A un año de las primarias

De las "tasas chinas" al estancamiento.

17 de agosto, 2012

A un año de las primarias

Esta semana se cumplió un año de la victoria de Cristina Kirchner en las PASO. El domingo 14 de agosto de 2011, la fórmula Kirchner- Boudou superó el 50% de los votos y allí comenzó, de manera no oficial, su segundo mandato. Si bien el Gobierno esperó hasta la confirmación en octubre para empezar a desplegar su “sintonía fina”, el resultado estaba cantado. A modo de balance, ¿cuánto ha cambiado, en el terreno económico, en el último año? Mucho.

El cambio más notable es que la economía despidió las tasas chinas. En el tercer trimestre de 2011, cuando se desarrollaron las primarias, el PIB creció a una tasa de 9,3% interanual según el Indec. Desde entonces, comenzó la desaceleración. En el cuarto, la expansión del PIB cayó a 7,3% y en el primero del 2012, a 5,2%. En el segundo trimestre, la cifra –todo indica que será así– bajaría varios escalones. Según los privados, el PIB cayó entre abril y junio.

Por este motivo, y otros añadidos, variables típicamente cíclicas como el empleo y la inversión también clavaron los frenos. No son temas menores. A excepción de 2009, el kirchnerismo ha logrado disipar las tensiones del mercado laboral al punto que los temores sobre el empleo perdieron preponderancia en las encuestas de opinión. Esto podría empezar a cambiar. En cuanto a la inversión, la caída –indica la teoría– afecta el crecimiento de largo plazo y achica la oferta, lo que podría alimentar la inflación.

También cambió el escenario global. La economía global, China incluida, se desaceleró con fuerza y Brasil, nuestro principal socio comercial, se estancó. La crisis europea subió varios escalones y, al día de hoy, sigue sin una solución a la vista. Si bien la principal commodity que exporta el país subió más de US$ 100 en el último año y hoy coquetea en niveles récord, una mirada más global muestra que los términos de intercambio del país cayeron en el primer semestre. Los precios de las importaciones crecieron 8,7% y el de las exportaciones, sólo 0,6%. Según la consultora Elypsis, sin el deterioro de los términos de intercambio, el ahorro comercial del primer semestre hubiera sido de US$ 10.200 millones, en vez de ser de US$ 7.300 millones. El viento de cola viró a un viento lateral y, si bien se espera un repunte de Brasil, el mundo ya no traccionará como antes a la economía argentina y el potencial daño de la crisis europea sigue siendo grande.

El Gobierno, además, abandonó (por necesidad y, también, por convicción) el piloto automático que tantos réditos le dio entre 2010 y 2011. Control de cambios, comenzar a revisar el esquema de subsidios, el cierre del grifo importador y la reforma de la Carta Orgánica del BCRA fueron algunas de las principales medidas tomadas. En líneas generales, se profundizó el sesgo intervencionista de la política económica. Se profundizó el modelo, dicen en el Gobierno.

Entre los nombres del equipo económico, el gran movimiento fue el ascenso de Axel Kicillof, secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo, miembro del directorio de YPF y presidente la novel Comisión de Planificación y Coordinación Estratégica del Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas (CPCE).

La nacionalización de YPF, quizás la jugada más audaz del kirchnerismo desde el 2003, ha sido la gran apuesta para revertir el declive de la producción energética y comenzar a revertir la creciente sangría de “dólares energéticos”. Si bien se la presentó como una gesta patriótica, fue una medida de carácter netamente económico. Por donde se lo mire, el desbalance energético presiona cada vez más a la macroeconomía. “Cambiamos soja por petróleo”, dice José María Fanelli.

Apuntalar la recuperación de pétroleo y gas demandará inversiones que el CEO de la empresa, Miguel Galuccio, cuantificó en US$ 3.500 millones en 2012 y en US$ 7.000 millones anuales entre 2013- 2017. Esta semana YPF anunció que buscará ampliar a US$ 3.000 millones la emisión de deuda para comenzar a activar los proyectos exploratorios y el Gobierno está enviando “señales” para atraer inversiones. El potencial, apuntalado por las reservas de Vaca Muerta, está. Por ahora, falta lo más importante: el dinero.

Con lo nuestro

Lo que ha reaparecido es la restricción externa. La cuenta corriente en 2011 despidió los años de superávit y volvió al equilibrio. “La decisión que tomó el Gobierno a fines de 2011 es vivir con los recursos internos. Podemos discutir si está bien o mal y si es una elección o una imposición. Lo cierto es que la economía está desapalancada”, expresa Rodrigo Alvarez, director de Analytica Consultora. “Es una lógica mercantilista. En el Siglo XV era el oro y la plata y, ahora, son los dólares comerciales”. Lo confirmó esta semana Aldo Ferrer, padre de la expresión “vivir con lo nuestro” en el IV Congreso AEDA. Esto origina una pregunta: ¿para qué alcanza?

(De la edición impresa)