmula de los Fernández ganaría en las primarias, pero el dato clave es por qué diferencia lo hará. Si es amplia, comenzará un círculo virtuoso para sus pretensiones porque generará un sentimiento de triunfo inevitable y el Gobierno se le complicará el manejo de la economía lo que, a su vez, le acercará más votos a la oposición.

 

Si el oficialismo gana las primarias la elección estará resuelta, y lo mismo pasaría si la oposición triunfa por mucho. ¿Pero qué ocurrirá si el resultado es ambiguo? En ese caso, el favorecido sería el Gobierno porque cuenta con más posibilidades para revertir la situación entre agosto y octubre. En primer lugar, tiene a favor la gestión porque la economía, que es el gran tema de la campaña, podría estar ligeramente mejor. Además, como ocurrió en 2017, la mayor afluencia de votantes lo favorecería y, por otra parte, en un escenario de mayor polarización, recibiría más votos que el Frente de Todos de los que se inclinaron por otros candidatos que quedaron sin chances en las primarias.

 

El oficialismo cuenta, además, con una campaña más ordenada y, en buena medida, simple porque busca la reelección de sus principales figuras, defiende sus gestiones y las contrapone con las anteriores.

 

Si el Frente de Todos no obtiene el resultado que espera, enfrentará una situación más compleja porque le quedaría como única apuesta que la economía se deteriore más, pero no es ese el escenario más probable. Además, tendría pocos segmentos del electorado sobre los cuales crecer. Un resultado poco favorable generaría tensiones en el interior de la campaña porque pondría en discusión algunas decisiones audaces que se tomaron como el segundo lugar en la fórmula que ocupa Cristina, la candidatura de Kicillof y la apuesta por un discurso más moderado.

 

Está claro que las primarias les importan a todos, pero a unos más que a otros.