Crecimiento argentino

14 de mayo, 2012

Crecimiento argentino

(Columna de opinión de Fausto Spotorno, director de OJF y Asociados)

La economía argentina muestra señales de desaceleración, principalmente del lado de la oferta agregada. La demanda todavía muestra algunas señales positivas, por el lado del consumo. De acuerdo al IGAOJF, que es el principal estimador privado mensual del PIB, durante el primer trimestre la economía creció 2,5% interanual, menos de la mitad de la expansión observada durante el 2011 (5,8%). Esta desaceleración tiene varias causas.

En primer lugar la economía está retomando su tasa de crecimiento de largo plazo. En segundo lugar, el contexto internacional para la Argentina se está debilitando y finalmente existen cuestiones coyunturales locales, como las restricciones a las importaciones, el exceso de capacidad utilizada, restricciones energéticas, etcétera. Cuando se habla del crecimiento económico de largo plazo, hay que ser muy cuidadoso con los períodos que se toman y tener muy en cuenta el ciclo económico.

El crecimiento argentino entre 2003 y 2011 fue 7,1% promedio anual de acuerdo al IGA-OJF y si se toman datos oficiales fue 7,5%. Sin embargo, estas cifras toman un período muy particular en el que se mezclan períodos de rebote tras la crisis con períodos de crecimiento efectivo. Hay años en los que la actividad económica tocó un techo (que equivale a decir capacidad ociosa al mínimo) o un piso (capacidad ociosa al máximo). Probablemente la mejor forma de estimar el crecimiento de largo plazo sería medir el crecimiento promedio entre dos picos, esto es, cuando la capacidad ociosa está en los niveles más bajos. De esta manera, queda claro que todo el crecimiento conseguido en ese período es producto de la inversión, el capital humano y del cambio tecnológico. De otra manera, se puede estar mezclando crecimiento efectivo con un simple rebote, causado por utilización de la capacidad ociosa.

Un ejemplo de esto sería una planta que funcionó hasta 2001 y que dejó de funcionar durante la crisis de 2002 y, luego, en 2003 se puso otra vez en marcha. En este caso el crecimiento de la producción entre 2002 y 2003 no se debe a nuevas inversiones sino que es el rebote tras la crisis. Los picos de actividad económica de las últimas décadas fueron en 1987, en 1998 y, por ahora, en 2011.

Entre 1987 y 1998, la economía creció a un promedio de 3,1% anual y entre 1998 y 2011 a un promedio de 3,6% con los datos oficiales y 2,7% usando el IGA. Con lo cual, parecería que la actividad económica argentina tiende a crecer a un ritmo de 3%- 3,5% anual en el largo plazo y esto no parece haber cambiado en las últimas dos décadas. Lo cual parece tener cierta lógica. Un análisis rápido de varios países parece indicar –a grandes rasgos– que aquellas economías que invierten anualmente entre 20% y 25% de su PIB tienen un crecimiento de entre 3 y 5% anual. Aquellos países que muestran un nivel de inversión entre el 25% al 30% se expanden a un ritmo de entre el 5% y el 7% y aquellos que invierten de 30% a 50% pueden sostener crecimientos de 8% a 11% (caso China, que invierte arriba del 45% del PIB).

La Argentina no ha cambiado drásticamente sus niveles de inversión en las últimas décadas. A grandes rasgos, el nivel de inversión en la Argentina se ha mantenido entre 20% y 25% del PIB durante las últimas dos décadas (sacando los períodos de crisis). Si bien es cierto que ha habido picos de 24% del PIB en los últimos años, lo cierto es que estos han sido esporádicos. Por otra parte, también es cierto que en los últimos años gran parte de la inversión se ha dirigido a la construcción residencial, que no es una inversión reproductiva y, por otra parte, el reducido mercado financiero no resulta un buen vehículo para que se encuentren la oferta (ahorro) y demanda (inversión) de capitales. Puede decirse que no ha habido grandes cambios en el nivel de inversión en las últimas dos décadas. En resumen, la economía argentina tiende a un crecimiento de entre 3% y 3,5% y no parece que haya razones para que eso cambie.

En el contexto internacional, la situación europea sigue siendo complicada, lo cual juega como un freno a la economía global. La deuda pública de Europa continúa creciendo. De hecho, subió del 85,3% del PIB en 2010 a 87,2 % en 2011. De los 27 países que la componen, 14 presentaron ratios superiores al 60% del PIB, superando el límite impuesto en el Tratado de Maastricht.

En la región, observamos que Brasil está aplicando una política monetaria más expansiva para compensar la fuerte desaceleración de la actividad. Los datos de marzo indican que la actividad manufacturera se contrajo 3,1% anual durante los últimos nueve meses. De hecho, la tasa SELIC de referencia ya se ubica en 8,75%, pero esto también ha permitido un debilitamiento del tipo de cambio que está por encima de R$ 1,90, lo cual impacta en la competitividad argentina. A esto se le suma que la cosecha agrícola no ha sido la mejor y se esperan bajas de 15% en el maíz y en la soja. Hay que tener en cuenta que si bien el precio de la soja sigue alto, lo cierto, es que no es muy diferente del que se observó en 2011.

En un contexto en el que el principal demandante de productos industriales argentinos –Brasil– se desacelera y se vuelve más competitivo en términos cambiarios y en el que la cosecha agrícola empeora no es de extrañar que el comercio exterior muestre indicios de fatiga: desde noviembre 2009 que las exportaciones no crecían a un ritmo tan bajo.

Teniendo en cuenta que el nivel de inversión en la Argentina no puede explicar un crecimiento de largo plazo mucho mayor al 3,5% anual, que el escenario internacional ya no es óptimo y que existen dificultades locales como la escasez energética, la mala cosecha, y las restricciones a las importaciones, es muy probable que la actividad económica sea débil todo el año. La emisión monetaria local y los fuertes estímulos que se aplican sobre la demanda impiden que se reduzca la inflación.

(De la edición impresa)

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