Sobreestimar el PIB

Tiene costos y consecuencias

5 de julio, 2013

Sobreestimar el PIB

(Columna de Lorenzo Sigaut Gravina, dconomista jefe de Ecolatina  y Luz García Balcarce, economista de Ecolatina)

De acuerdo al Indec, en los primeros cuatro meses la actividad creció 4,1% interanual, alimentando fuertemente las expectativas del pago del Cupón PIB en 2014 y, por ende, sus precios. Desde la publicación del dato de crecimiento del primer trimestre (+3%), este derivado acumuló un alza superior al 20%.

Paradójicamente, el entusiasmo inversor se basa en la sobreestimación oficial del crecimiento, que contrasta con nuestras estimaciones –el PIB trepó sólo 0,1% en el primer trimestre– e incluso con algunos indicadores sectoriales. Veamos. Según los números oficiales, en el primer trimestre el consumo creció 6,1%, contraponiéndose con indicadores alternativos del gasto. Las ventas minoristas –relevadas por CAME– se contrajeron 1,4%, y la facturación en supermercados y la recaudación del IVA deflactadas por nuestro relevamiento de precios crecieron sólo 2,4% y 0,9%, respectivamente. A ello se le suma que las erogaciones corrientes del Gobierno Nacional treparon –en términos reales– sólo 2,9%. La expansión de los servicios (5,4%) también luce abultada, especialmente teniendo en cuenta que se estaba comparando contra el “buen” primer trimestre de 2012 (6,5%). Dentro de estos, el dinamismo del comercio (6,5%) explicó más de un cuarto de su crecimiento, pero no se condice con el comportamiento de los indicadores mencionados anteriormente. Por la misma razón, resulta también llamativo el boom de la intermediación financiera (22%) y el crecimiento de 4,7% en el transporte.

Simultáneamente, el optimismo actual de los inversores se traslada hacia adelante. Para alcanzar el umbral de pago (3,22%) el PIB oficial debería crecer “sólo” 2,8% en el resto del año, cuando se va a comparar contra “lo peor” de 2012. Ya en abril el EMAE aumentó 7%. En el segundo trimestre operarán positivamente el shock de la cosecha y el repunte de la construcción y la industria (9,3% y 3,4%, respectivamente, en abril-mayo).

Por su parte, en el tercer trimestre se desacelera la producción de bienes, pero habrá mayor dinamismo del consumo, fruto de los estímulos fiscales recientemente otorgados. De esta manera, si el PIB oficial crece 5% en los próximos dos trimestres, lo cual luce muy probable, se alcanzaría el trigger aun con un estancamiento sobre el final del año. El esfuerzo del Gobierno por inflar el crecimiento de la economía quizás rinda sus frutos sobre la campaña electoral, pero tendrá un alto precio para la economía.

De alcanzarse el umbral mínimo en 2013 (3,22%), los vencimientos en moneda extranjera para 2014 sumarían US$ 2.800 millones adicionales. El pago extra resultante de alterar las estadísticas modifica el perfil de vencimientos que inicialmente parecía tranquilo. En 2014 los pagos en moneda extranjera serían los menores de los últimos años (US$ 5.400 millones versus US$ 7.500 millones de 2011-2013), pero con el eventual pago del Cupón se perdería el último remanso previo al stress de 2015 (US$ 11.500 millones + elecciones presidenciales). Esto tendría además un fuerte impacto sobre el deteriorado frente cambiario.

Tras tres años consecutivos de caída de reservas (en 2013 se perderían al menos US$ 6.000 millones), hacerse de las divisas para un pago “extra” de esa magnitud sólo profundizaría la problemática del BCRA. Sin superávit de cuenta corriente ni acceso a los mercados internacionales, las dificultades serán crecientes. A esto se sumaría un escenario externo menos favorable producto de una política monetaria algo más contractiva por parte de la Fed. Los precios de las commodities y las monedas de los países emergentes podrían sufrir algún declive. Además, un eventual mayor pago de intereses derivado del juicio en Nueva York sólo agregaría más presión.

El problema de fondo es que, en el mejor de los casos, el PIB –bien medido– trepará 3%, es decir, por debajo del umbral que gatilla el pago. Falsear las estadísticas oficiales tiene consecuencias sobre la credibilidad y la confianza, y se vuelve más desatinado si genera un costo elevado en el frente cambiario: se estaría “regalando” un monto que se considera “exitoso” para el actual blanqueo.

El absurdo es más notorio aún teniendo en cuenta que todo esto se podría haber evitado si se hubiesen utilizado las recompras obligatorias –estipuladas en el canje de 2005– para rescatar los cupones en circulación. El no haberlo hecho insumió más de US$ 7.000 millones entre 2006 y 2012, e implicará en el futuro una presión extra a un frente cambiario debilitado.