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El vino argentino busca estrategias para crecer más

25-11-2016
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por Florencia Barreiro

A principios de los '90, las exportaciones apenas alcanzaban los US$ 15 millones. Dos décadas más tarde, esa cifra se multiplicó por 67, para alcanzar los US$ 1.000 millones del año pasado”. Con esta historia de éxito, Hilda Wilheim, presidenta de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), inauguró las jornadas de revisión del plan estratégico del sector, realizadas ayer en el Palacio San Martín, junto a Vinos de Argentina (Wines of Argentina ? WofA).

El gran trabajo de internacionalización del vino argentino permitió que en los últimos años los envíos de la producción de bodegas y productores fuesen mayores a los de carnes (cercanos a US$ 900 millones). La apuesta ahora es aún más ambiciosa frente a un crecimiento que se desaceleró: aumentar de 3,8% a 5,8% la participación del sector en el comercio mundial, lo que supone sumar otros US$ 400 millones. El potencial para incrementar las exportaciones estaría en Estados Unidos, China, Inglaterra y Brasil, entre otros.

La canciller Susana Malcorra, protagonista también del evento, se refirió a los planes para expandir la promoción y los destinos. “Estamos trabajando en Noruega para ampliar la participación argentina de vinos en ese mercado, y lo mismo estamos haciendo con Canadá”, aseguró la funcionaria. “La industria vitivinícola ha sido siempre emprendedora y ahora tendrá el apoyo para potenciar lo hecho por medio de la firma de acuerdos y vinculación directa”.

El identikit de la industria argentina se acerca bastante a un ideal. La producción argentina de vinos está entre las 10 principales del mundo, la de uvas entre las primeras cinco y el mercado local es el séptimo consumidor a escala global, con ventas por más de 1.000 millones de litros por año.

Además, el modelo de negocio se asemeja a lo que aconsejan los principales gurúes como ejemplo de crecimiento para la Argentina: combina un sector primario en el que el país es competitivo con la producción de valor agregado industrial de calidad. Esto, además, con el respaldo de un plan a largo plazo e inversiones públicas y privadas en tecnología y en promoción. Los datos de Coviar aseguran que por cada dólar facturado al exportar, 30 centavos son valor agregado.

“El vino es un buen ejemplo de un sector que trabajó y mejoró aún en condiciones adversas: por eso creemos que hay todo un potencial por delante con las nuevas expectativas y la mayor integración de Argentina al mundo”, afirmó el presidente de WoFa Alberto Arizu. Sin embargo, a pesar de los logros, las bodegas creen que la situación actual es compleja, con el correlato de una cosecha que tuvo el año pasado 35% de pérdida por las abundantes lluvias. En principio comparten la preocupación por la caída del consumo interno que afectó a las bebidas con alcohol y además, una situación internacional con mercados muy fuertes. Los números del INV hasta septiembre revelan una reducción de 7,2% de los despachos al mercado local y de 1,7% en el valor de las exportaciones.

“Sin duda, nuestro sector hizo las inversiones necesarias para conquistar y mantener su lugar a lo largo del tiempo con el foco puesto en adaptarse a la demanda del paladar actual”, explica Rafael Squassini, gerente comercial de la Bodega Dante Robino, a El Economista. El ejecutivo destaca que el gran diferencial argentino está en la apuesta de vinos de muy buena calidad, con precios muy competitivos en el exterior.

“De todas maneras, En los últimos dos años el crecimiento se estancó y actualmente estamos en una meseta”, afirma. “Un poco por los vaivenes de la economía argentina y otro por una competencia externa que se hizo muy fuerte”, resume Robino mientras explica que acaban de relanzar su línea de espumantes, el único segmento que se resiste al retroceso del consumo.

Squassini detalla que los altos costos internos, principalmente de la logística y de algunos insumos secos, empujaron a abandonar la franja más baja de exportación, aquella que llega hasta los US$ 2 dólares la botella. Asimismo, la concentración de jugadores en mercados como Chile, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica dibujó un mapa internacional más exigente para todas las bodegas.

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