"Indignaos!" (2010) de Stéphane Hessel que, en español, prologó José Luis Sampedro, tiene en la vida de Hessel -combatiente de la resistencia, internado en campos de concentración durante la SGM, redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos, diplomático de alto vuelo- el fundamento de su llamado a la indignación frente a la impotencia de la política, en Occidente, que abandonaba la construcción y mantenimiento del Estado de Bienestar en democracia. Se comenzaban a secar, desenterrar, las raíces: libertad y fraternidad en la procura de la mayor igualdad posible, "todos nosotros somos hermanos" (Génesis, 42)
Han pasado quince años y las amenazas a la libertad, la falta del respeto a disentir, y el desamor al prójimo, particularmente al más débil, acusa una fuerza convocante. Peligroso. Sobre todo, porque aquí lo estamos viviendo: el protagonismo de un ventilador televisivo difamando a personas a las que, no pudiendo entenderlas por evidente falta de sesera, prefiere insultarlas. Imita al amo.
Todo ha sido denunciado: hay reservas morales. Pero la mezquindad profundamente egoísta está siendo votada masivamente. Lo repiten las encuestas. Pasa aquí.
Escuchemos al historiador y director del Wellington College, A. Seldon, en "Indepent Premium" (28/1/25): "La mitad de la Generación Z (13 y 27 años) quieren que Gran Bretaña sea gobernada por un dictador, una de las conclusiones "profundamente preocupantes" de encuestas Craft, que descubrieron que un tercio pensaba que Gran Bretaña estaría mejor 'si el Ejército estuviera al mando', casi la mitad estuvo de acuerdo en que 'toda la forma en que está organizada nuestra sociedad debe cambiarse radicalmente a través de la revolución', 'un tercio de las personas de 45 a 65 años piensan lo mismo' y 'el Reino Unido sería un lugar mejor si estuviera a cargo un líder fuerte que no tenga que preocuparse por el Parlamento y las elecciones'". Citas.
Seldon ahora cita a Eliza Filby, autora de Generation Shift: "Me dijo que la Generación Z ha crecido con el hiperindividualismo, las interacciones instantáneas, la comunicación instantánea, los resultados instantáneos, la deuda sin fricciones y la transacción algorítmica, y una esfera pública que amplifica el extremismo y el individuo. ¿Por qué creerían en la lentitud de la democracia consensuada? También han visto que los salarios se han estancado y las oportunidades para los jóvenes se vuelven cada vez más desafiantes. ¿Es de extrañar que estén cuestionando la eficacia de la democracia?".
Volvamos. Aquí, herederos de dictaduras, guerrilla revolucionaria, dictadura genocida, guerra perdida contra la OTAN y 40 años de democracia, plena de fracasos económicos, multiplicación de la pobreza, y corrupción multipartidaria al desnudo.
En diciembre 2023, Santiago Caputo -que gobierna con anticipación de encuestas- horas antes de la devaluación de Toto Caputo (¡Epa! ¿El dólar estaba atrasado y sabía Milei "cuál debía ser el tipo de cambio"?)- lo hizo hablar a Milei dándole espalda al Congreso ("ese nido de ratas"). Y en un año sancionó (leyes, DNU, aprobación de vetos) todo lo que quiso. Y ahora impone el acatamiento, a la Comisión del Senado responsable, a la propuesta de A. Lijo -un juez cuestionado por trayectoria patrimonial y cajoneo de juicios- a juez de la Corte, el mismo día que Diputados sancionó "Ficha Limpia" -que no incluye todos los delitos dolosos- para ser candidato a legislador. Parece broma, pero no lo es: con jueces como Lijo no hace falta limpieza (consultar diccionario RAE, palabra "lijo" en desuso).
Hace sólo 15 años (2010, los "indignados" por los estragos sufridos en la crisis de 2008) cuando los mayores de la generación Z sólo tenían 12 años, la "indignación" portaba un reclamo propositivo. Para ponerlo en un solo número: la creciente desigualdad que en ese entonces medía el Coeficiente de Gini, era la constatación del abandono de la búsqueda de la igualación de oportunidades. Provocaba la indignación ante la ineficacia de la política para lograr ese objetivo sin el cual la democracia carece de sentido.
En una generación, aceleración de la historia (J. L. García Venturini), se profundizó el deterioro del tejido social y la multiplicación de "las crisis" trocó el reclamo al Estado por la procura del Bienestar colectivo, en un cuestionamiento creciente al sentido de la democracia (A. Seldon).
En ese marco propicio, Caputo II trazó -con éxito inimaginable- la estrategia que interpreta J. Milei. "Amo. Amo ser el topo dentro del Estado. Soy el que destruye el Estado desde adentro" (LN 6/6/24) dijo el presidente en Free Press (EE.UU.).
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No nos engañemos, destruir el Estado es "el programa": reducirlo a su mínima expresión el método. Es decir "la sociedad de mercado". Si rige el mercado no tiene sentido "un ciudadano, un voto", sólo vale la capacidad de cada billetera y ese será el mecanismo de toma de decisiones "razonables" y "morales" de acuerdo con la ideología LLA. En el tránsito "al ideal", "las razones del mercado" irán por encima de toda otra consideración. Destruyendo al Estado "desde adentro" ocurre el ocaso del Bien Común. Eso está en juego.
