Las tasas, el dólar y la vida de las empresas

Los CEO están más atentos que nunca a la política monetaria del BCRA

15 de marzo, 2016

Las tasas, el dólar y la vida de las empresas

(Columna de Joel Vaisman, economista y empresario)

Las empresas suelen prestar particular atención a costos, salarios, competencia nacional y extranjera, y calidad. Sin embargo, en este período, deberían estar poniendo el ojo en el manejo de la política monetaria del BCRA.

El control de la inflación debería ser una de las prioridades para este nuevo Gobierno. De la mano, un retorno a una situación de relativa competitividad a nivel regional. Ambos problemas están en manos del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger.

¿Por qué, entonces, un CEO debe estar atento a lo que decida Sturzenegger? Muy simple: su política de ventas y de administración del capital de trabajo depende de ello. El tipo de cambio y las tasas de interés, altamente ligadas entre sí, son las que hoy provocan reuniones de directorio y de equipos de trabajo.

Devaluaciones y costos

La devaluación de diciembre, que eliminó el cepo cambiario y llevó el dólar a niveles entre $13 y $14, sirvió como un sinceramiento y un alivio de corto plazo a nivel competitividad. Recordemos que Brasil, con la crisis que está enfrentando, ya había devaluado el real, poniendo presión sobre nuestra moneda.

Sin embargo, la nueva devaluación, generada por la decisión del BCRA de no intervenir en parte de la segunda mitad de febrero, llevó a la moneda norteamericana a estar oscilando entre $15,5 y $16, siendo este último valor un techo psicológico para muchos analistas. Desde el año pasado, algunos economistas utilizan el ratio reservas internacionales/base monetaria, que arrojaba un tipo de cambio “teórico” de $16. Pese a que no hay motivo alguno para pensar que los dólares que tiene el BCRA en sus activos puedan ser de exigibilidad inmediata. Sin embargo, las expectativas se generan, y ya ese número ha sido testeado por el mercado, rompiendo ese techo y llegando el 1ro. de marzo a $16,10. ¿Qué sucedió en cada una de estas devaluaciones? Lo que las empresas vendieron con un tipo de cambio anterior sufrió un deterioro en calidad de costo de reposición. En otras palabras: lo que se vendió a crédito, en algunos casos, apenas alcanza para reponer el costo. Y esta situación dos veces en menos de un trimestre. Como hemos mencionado en columnas anteriores, la incertidumbre lleva a que los plazos de crédito que las empresas otorgan a sus clientes se achiquen, muchas veces, congelando la actividad por un par de días (y esa paralización afectará el PIB a nivel agregado).

El peligro latente sigue estando, dado que la divisa cotiza cerca de ese techo. Si se vuelve a romper, ¿cuál será el nuevo techo? De suceder, el mercado seguiría testeando, mientras la política comercial tendría nuevas pérdidas por la incertidumbre.

Tasas e incertidumbre

Mientras tanto, el BCRA tuvo una política oscilante con las tasas de interés que paga en las LEBAC que ofrece cada martes. Esta tasa es la herramienta que utiliza la autoridad monetaria para mover las tasas en el resto del mercado de dinero y crédito. Para combatir la inflación, se suponía que una suba de tasas “secaría” de pesos al mercado, a cambio de bonos. De esta forma, las operaciones en pesos rendirían más que la inflación, y no habría tanta presión de irse a otras alternativas, como el dólar. Sin embargo, el BCRA relajó las tasas luego de la suba, y eso permitió la segunda devaluación, que llevó a la moneda norteamericana a los niveles de hoy. Como mencionados arriba, las empresas incurrieron en nuevos costos por esa simple situación.

Nuevamente, las LEBAC ofrecidas en la segunda semana de marzo tuvieron un alza en las tasas de interés (en el tramo más corto, se ubicó en una TNA del 38%). Un argumento a favor de esta “flotación de tasas” es el siguiente: para combatir la especulación financiera, y evitar situaciones como la infame “tablita” de Martínez de Hoz, las tasas y el tipo de cambio se mueven para que ningún agente, salvo el BCRA, puedan saber con exactitud cuál será el tipo de cambio, desincentivando operaciones puramente especulativas.

Esto es correcto, pero en un contexto de certidumbre, estabilidad, y con expectativas que permitan el famoso “no tener miedo a flotar”. Las empresas, así como los consumidores, necesitan un ancla nominal que les permita tener planes de consumo, producción e inversión. El incremento en la volatilidad del tipo de cambio, tasas de interés mediante, solo contribuye a demorar la tan ansiada estabilidad económicofinanciera. ¿Conviene tomar crédito si no se espera una estabilidad en las tasas de interés?

¿Es conveniente crear un plazo fijo, es decir, financiar a un banco, si mañana los rendimientos podrían subir? ¿Podemos vender a treinta o sesenta días, si en el medio los precios de las materias primas dolarizadas vuelven a sufrir un aumento sustancial? Son las preguntas que surgen cuando la volatilidad es alta en un contexto de desequilibrio general.

Por supuesto, la estabilización no está exenta de costos. Será la decisión de la autoridad monetaria, en conjunto con el Ministerio de Hacienda y Finanzas, pensar cuales serán y quienes tendrán que soportalo.