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“Un triunfo de Donald Trump no debe descartarse”

Entrevista a Santiago Rodríguez Rey, Magister en Comunicación Política.

18 mayo de 2016

En diálogo con El Economista, Santiago Rodríguez Rey, politólogo y magister en Comunicación Política, ofrece su visión sobre la carrera hacia la Casa Blanca, indaga sobre el éxito del magnate, la persistencia de Bernie Sanders y arriesga un resultado para noviembre. “Si mi presupuesto fuera limitado, y tuviera que apostar, lo haría por Hillary. Ahora, si mi objetivo fuera ganar plata con mi apuesta lo haría por Trump, y lo haría ya. A medida que nos acerquemos a la elección general los medios irán construyendo un virtual empate que, cierto o no, acercará el resultado”, sentencia.

Nadie vio venir a Donald Trump, se lucubraron varias hipótesis sobre porqué no llegaría a conseguir la nominación y hoy es, virtualmente, el candidato del Partido Republicano. ¿Por qué se falló con el pronóstico?

En buena parte creo que encontró al Partido Republicano confiado en que era su momento y cuando se quisieron dar cuenta vieron que sus diferencias internas eran mayores de lo que pensaban. Podría decirse que quedaron obnubilados con el resultado del 2014 y el aplastante triunfo que tuvieron en las elecciones de medio término. Si se repasan los titulares de entonces parecía que iban a gobernar desde el Congreso y que le iban a torcer la mano a Barack Obama. Incluso, en el discurso del Estado de la Unión inmediatamente posterior, Obama declara que no le temblará el pulso para usar acciones ejecutivas si el Congreso mantenía una posición cerrada al diálogo. Pocos meses después, en marzo de 2015, Ted Cruz declaraba su intención de llegar a la Casa Blanca. Al poco tiempo comenzó una especie de “comezón de la elección ganable” y el campo republicano se vio sobrepoblado por candidatos de un solo tema, que se especializaban en una cosa para diferenciarse. Entonces apareció Trump con un discurso catch-all conservador que le permitió como una lanza encendida de rojo, azul y blanco, sin ataduras con el establishment y financiamiento propio seguro, atravesar el discurso de todos sus competidores sumando la premisa, “Yo digo lo que ellos no quieren decir por ser políticamente correctos”. Esto apeló al descontento de las bases y, uno a uno los moderados fueron cayendo.

¿Cómo imagina lo que sigue para Trump puertas adentro: se irán cayendo las barreras internas o la intelligentsia partidaria lo hará sentir como un cuerpo extraño?

Trump es definitivamente un cuerpo extraño y ha repartido críticas a diestro y siniestro dentro del partido. Ejemplos sobran. Que John McCain no era un verdadero héroe de guerra, que Mitt Romney había perdido las elecciones solo, que los Bush habían sido malos para el país? no dejó una vaca sagrada por golpear. La intelligentsia partidaria quiere mantener su posición en el Congreso y ahora tiene un paquete llamado Trump con el que trabajar. No creo que sea tanto ellos los que tengan que tender puentes si no Trump. Y esto él lo tiene claro. Habrá que ver si su estrategia es intentar ganar las elecciones con la mochila republicana a sus espaldas o lo querrá hacer solo. El hecho de haberse paseado con Chris Christie hacia el cierre de las primarias y las recientes reuniones con Paul Ryan parecerían indicar que quiere componer, no recomponer ya que no existía, cierta relación con el establishment republicano.

¿Por qué ha tenido tanto éxito Bernie Sanders en el universo demócrata, pese a que no obtendrá la candidatura?

La resiliencia de Sanders en las primarias demócratas se explica en buena parte por dos factores. Por un lado, habla directamente a valores núcleo demócratas desde John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, o incluso Franklin D. Roosevelt, hacia acá: salud, educación y controles a Wall Street. Simple y al punto, Sanders habla de temas que Clinton prácticamente ha ignorado en su campaña. Al inicio de su campaña ella habló tanto del “techo de cristal” pero se olvidó que ese techo es parte de un conjunto de factores, y de esos temas habla Sanders. La posición tomada desde el inicio de las primarias por el establishment de apoyar a Clinton sin esperar el voto de sus bases mejoró las chances de Sanders, y este punto justifica con creces que hable de una revolución. Por otro lado, el descontento con Washington y los efectos de la crisis del 2008 no han sido solucionados completamente por la administración Obama. El comediante Chris Rock lo resumió de forma magistral cuando dijo que votaron a Obama pensando que elegían a Michael Jordan y en su lugar tuvieron a Shaquille O'Neal: es un excelente resultado y es miembro del Salón de la Fama, pero no es Jordan. Sanders representa en buena parte el plus que le faltó a Obama para ser Jordan. En este sentido, y continuando su analogía, Clinton parece al base John Stockton, Salón de la Fama y toda la experiencia necesaria, pero no genera la fascinación de los otros.

Llegamos, por último, a la gran final. ¿Quién gana: Hillary o “The Donald”?

Si mi presupuesto fuera limitado, y tuviera que apostar, lo haría por Hillary. Ahora, si mi objetivo fuera ganar plata con mi apuesta lo haría por Trump, y lo haría ya. A medida que nos acerquemos a la elección general los medios irán construyendo un virtual empate que, cierto o no, acercará el resultado. Lo mismo sucedió con Romney y con McCain, hasta que Sarah Palin fue elegida vice y aborrecida por los medios, salvo para reírse de ella. Lo cierto es que Hillary mantiene hoy sus chances por encima de las de Trump, pero un triunfo del magnate no puede descartarse, en particular porque en varios swing states las encuestas muestran que Trump está acercándose a Clinton y mientras ella esté encerrada en su primaria, el campo republicano tiene tiempo de pulir su estrategia. Esto es particularmente cierto para el Rust Belt, los estados que se extienden de Wisconsin a Nueva Inglaterra, industriales en retroceso que han sido duramente golpeados por la crisis.

¿Quién le conviene a Argentina y por qué?

Uno tiende a pensar que un gobierno demócrata es mejor para América Latina, y el discurso antiinmigrante de Trump, junto con su compulsiva intención de construir paredes y el, hasta ahora, desconocimiento total de una política internacional, parece confirmar eso. Sin embargo, no hay que desconocer que en los discursos del Estado de la Unión de 2008 a esta parte, salvo alguna mención a Brasil al comienzo y la obligatoria mención a Cuba, la región ha estado ausente del discurso presidencial. Es cierto que Obama ha tenido que convivir con un período en que la región ha sido menos receptiva a la influencia de Estados Unidos. Con el péndulo volviéndose a una mayor recepción, bajo la potencial presidencia Clinton la historia puede ser distinta. Trump, como en muchos aspectos, se mantiene una gran incógnita.

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