La economía argentina

Dentro del contexto regional

31 de julio, 2013

La economía argentina

(Columna de Jorge A. Paz, economista e investigador del CONICET)

El crecimiento económico latinoamericano se desaceleró en los últimos años y el panorama internacional no es del todo favorable para la región, al menos en el corto y el mediano plazos. El superciclo de los precios de las materias primas ha entrado en una fase de declinación y las grandes economías latinoamericanas, Brasil y México, crecerán a tasas menores al 3% (el promedio regional) en los próximos años. Estas son algunas de las conclusiones del Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2013 de la CEPAL, cuyo título es “Tres décadas de crecimiento desigual e inestable” y que se presentó el pasado miércoles 24 de julio en Santiago, Chile.

El informe se pregunta, entonces, cuáles son las posibles salidas que permitirían recuperar las tasas de crecimiento observadas antes de la crisis internacional. Las respuestas apuntan a un pacto social orientado a fortalecer la inversión en capital físico, como la forma más directa y eficiente de aumentar la productividad laboral. Se cree que la inversión generará, asimismo, efectos externos en la formación de capital humano y permitirá lograr el “cambio estructural” que, según la CEPAL, hace falta en la región.

Dicho cambio se concibe como la inversión en sectores no tradicionales, principalmente de bienes transables. Parte del diagnóstico reconoce no sólo la insuficiente la acumulación de capital, sino también la reincidencia en sectores tradicionales y el eterno retorno a la capacidad ociosa. La inversión es reconocida, junto con el consumo y las exportaciones netas, como uno de los motores del crecimiento. Pero a diferencia de los demás, se estima que ésta permitirá no sólo recuperar los niveles de crecimiento de la primera década del presente siglo, sino proyectarse hacia el mediano y el largo plazos.

Así, llama la atención que desde la crisis de la deuda en los años ’80, América Latina y el Caribe no haya logrado recomponer su situación internacional y que su PIB per capita no converja a niveles internacionalmente aceptables.

A continuación, repasaré la situación de la Argentina en los aspectos considerados clave por el informe económico 2013 de la CEPAL. El crecimiento esperado de la Argentina para 2013 (3,5%)se sitúa un poco por encima de la media de los países de la región (3%). Supera al de Brasil (2,5%) y México (2,8%), pero está por debajo de países más pequeños como Paraguay (12,5%). Este 3,5% implicauna considerable desaceleración del crecimiento: entre 2004 y 2007, el PIB argentino creció a un promedio del 8% anual, mientras que en los años 2011-2012 lo hizo al 4,5%. Entre 2008 y 2010 se verificó la fuerte caída (con el -0,8% de crecimiento para el año 2009)como consecuencia de la crisis global.

Si el motor del crecimiento es la inversión (de la que depende crucialmente la productividad laboral) resulta conveniente evaluar qué rol tuvo la inversión en el período reciente de recuperación económica de la Argentina. Los datos que provienen de las Cuentas Nacionales son muy claros. La tasa de inversión, es decirla proporción de la inversión sobre el PIB, aumentó durante la fase de fuerte recuperación económica: pasó del 16% en 2004 y alcanzó el 23% en 2008. Luego no aumentó más y su nivel se estancó en el 21% (2013).

El único componente de la demanda agregada que muestra un aumento como proporción del PIB es el consumo privado. El informe de la CEPAL es contundente al afirmar que apuntalar el crecimiento económico con el consumo interno es una “señal de fragilidad”. Esta conclusión está relacionada con la identificación de la inversión como “la salida” al dilema que propone la coyuntura internacional.

Masa salarial estancada

Las Cuentas Nacionales sugieren también que la Argentina apostó al consumo, con lo cual cabe preguntarse por qué es esto una señal de fragilidad.Porque,justamente, uno de los mercados que ha reaccionado más a la ralentización del crecimiento ha sido el mercado laboral. Como se vino marcando en esta columna desde hace unos meses a esta parte, el empleo dejó de aumentar y el desempleo de disminuir, a pesar de que la tasa de actividad se mantuvo en niveles inquietantemente estables. Una señal adicional de la falta de diversificación de la inversión productiva proviene asimismo del mercado laboral.

El empleo informal representa aún el 35% de los ocupados a pesar de los ingentes esfuerzos realizados por el Gobierno para reducirlo. Que el empleo informal siga siendo elevado es un síntoma de que la economía está siendo incapaz de crear puestos de calidad y, por lo tanto, generar ese cambio estructural propuesto por el informe. ¿Resultado? La masa salarial no aumenta ni de tamaño ni cambia su composición.

El consumo, claramente, es una salida con poco futuro.

Convergencia

Un hecho preocupante es el dinamismo de largo plazo. Si se juzga la evolución de la economía en términos de convergencia hacia niveles mundiales medianamente aceptables se observa que el desempeño económico de la región en general, y de la Argentina en particular,está lejos de haber sido satisfactorio. Como se aprecia en el gráfico, durante la mayor parte del período que va de 1974 a 2010, el PIB per capita de la Argentina como proporción del estadounidense fue decreciente.

La Argentina, China y la República de Corea: PIB per capita relativo al PIB per capita de EE.UU. (en %) / Fuente: Construcción propia con datos de “The First Update of the Maddison Project”

La economía argentina

 

Aunque se observa un moderado repunte a partir de 2003, se está lejos de llegar a un nivel equivalente al 50% del PIB per capita de los Estados Unidos que el país había alcanzado en la segunda mitad del Siglo XX. En contraste, China y la República de Corea tuvieron un claro proceso de convergencia. Si se sigue en el actual sendero económico y aceptando una dosis de viento de cola, recién en el año 2030 la Argentina alcanzaría los niveles que estuvieron vigentes entre 1950-1973, es decir, el 50% del PIB norteamericano. Esto es aceptando una tasa de crecimiento económico alta (del 5%) y aceptando que el crecimiento de los EE.UU. será de tan sólo el 2,5% en los próximos 15 años.