La banda es una invitación a que los mercados testeen la política del BCRA

27 de septiembre, 2018

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Por Joel Vaisman Economista

 

En Argentina, parece inevitable. Cada vez que el BCRA crea una norma y es anunciada, el mercado la testea. Y la nueva “banda de flotación” anunciada ayer por el flamante presidente del BCRA, Guido Sandleris, no será la excepción.

 

Con una mediana en $39, el BCRA intervendría únicamente mientras el dólar se ubique, por ahora, en una cotización de $34 y $44. Y, aparentemente, el FMI permitiría que la “independiente” autoridad monetaria argentina ofrezca hasta US$ 150 millones diarios en caso de que la cotización de la divisa norteamericana quiera romper el techo anunciado.

 

El Gobierno ya ha intentado aplacar los mercados de varias formas: mediante la introducción de reglas (el fallido Inflation Targeting de Federico Sturzenegger y Alfonso Prat-Gay), y mediante señales (pago a los hold out, emisión de bonos a 100 años, los abrazos y besos de Nicolás Dujovne y Mauricio Macri con Christine Lagarde). El anuncio de Sandleris va en el primer sentido: la fijación de una regla clara.

 

Pero, como viene sucediendo en Argentina, la claridad extrema lleva a que se pueda fácilmente apostar contra el BCRA. De más está decir que, si el plan económico reside en la política cambiaria, los mercados intentarán testear este techo artificial.

 

No es momento para reglas demasiado explícitas.

 

Las devaluaciones de 2018 llevaron el dólar primero a $24, y luego a orbitar a $40. Dada la fuerte dolarización de los insumos, se estima que la inflación anual, para 2018, será aproximadamente de 42% punta contra punta.

 

Si el dólar puede orbitar entre $34 y $44 (de momento, dado que la banda de flotación se modificaría gradualmente para llegar a $37,19-$48,13 para diciembre), se sabe que habrá más presión sobre el tipo de cambio, provocando nuevas subas de precios.

 

El tipo de cambio entonces tendería a seguir subiendo. Señal para el mercado. Si alguna intervención afortunada lograra bajar la cotización, es altamente probable que los precios no bajen. Se sabe, en Argentina, la mayor cantidad de productos tienen valores inflexibles a la baja. Con lo cual, una vez que se consigue un techo, con los costos de la devaluación ya ocurridos, no es conveniente volver a bajar el tipo de cambio.

 

Menos aun con reglas demasiado claras. En los países desarrollados, que tienen estabilidad cambiaria, bancaria y financiera en general, se pondera que los bancos centrales sean creíbles. Se castiga, de hecho, la discrecionalidad.

 

Pero, en situaciones particulares, puede generar que grandes inversores, al conocer la regla, traten de vencerla. En 1992, George Soros shorteó (es decir, vendió) libras esterlinas, provocando que el Banco de Inglaterra cediera, y deje de intervenir.

 

La discrecionalidad había calmado la marea y las reglas fijas, no

 

Luis Caputo, hace unas semanas, había obtenido algo importante, mediante el abandono de las subastas y la utilización de la tradicional intervención cambiaria: que los mercados no supieran con exactitud que haría el BCRA. De esa forma, la especulación contra el peso adquiría un perfil de aún más riesgo. Así fue en su momento como se contuvo la corrida contra nuestra moneda en 2008: utilizando poder de fuego.

 

Pero esta flotación sucia explícita ya adelanta la jugada para los mercados.  Si se vuelve al esquema de subastas de menos de US$ 200 millones por día, basta con que haya un exceso de demanda de dólares lo suficiente como para neutralizar dicho monto, como para que se le tuerza la mano a la autoridad monetaria, si éste cumple (esta vez) con lo comprometido ante el FMI.

 

Lo que se logra es seguir colocando la condicionando el éxito de un plan económico (que debería incluir aspectos productivos de corto y largo plazo) a la regla monetaria del BCRA. Una invitación a continuar con escenarios de especulación en base a premisas que deberían traer calma. No hay que olvidar: en menos de un año, la política monetaria del BCRA pasó de utilizar solo la tasa de interés, pasando por un mix caótico en el último período de Sturzenegger, a un esquema de flotación sucia ahora.

 

Singularmente, en el único momento donde los mercados cedieron fue cuando se volvió a la tradicional intervención cambiaria. Quedará por ver con qué magnitud el mercado querrá medir la fortaleza del BCRA durante lo que queda del año.