El rechazo al Estado en estas tierras, hoy tal vez mayoritario, deriva de los años en los que ese "órgano social" comenzó a engrasarse: se transformó en un obeso inútil, parasitario y cómplice.
Muchas veces, no siempre, donde se gestó una regulación, con un propósito razonable, se generó un atasco inútil y hasta un aprovechamiento impropio de recursos públicos. Mucha razón lleva Sturzenegger. El ejemplo más obsceno es el de los "Registros del Automotor" una suerte de "condado de nobleza política" otorgado, sin disimulo, a familiares de dirigentes políticos y sindicales: no se salva ninguna familia. Hay ejemplos menores: algunos "centros ganaderos" o "asociaciones de algunos productores" que han generado sus propios "condados" gracias al "excluyente derecho de administrar las vacunaciones obligatorias como la de la Aftosa" que implican, en algunos casos, hasta la triplicación del costo de la vacuna.
Es cierto: donde hay una reglamentación puede haber un "curro" -no siempre- pero no exclusivamente a favor de la política, sino también a favor de "privados" aprovechados.
La ola estalló con las "privatizaciones" y "concesiones" en el mega festival del menemismo. Esa, la de Menem, fue la primera marea de hiper corrupción que construyó muchas de las hoy famosas y muy "respetables fortunas" que, este verano esteño, han celebrado juntos al grito de "Viva la Libertad, carajo", pero que, en realidad, nos dicen en la cara "y a mí que carajos me importa", si gozo de la fortuna engordada por aquella marchanta de bienes públicos que culminó con la "gran gran" construcción de lo que Néstor (picarón) llamó "una nueva burguesía nacional". Integrada por impresentables que la venían juntando desde el menemismo y que, entre muchos otros, llegaron de la mano de Néstor, gobernador, a quedarse con el 25% de las acciones y la conducción de YPF sin poner un peso; y que ahora - tal vez ocultos detrás de un fondo buitre - le están haciendo juicio al Estado por US$ 16.000 millones por acciones que ni siquiera habían pagado. No habría sido posible sin la soberbia, irresponsabilidad y torpeza de A. Kicillof y su equipo (¡hay arrepentidos en la TV!). Llegó a gobernador sin pedir "perdón, por el desastre que cometió con el aplauso de legisladores woke".
Woke, sí para la militancia "cultural de más derechos", como recitaba D. Filmus, y durmiendo (ni despiertos ni alerta) frente a la evidencia de estropicio, para no molestar a la Señora. Misma conducta que repiten hoy legisladores de todos los partidos. Memoria selectiva, nunca la de los propios actos.
Todo compatible con "amo ser el topo dentro del Estado. Soy el que destruye el Estado desde adentro" porque las "nuevas fortunas" (todas derivadas de la concesión del Estado) son las que tienen la decisión a billetazo limpio en la "sociedad de mercado" que se está formando.
Los líderes de aquellos "indignados" de 2010 han desparecido; no existe voluntad política de conducir la realización de los valores de la democracia (nada es posible sin voluntad) y hoy o sea por la nueva cultura de la Generación Z o sea por el escandaloso fracaso de la dirigencia política, empresarial y sindical en la Argentina, la aventura de esta "cultura de batalla" que conducen al trío Caputo (el conde de Tierra del Fuego, el estratega de campaña y el operador financiero) y los hermanos Milei, nos lleva a la normalización de la exclusión, vía la construcción de una sociedad de mercado.
Al rechazo al Bien Común, como tarea del Estado, Milei le ha incorporado esa "cultura de batalla" del insulto procaz y la difamación sin límite: ya no a la manera del mamarracho de "6,7,8", sino desplegando un "universo" del que, aun haciendo "zapping", es muy difícil escapar.
La distracción, después de Davos, fue la "batalla cultural contra el "wokismo", representado por sus "pasionarias verdes" como Silvia Lospenato y Victoria Donda, que alcanzó la síntesis de wokismo y economía, en la campaña 2013, cuando Vicky -kirchnerista- y Alfonso Prat-Gay -economista neoliberal- caminaban juntos, en traje de baño, por las playas bonaerenses (LN 12/1/13).
Claramente el wokismo fue adoptado por militantes "progres" para sustituir la militancia por el Estado de Bienestar para las mayorías, por derechos de minorías - merecidos - pero con formas que, lamentablemente, pretenden imponer como paradigma aplicando la "cancelación".
Milei aprovecha (ver Pulsar, UBA, 2023) el rechazo mayoritario al wokismo para distraer la verdadera batalla cultural que es contra el Bien Común. La accidental expresión económica, de consecuencias de largo plazo, es haber retornado, en términos reales, al tipo de cambio de Sergio Massa más festival de apertura de la economía, mientras el mundo, EE.UU. a la cabeza, atraviesa una guerra defensiva de sus mercados. ¿Otra vez la OTAN? "Vengan que les daremos batalla".


