Más impuestos al agro

Es sustitución de exportaciones.

19 de junio, 2012

Más impuestos al agro

La economía argentina no deja de ensayar nuevas políticas a lo largo de la Historia. En los últimos años comenzó un intenso proceso de sustitución de exportaciones energéticas por crecientes importaciones. Esta paradoja se debió a una serie de factores, esencialmente a los desequilibrios de precios relativos derivados de derechos de exportación y tarifas energéticas internacionalmente bajas, con el fin de estimular el consumo interno. El resultado ha sido el reemplazo del superávit comercial energético de comienzos de década, por un déficit que será de entre US$ 6.000 y US$ 10.000 millones en 2012.

La novedad es el repentino incremento de la presión impositiva sobre el sector agropecuario, sobre la base del revalúo del impuesto inmobiliario rural, con altos impactos en impuestos nacionales como Bienes Personales y Ganancias. El resultado probable es la caída en las exportaciones, con lo cual se cumplirá otra situación paradójica: la sustitución de exportaciones por impuestos.

El recurrente problema fiscal

La Nación terminó 2011 con un déficit de $ 30.000 millones, pese a los fuertes financiamientos obtenidos por el Tesoro vía intrasector público (ANSeS, BCRA, BNA, Lotería Nacional, AFIP, etcétera). La tendencia para 2012, con gran desaceleración y a las puertas de una recesión, no es favorable. Por el lado de las provincias, el escenario es más complejo. El déficit fiscal de 2011, del orden de $ 12.000 millones, treparía a un resultado negativo consolidado de un piso del orden de $ 20.000 millones en 2012, de los cuales la mitad sería de la provincia de Buenos Aires. Como el gasto público es casi inflexible –por decisiones de política– y los ingresos fiscales están descendiendo a la par de la desaceleración de la actividad, sólo la inflación mantiene la nominalidad de los recursos.

Para financiarse, quedan la emisión de deuda y los impuestos. Los gobiernos provinciales no cesan de colocar letras de corto plazo, a altas tasas por encima de la BADLAR, para hacerse de fondos de corto plazo. Por otra parte, la imposibilidad de colocar deuda pública externa se acrecentó dado el contexto internacional y el aislamiento financiero global decidido por la Administración Nacional.

En cuanto a la coparticipación, se sabe que adolece de problemas estructurales, que las propias provincias aceptaron: incumplimiento del piso del 34%; creciente peso de tributos nacionales no coparticipables (DEX, Cheque, Seguridad Social); detracción de la masa coparticipable bruta del 15% para la ANSeS, que a su vez realiza préstamos a las provincias para financiar sus cajas de jubilaciones, y virtual reemplazo de los pisos legales por un incremento sostenido de las transferencias nacionales discrecionales que, por su naturaleza, no tienen destino proporcional hacia todas las provincias. Una opción, aún no implementada, pero muy escuchada, es la posible emisión de cuasimonedas por parte de algunas jurisdicciones.

El actual ahogo financiero de las provincias las ubica en la necesidad de financiarse, y las cuasimonedas se presentan como una opción cada vez menos lejana, por lo menos en algún caso particular. Por caso, la experiencia de Córdoba con los CECOR a mediados de los ’90, en el pos tequila, ha sido un favorable antecedente. Le queda a las provincias el recurso de aumentar los impuestos propios, que es lo que han hecho Buenos Aires y Entre Ríos, siguiéndole probablemente Santa Fe en la idea.

El peso de los impuestos

El sector agropecuario ha sido una vez más el destinatario, vía el revalúo del impuesto inmobiliario rural. Si bien las valuaciones fiscales estaban atrasadas, el ajuste ha sido muy exponencial, y se suma a una larga lista de impuestos: Derechos de Exportación, Ganancias, Ganancia Mínima Presunta, IVA y Bienes Personales, como los más relevantes. Una vez más, uno de los sectores más dinámicos y competitivos de la economía es fruto de la mayor presión tributaria, derivada de un déficit fiscal creciente para financiar un gasto público que equivale al 45% del PIB.

El contexto es más que complejo. La economía se enfrenta uno de sus mayores dilemas: el sistema de precios se encuentra muy desequilibrado y no se observa una fuerte coordinación de expectativas. Los múltiples tipos de cambio existentes son el mejor ejemplo: soja, trigo-maíz, resto de bienes exportados, oficial, blue, contado y desdoblado, por citar algunos. En este contexto, si bien los precios internacionales agropecuarios aún son altos, el precio del trigo y del maíz sufre las quitas de los DEX y los ROE. La cosecha 2011/12 sería de 84 millones de toneladas frente a un pronóstico original de 107 millones, con su efecto de menor liquidez y, por ende, menores inversiones; hubo sequía en varias regiones y el sector –como la industria– venderá desde ahora a un dólar oficial con algunos costos valuados al dólar paralelo o al “dólar pesificado”, en pesos a un equivalente de tipo de cambio más alto.

Como enseña la teoría económica y la evidencia histórica, aumentar impuestos en tiempos de desaceleración o recesión es procíclico, es decir, se recaudará menos en el mediano plazo. Esto será el resultado de una menor siembra y diversificación de granos, menor gasto en insumos y creciente deterioro de las producciones regionales, pese a un mayor cultivo de soja, y menor consumo y construcción en todo el interior del país. Es decir, las exportaciones crecerán menos, y la recaudación en el mediano plazo, también.

(De la edición impresa)