Informalidad y pobreza

Dos caras de la misma moneda

15 de abril, 2013

Informalidad y pobreza

Según el Observatorio para la Deuda Social, dependiente la Universidad Católica Argentina (UCA), y en base a mediciones de inflación alternativas, la tasa de pobreza urbana en el cuarto trimestre de 2012 era de 26,9% de la población y de 17,3% de los hogares. Comparado con el mismo período de 2010, se observa una leve caída de ambos indicadores: en ese momento, los guarismos eran de 27,6% y 17,9%, respectivamente. La misma tendencia se verifica en las estadísticas de indigencia. A finales de 2010, la indigencia afectaba a 8,7% de la población urbana y a 5,2% de los hogares, mientras que a finales del año pasado las cifras eran de 5,5% y 3,1%, respectivamente.Sin embargo, si las mediciones de 2012 se contrastan con las de igual período de 2011, se observa que la pobreza aumentó considerablemente desde el 22,4% (población urbana) y 13,9% (hogares) a los ya citados 26,9% y 17,3%, respectivamente. En cambio, la indigencia se mantuvo prácticamente inalterada entre el cuarto trimestre de 2011 e igual período de 2012.

¿Por qué la pobreza subió entre finales de 2011 e igual período de 2012 y la indigencia, en tanto, se mantuvo estancada?

El trabajo de la UCA lo explica así: “Esta evolución tuvo como contexto general una economía que durante 2012 se estancó en cuanto a la generación de empleos de calidad y la inflación mantuvo niveles muy altos, afectando sobre todo a los asalariados y no asalariados del sector informal, los cuales no vieron aumentado el nivel de actividad laboral ni de ingresos reales (…) En la medida en que la mayor parte del presupuesto de los hogares de más bajos ingresos está formada por la asistencia que brindan los programas sociales, los efectos recesivos e inflacionarios de 2012 habría sido compensado por los aumentos otorgados en estas ayudas económicas. Esta situación, más un aumento del subempleo de subsistencia, explican que no se haya registrado un aumento de la indigencia (…) Para los hogares que están levemente por encima de la línea pobreza resulta muy fácil volver a caer en esta situación cuando se retraen el mercado informal y las remuneraciones que se regulan en el mismo”.

Es decir, las personas y hogares vinculados a una fuente de ingreso “de mercado” parecerían sufrir una mayor prociclidad que aquellas que tienen fuentes de ingresos que no son del mercado, es decir, que dependen en mayor medida del Estado. Lo que determina más vulnerabilidad de las personas que tienen una fuente de ingreso de mercado es, fundamentalmente, la calidad de su empleo.

Empleo de calidad

El gran desafío para reducir la pobreza es, por lo tanto, la capacidad de generar oportunidades de empleos de calidad que sirvan, al mismo tiempo, para sacar de la pobreza a las personas que trabajan y evitar que vuelvan a caer en momentos en los que se retrae el ciclo económico.

“La calidad del empleo al que acceden los trabajadores es primordial: entre los jefes de hogares pobres que se encuentran ocupados, el 78,2% lo hace en puestos asalariados informales o en ocupaciones por cuenta propia. Estos empleos se caracterizan no sólo por la percepción de ingresos menores, sino por una alta inestabilidad, sumiendo a estas familias en una situación de profunda vulnerabilidad ante los vaivenes económicos”, sostiene un trabajo reciente de los investigadores Mariano Barrera, Ana Laura Fernández y Pablo Manzanelli, de Cifra, centro de estudios de la CTA.

Sin progresos importantes en la erradicación de la informalidad (que aún afecta a más del 30% de la fuerza laboral), la tasa de pobreza seguirá elevada y volátil.