Análisis

Trump y Xi Jinping: cómo serán las relaciones entre China y Estados Unidos

Tras el triunfo de Donald Trump, una de las grandes incógnitas es cómo será a partir de ahora la relación de Washington con Pekín.

Trump y Xi, dos viejos conocidos
Trump y Xi, dos viejos conocidos
Patricio Giusto 26 noviembre de 2024

Xi Jinping y Joe Biden mantuvieron su última reunión bilateral en Lima, durante la cumbre de la APEC. Fue un encuentro más bien protocolar e intrascendente para el futuro de las relaciones bilaterales, teniendo en cuenta la transición de poder en EE.UU. 

Como positivo, se puede destacar que ambos mandatarios afirmaron algunos puntos en común, como ser "la necesidad de mantener el control humano sobre la decisión de usar armas nucleares", justo en momentos en que el desarrollo de la guerra en Ucrania atraviesa un momento decisivo

Xi le trazó cuatro líneas rojas a Biden: "La cuestión de Taiwán, la democracia y los derechos humanos, el rumbo y el sistema político de China y el derecho al desarrollo de China". 



Por supuesto, quien debe tomar nota de esto es Donald Trump, ya que Biden es historia y seguramente será recordando como uno de los peores presidentes de los EE.UU. 

biden xi
Biden y Xi tuvieron una relación fría.

En relación con China, Biden no logró nada relevante y contribuyó a agravar las tensiones entre ambas potencias. Apenas se limitó a hacer continuismo de las políticas comerciales y tecnológicas fallidas de Trump para contener a China, quien para colmo ahora lo sucederá.



Beijing ya se prepara para la segunda presidencia del magnate neoyorquino, en medio de un clima de pesimismo y muy bajas expectativas de mejora en la relación bilateral. 

Las primeras señales no han sido para nada alentadoras: Trump prometió durante la campaña electoral escalar la disputa comercial con China, profundizar las restricciones para obstaculizar su desarrollo tecnológico, mientras avanza en la conformación de un gabinete plagado de halcones anti-China. Tales son los casos de Marco Rubio (secretario de Estado), Mike Waltz (asesor de Seguridad Nacional) y Howard Lutnick (secretario de Comercio).

¿Qué podría destacar China como positivo de la nueva era Trump? Para empezar, el PCCh ya lo conoce e incluso hasta logró negociar cosas con él, como fue el acuerdo comercial de "Fase Uno" en 2020. 



Y pese a estar en las antípodas ideológicas del PCCh, Trump es un pragmático sin escrúpulos, que tiene predilección e incluso ha expresado admiración por los líderes fuertes de la actualidad, como Vladimir Putin, Viktor Orbán, Kim Jong-un y el propio Xi.

Por otra parte, hay ciertas ideas de Trump que serían, en teoría, positivas para China: el presidente electo ha dicho que buscará una rápida resolución de la guerra en Ucrania, si bien es una meta poco realista y que podría implicar el desmembramiento territorial del país liderado por Volodímir Zelenski. 

Trump también ha dicho que quiere poner un freno a la escalada en Medio Oriente y reflotar el pacto entre Israel y Arabia Saudita. 



China coincide en gran medida con esos objetivos, aunque con propuestas y niveles de involucramiento con cada parte que son bien diferentes, sobre todo por la cuestión de Irán. 

Habrá que ver si es posible que China y EE.UU. eventualmente puedan trabajar juntos en alguno de estos conflictos, algo que con Biden ha resultado imposible. Con Trump podría ser diferente.

Los dos países más importantes del mundo.
Los dos países más importantes del mundo.



Trump también ha dicho que quiere recortar apoyo financiero a la OTAN y a Taiwán, algo que sería funcional a los intereses de China. El problema es que, de concretarse estas promesas, seguramente traerán tensión e inestabilidad adicional en Europa y en Asia, algo que no hay dudas celebrará Vladimir Putin, pero no tanto Xi Jinping, en el actual contexto internacional. 

Sin dudas que el tema potencialmente más crítico de la relación bilateral China-EE.UU. seguirá siendo Taiwán, la línea roja por excelencia del PCCh. 

El presidente Xi dijo claramente el mes pasado que hay que estar "preparados para la guerra" durante una serie de visitas a lugares estratégicos, acompañadas de maniobras militares alrededor de la isla sin precedentes. Esto hay que tomarlo muy en serio, o al menos la población china se lo está tomando de esta manera. 



La tolerancia de China a las provocaciones de EE.UU. y sus aliados sobre Taiwán no será la misma que durante los mandatos anteriores de Trump y Biden. Y este tema no es ni será nunca materia de negociación para Beijing. 

Cualquier incidente, por más mínimo y accidental, podría desatar la tan temida catástrofe de la guerra en el estrecho de Taiwán. Este escenario se ha complejizado aún más con el involucramiento directo de Corea del Norte en la guerra en Ucrania, otra novedad de primer orden que aumentó la preocupación del PCCh.

Cualquier incidente, por más mínimo y accidental, podría desatar la tan temida catástrofe de la guerra en el estrecho de Taiwán.
Cualquier incidente, por más mínimo y accidental, podría desatar la tan temida catástrofe de la guerra en el estrecho de Taiwán. 



En definitiva, la evaluación general de Beijing sobre la relación con Washington a partir de 2025 es negativa, aunque no necesariamente catastrófica. Se descuenta habrá continuidad de la afianzada visión anti-China en Washington, con más desafíos por delante, que oportunidades para mejorar a relación.

La posibilidad de cooperación bilateral seguirá siendo muy limitada y acotada a campos específicos y no estratégicos. 

De todas formas, el riesgo de interrupción total de los canales más importantes (como sucedió con el diálogo militar en 2022) seguirá siendo bajo y directamente relacionado con el nivel de provocaciones de Washington sobre temas sensibles. 



Al mismo tiempo, con Trump, el tema democracia y derechos humanos pasará a segundo plano en la relación con China, algo que también podría contarse como positivo, aunque es secundario.

Por último y no menos destacable: pareciera estar claro que nadie en la nueva administración estadounidense parece interesado en buscar la confrontación militar directa con China, pese a sus firmes posiciones ideológicas. 

Por su parte, China va a mantener inalterable el interés primordial de lograr una relación estable y previsible con EE.UU., más allá de la competencia. 



Va a ser más decisivo que nunca qué tipo de relación pueden entablar y en qué términos estos dos viejos conocidos, Trump y Xi, de cara a los próximos cuatro años.

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