La sociedad, preocupada y pesimista

Según las encuestas de M&F

19 de septiembre, 2014

La sociedad, preocupada y pesimista

(Por Matías Carugati, economista jefe de Management & Fit)

Si bien toda encuesta es una foto de un momento determinado, la sucesión de imágenes nos muestra la tendencia de la opinión pública, como si se tratara de una película. Lamentablemente, con el correr de los meses la consideración social en materia económica viene profundizando un sesgo negativo. Dos palabras sirven para caracterizar con precisión esta situación: preocupación y pesimismo. La preocupación de la sociedad es por el estado actual de la economía.

Según nuestras encuestas, detrás de la inseguridad, las cuestiones más alarmantes se refieren a dos problemas económicos: inflación y desempleo. Tras años con una inflación de dos dígitos, las únicas “novedades” son que la tasa anual podría cruzar la barrera del 40% en 2014 y que por segundo año consecutivo le ganará la carrera a los salarios. En relación al desempleo, no sólo el mercado laboral da señales inequívocas de que ha aumentado, sino que la opinión pública ahora percibe con más claridad este problema. Es lógico, entonces, que ambas cuestiones hayan escalado en el ranking de preocupación de la sociedad.

En cuanto al futuro, las perspectivas son pesimistas. Concretamente, 62% de la sociedad espera que la economía se deteriore en los próximos meses, mientras que el 26% considera que todo seguirá igual y apenas el 10% cree que la situación mejorará. El pesimismo de la sociedad no cede ni siquiera cuando es consultada sobre cuestiones puntuales. Por ejemplo, una de cada cuatro personas evalúa que el tema de los holdouts no podrá ser resuelto ni por este Gobierno ni por ningún otro. Ello choca con la opinión no sólo de analistas sino de la clase política en general.

El deterioro de la economía y de las percepciones sociales se conjuga con otro problema: la falta de confianza. Casi 62% de la sociedad dice tener escasa o nula confianza en la forma que la Presidenta está conduciendo el país, porcentaje que escala al 67% cuando se indaga sobre la conducción económica del ministro Axel Kicillof. Un Gobierno que evita asumir su responsabilidad y sistemáticamente acusa a otros por los daños autoinfligidos no hace más que herir su propia credibilidad.

El problema es que la confianza es clave para revertir el escenario recesivo, dado que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una medida de política económica. En este aspecto, habrá que esperar para saber si el llamado de la Presidenta a comprar menos dólares y consumir más bienes logra empujar el nivel de actividad. Aunque deseamos que así sea, consideramos que la destrucción de empleo, la pérdida de poder adquisitivo y el pesimismo conforman un cóctel difícil de resolver apelando únicamente a la buena voluntad de la sociedad. Sobre todo cuando el déficit de confianza en el Gobierno es tan alto y la política económica no mantiene un mínimo grado de consistencia. Dos preguntas finales.

Frente a una economía complicada y un panorama social complejo, ¿puede el Gobierno hacer algo para mejorar la situación? Claro que sí, aunque ello requeriría un replanteo profundo de la estrategia económica en un contexto en el cual el margen de maniobra es más acotado. Ahora bien, teniendo esto en cuenta y, además, que falta poco más de un año hasta que asuma una nueva Administración, ¿realmente se espera que el Gobierno mejore la situación? Esa acaso sea la pregunta clave, y la sensación que dejan nuestras encuestas es que la respuesta es negativa. Los meses que faltan hasta diciembre de 2015 se harán muy largos.