¿El Siglo XXI es nuestro?
Proyección

¿El Siglo XXI es nuestro?

En un momento en el que la promesa de "Argentina va a volver a ser grande otra vez" parece estar más latente que nunca, las dos grandes preguntas son si esto es realmente viable y, en el caso de que sí, cómo podríamos lograrlo.

Si uno analiza a Argentina en la actualidad, rápidamente podríamos concluir que cuenta con las características básicas para tener una buena performance: una importante cantidad de materias primas (incluyendo alimentos y energía) que las grandes potencias necesitan; una posición estratégica clave (principalmente, en lo que respecta a nuestra cercanía con la Antártida) y el privilegio de estar alejados de las zonas de conflicto fundamentales (Europa y Medio Oriente, entre otros); a esto se suman recursos humanos calificados; grandes extensiones de tierra...y la lista puede continuar.

Dicho esto, podríamos pensar que, haciendo las cosas mínimamente bien, el país debería despegar definitivamente para convertirse en la potencia que siempre nos han prometido. 

Sin embargo, el gran problema con esta apreciación es que todas las características mencionadas no son nuevas: Argentina, en menor o mayor medida, siempre ha contado importantes materias primas y una posición privilegiada en el escenario internacional. 



Por ello, en un momento en el que la promesa de "Argentina va a volver a ser grande otra vez" parece estar más latente que nunca, las dos grandes preguntas son si esto es realmente viable y, en el caso de que sí, cómo podríamos lograrlo. 

Es por eso que, intentando encontrar respuestas, El Economista dialogó en exclusiva con tres grandes académicos argentinos de las relaciones internacionales para conocer sus puntos de vista al respecto. 

Según Andrea Oelsner, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad de San Andrés, desde una perspectiva estructural, debemos considerar que no solo Argentina, sino la región en general tiene ciertas características "que para las urgencias globales nos dejan un poco al margen, para bien o para mal". 



"América Latina no es lo suficientemente pobre como para captar la atención del mundo, como África, ni es lo suficientemente conflictiva, como Medio Oriente. Tampoco es lo suficientemente pujante, como en los '90 era el sudeste asiático. Entonces esas cosas dejan a la región un poco por afuera de los radares de los países centrales", explica.

En este sentido, a la hora de tratar de aprovechar nuestras bonanzas en lo que respecta a materias primas, Oelsner sostiene que nuestra ubicación geográfica en relación con los países centrales no es del todo favorable, ya que estamos lejos de los mercados más grandes. 

"Entonces, si a esto se suma una especie de reprimarización de exportaciones, aunque el transporte se abarató muchísimo, igualmente tiene un costo importante", agregó. 



Argentina, centro del mundo
 

En sintonía, Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y especialista en Relaciones Comerciales Internacionales, adhiere a la misma idea: que una ubicación geográfica estratégica y abundantes recursos naturales pueden ser una condición necesaria, pero no suficiente para el éxito en la economía internacional.

La especialista aclara que Argentina sigue siendo un actor periférico en el orden internacional. Para entenderlo, tenemos que distinguir entre los factores de la estructura del sistema internacional y la capacidad de Argentina para modificar ese lugar.



"La estructura del sistema internacional es jerárquica: hay centros y hay periferias, y desde los centros se busca obtener esos recursos naturales, en los cuales Argentina es abundante, de la forma más barata posible. Hay un incentivo para extraer o explotar la materia prima sin procesamiento en los territorios periféricos. La disputa es cómo aprovechar esos recursos para generar mecanismos de apalancamiento que permitan un salto hacia el desarrollo", agrega.

Por ello, ante la pregunta de cuál es la capacidad argentina para disputar ese lugar de poder relativamente menor, Zelicovich considera que hay dos problemas importantes. Por un lado, se encuentra la alta volatilidad de la política comercial externa, ante la falta de un consenso respecto del modelo de desarrollo.

"La Argentina ha exhibido una elevadísima volatilidad de la política económica y comercial que además se ha subordinado a las urgencias de corto plazo. No ha habido una estrategia de largo plazo para la inserción comercial del país", agrega.



Por otra parte, para Zelicovich, la política comercial se mantuvo bastante poco alineada con la política exterior: "Argentina no tiene un correcto alineamiento sostenido y sistemático entre ambas. Argentina no puede sola, necesita coordinar sus acciones en el sistema internacional con otros países con condiciones semejantes que también busquen disputar ese lugar en el sistema internacional. Aliarse con otros de la región y del sur global y alinear estratégicamente la política económica, comercial y exterior es algo que todavía es una agenda pendiente". 

En este sentido, Oelsner coincide en que "la política exterior argentina va cambiando con los cambios de gobierno. El problema es que esos cambios de gobierno en Argentina, pero también en muchos otros países de la región, son cambios de orientación política bastante abruptos". 

"En política exterior parece haber pocas políticas de Estado, lineamientos de la política exterior que trasciendan las orientaciones políticas de los gobiernos. Y políticas exteriores erráticas son vistas desde afuera como exactamente eso, lo que generan poca confianza", agrega. 



Pero, más allá de las cuestiones comerciales, Fabián Calle, analista internacional, agrega una variable interesante: poco a poco, la posición geográfica argentina podría dejar de ser considerada "marginal".

Para empezar, Calle explica que los pasos marítimos por el Atlántico Sur únicamente los pueden utilizar los portaaviones nucleares norteamericanos y los futuros portaaviones nucleares chinos. 

"Los pasos del Atlántico Sur están adquiriendo mucho mayor importancia que en los últimos 90 años, porque Rusia en realidad nunca le disputó mucho los mares a EE.UU. Pero todo indica que, por la matriz de producción de unidades que están produciendo, sí lo tienen como objetivo", agrega.



Por otro lado, Calle recuerda que falta un poco más de 20 años para que venza el Tratado Antártico y hay una serie de dudas sobre la renovación: "Así, surgen cuestiones sobre si, como consecuencia del petróleo, gas, minerales y bases militares que hay allí, en algún momento la región se va a empezar a explotar como sucede con el Ártico". En definitiva, como decía Kissinger, "la Argentina es una daga clavada en la Antártida".

Por último, para Calle, Argentina está cambiando su matriz productiva, pasando de ser un exportador de soja y carne a gas, petróleo y minerales, incluyendo tierras raras. 

"Estas son todas cosas que necesita China y la India, y algunas de ellas también Estados Unidos y Europa. Son recursos naturales estratégicos que convierten a nuestro país en un actor clave de cara a los próximos 20 o 30 años", sentenció. 



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