La economía del 2015

La clave es la estrategia electoral

26 de septiembre, 2014

La economía del 2015

Observar el accionar del kirchnerismo, excluyendo a la economía y la política económica del análisis, devuelve la impresión de una vitalidad política encomiable: tiene, y mantiene, una porción mayoritaria del poder institucional en el país; controla la agenda y, en el Congreso, se mueve como un pez en el agua. En poco tiempo, logró la aprobación de la moratoria previsional, la ley de pago soberano y del paquete de leyes del consumidor (incluyendo la polémica Ley de Abastecimiento) y ahora se apresta a sancionar ley la nueva Ley de Hidrocarburos, los nuevos códigos Civil y Comercial y el proyecto de Presupuesto 2015.

Quienes pensaban que Cristina padecería, como los presidentes salientes sin oportunidad de ser reelectos, lo que la ciencia política denomina pato rengo, se equivocaron. La habilidad del kirchnerismo para sumar, y luego mantener, poder político ha sido asombrosa. El analista Sergio Berneztein lo describe como “un panorama pletórico de decisionismo y protagonismo hiperpresidencial” y hace un repaso contundentes del activismo presidencial.

Sin embargo, la economía está extraviada en medio del oceáno o, como dijera un ex presidente del BCRA en a TV abierta, “está hecha mier*a”. Como decía otro reconocido economista, en este caso fornáneo, “en economía se puede hacer de todo, menos evitar las consecuencias”. Y hace un tiempo el kirchnerismo está pagando los costos de una política económica que, si bien fue rendidora en términos electorales, se fue deglutiendo los propios pilares sobre los cuales se forjó su atractivo político y electoral. Estamos viendo lo que el kirchnerismo siempre denostó: una economía fría, sin creación de empleo y con contracción del salario real.

Si bien una economía de estas características, a poco más de un año de concluir el segundo y último mandato y con un polo opositor dentro del peronismo con potencial electoral alto (el Frente Renovador), la esperable licuación del poder del FpV no se produjo. Lo cual es un buen dato para la economía, dado que la fortaleza política opera como un dique de contención del deterioro económico. Como recuerda el consultor Luis Secco, todas las crisis económicas fueron precedidas por crisis de gobernabilidad. Hoy, ese no es el caso. Lo será si el deterioro se pronuncia.

Con semejante poder político, hacer un ajuste no sería tan costoso en términos políticos. Eso era lo que se esperaba en 2011 tras el 54,11%. Había cuatro años para ajustar y llegar a 2015 con una economía mucho mejor de la que, muy probablemente, habrá en 2015. Primaron los elementos más radicalizados dentro del vértice gobernante y se perdió la oportunidad de ajustar e, incluso, de ampliar la coalición electoral. La estrategia fue aguantar y “vivir con lo nuestro”. Ya es tarde para un ajuste ordenado y declarado, pero la propia coyuntura está obligando al Gobierno a ajustar algunas cosas, por ejemplo, el tipo de cambio en enero.

Un repaso

Haciendo un rápido repaso, la conclusión es que se privilegió, como siempre se dijo desde los atriles, la política por sobre la economía. El núcleo duro y el “vamos por todo” le ganó a los superávit gemelos y el dólar alto. Las banderas del “relato” le ganaron al ajuste porque era disfuncional con la estrategia política y, también, porque en el Gobierno, ideológicamente, no creían en tomar ese camino. Se procuró discilplinar, sin éxito, al sector privado y la sociedad toda mediante la intervención y la amenaza de la re-re.

¿Era la mejor estrategia a mano para mantener el poder? Parece que no: del 54,11% de 2011 el FpV pasó, como mucho, al 25%. Difícil de conseguir, además, sin Cristina, descartada la re-re, traccionando la boleta.

¿Fue la mejor estrategia económica? Tampoco. La economía está cayendo, al igual que la inversión, el consumo y las exportaciones y se perdieron más de US$ 20.000 M de reservas. En un contexto de dólares baratos en el mundo, la restricción externa está operando a pleno. En muchos casos, desandar el camino era imposible. Levantar el cepo, hoy, sería letal para el BCRA.

Se privilegió la centralidad de Cristina y la no elección (hasta ahora) de un delfín, la exigencia de lealtad absoluta al universo K, el crecimiento del gasto, el atraso cambiario y, más recientemente, el default, que era previsible dada la jurisprudencia reinante. Fue una estrategia conservadora: mantener el poder y no animarse a innovar. Se quiso controlar la sucesión y se terminó, en cambio, generando una crisis económica. Se fue haciendo camino al andar con una economía que requería otras cosas.

Tras el (previsible) default, recobran fuerza, afuera y adentro también, las especulaciones sobre la estrategia de buscar perder (en rigor, no competir) en 2015 y mantenerse como el principal espacio opositor y como un “actor de veto” en 2015-2019. La hipótesis de “tierra arrasada” y dejarle el ajuste al siguiente y, si fuera Mauricio Macri, mejor. Cualquiera menos Sergio Massa ni, en menor medida, Daniel Scioli. Si gana un peronista, está el riesgo de que absorba al FpV, como hizo el propio kirchnerismo con el duhaldismo.

Los dos caminos

Pero ese no era el plan a fines de 2013 cuando el Gobierno comenzó a desplegar lo que el Estudio Bein denominó “la agenda del crédito”, cuyo punto cúlmine habría sido una emisión de deuda en los mercados externos. La esperanza mínima era que la Corte aplazara el caso para después de la caída de la RUFO y acceder a dólares frescos antes para frenar, entre otras cosas, “la psicosis con el dólar” y encarar una campaña presidencial competitiva, que tiene como requisito ineludible cierta estabilidad macroeconómica. ¿O acaso se puede ganar una elección presidencial con cepo, recesión, brecha, inflación del 40%, caída del salario, suba de tarifas y retracción del empleo? Pero ese plan falló.

Mientras se rascan distintas ollas, en enero los incentivos para negociar vuelven a subir y, de haber arreglo, la economía podría crecer hasta 3% en 2015, según Bein. Nada mal para un año electoral. El FpV se beneficiaría de recuperarse luego de un trienio complicado y haber vencido “al complot de los buitres”. No todos los economistas son tan optimistas sobre los efectos de un posible arreglo ni sobre la ocurrencia del mismo arreglo. La propia coyuntura podría acercar el arreglo, dado que la escasez de dólares se agrava, la brecha se amplía, los pagos de las importaciones están muy atrasados y hay vencimientos importantes en el calendario, siendo el Boden 15 el más importante. Es decir, la economía se beneficiaría de la intención del FpV de “jugar” electoralmente en 2015.

¿Pero es eso lo que buscará el kirchnerismo? ¿O preferirá irse pero con las banderas en alto y dejarle la factura de Singer & Cía a otro? Los incentivos para este camino también son altos y, hoy poy hoy, casi todos los analistas creen que Cristina seguirá pateando el tablero: no hay pizcas de moderación en la prédica anti-buite. ¿Pegará un volantazo discursivo en enero?

Recién a partir del primer mes de 2015 se sabrá cuál será la estrategia electoral del FpV: apostar a un delfín y a estabilizar la economía o dejarle una economía (cada vez más) complicada al próximo y agazaparse, nucleando al peronismo, para volver en 2019. Allí se sabrá qué se puede esperar para la economía en el año que comienza en menos de 90 días. Los escenarios que se abren en enero son muy diveregentes entre sí.