Tras la muerte del papa Francisco, cientos de análisis se han realizado respecto a cuál será su legado.
Es preciso destacar que, además de su importancia por muchas de las reformas que impulsó dentro de la Iglesia Católica, Francisco también tuvo un rol muy activo en materia de relaciones internacionales.
Por ello, Tomás Múgica, profesor de la UCA y magíster en Estudios Internacionales (J. Korbel School), dialogó en exclusiva con El Economista para abordar esta cuestión.

-¿Cuál fue el aporte del papa Francisco en materia de Relaciones Internacionales?
Como sus antecesores, fundamentalmente a partir de Juan Pablo II, Francisco fue un papa viajero que realizó 47 viajes pastorales y visitó 66 países. Además, tuvo una intensa actividad mediática, lo que le permitió formar una presencia internacional realmente muy amplia.
Francisco también fue un Papa volcado a la actividad diplomática, consciente de la responsabilidad y de la posibilidad de la Santa Sede de influir en los asuntos globales.
Hay que recordar que la Santa Sede tiene vínculos con 184 estados y un servicio diplomático muy altamente profesionalizado, con muchísima experiencia, formado en una academia realmente muy antigua, la Pontificia Academia Eclesiástica.
La Santa Sede desarrolla una actividad de alcance global en la cual se trabaja no solo a través de las nunciaturas, que sería el equivalente a las embajadas, sino también a partir del vínculo con las iglesias locales que lógicamente están en todo el mundo.
Y Francisco trabajó con esa red diplomática global, y por supuesto puso en juego su liderazgo religioso para tratar de impulsar la agenda de la Santa Sede respecto a los asuntos globales.
-¿Cuál es la agenda internacional de la Santa Sede? ¿Y cuál ha sido la impronta de Francisco sobre esta agenda?
En cuanto a los temas, el que aparece tal vez con más fuerza es la búsqueda de la paz, que siempre ha sido muy importante para la diplomacia de la Santa Sede.
Francisco trabajó activamente en esa línea: por ejemplo, la Santa Sede jugó un rol muy importante en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba en 2014.
También medió entre las facciones en conflicto en la guerra civil en Sudán y tuvo diversas iniciativas para intentar alcanzar la paz en los conflictos de Siria y Ucrania.
Otros temas que han sido tradicionalmente importantes para la agenda internacional de la Santa Sede, y lo continuaron siendo con Francisco, fueron la libertad religiosa.
Allí se destaca la acción de Francisco en torno a China, el diálogo ecuménico, es decir, con otras denominaciones cristianas, y el diálogo interreligioso.
Como arzobispo de Buenos Aires, Francisco ya tenía un largo recorrido de diálogo con los líderes judíos y musulmanes, y continuó trabajando en ese sentido durante su papado.
Tampoco podemos dejar de mencionar la preocupación que tuvo por la cuestión ambiental: fue el primer papa que lanzó una encíclica sobre esa cuestión, que es el "Laudato si". Y, por supuesto, el tema de las migraciones desde los países más pobres a los más desarrollados.
Si uno observa los reconocimientos que recibe Francisco desde diversos ámbitos, claramente comprende que se trata de una figura que excedió mucho las fronteras de la Iglesia Católica.

-¿Cuál diría que es el gran aporte de Francisco en lo que respecta a la visión de la Iglesia sobre los asuntos globales?
Creo que hay dos conceptos claves. Uno, obviamente, es el de fraternidad, que es un valor central en la visión cristiana del mundo.
Cuando Francisco impulsa una agenda vinculada a la paz global, al cuidado del ambiente o al drama migratorio, básicamente, lo que está planteando es la necesidad de atender esos problemas mirando a la fraternidad humana, entendiendo que los hombres somos hermanos y que, por lo tanto, la resolución de los asuntos globales debe mirar al bien común de la humanidad.
Pero, además, Francisco hizo un aporte muy original a la mirada de la Iglesia sobre los asuntos internacionales a partir del concepto de periferia.
Él señala, de manera insistente, tanto en sus discursos como en las encíclicas, la necesidad de mirar la realidad desde una perspectiva periférica. Y cuando habla de periferia, se refiere a las periferias no solo geográficas, sino también existenciales. Es decir, llamó a mirar el mundo desde la óptica de los más desfavorecidos, de los más pobres, de los más débiles, de los más pequeños en el sentido evangélico, como contrapartida a hacerlo desde la perspectiva de los poderosos.
En definitiva, nos pidió mirar los asuntos internacionales desde la periferia entendida, de nuevo, como una posición que mira al mundo desde la óptica de los más débiles.
Cuando Francisco analiza la cuestión ambiental, lo que señala es que los países más pobres suelen ser las víctimas principales de la degradación ambiental y que han sido muchas veces objeto de un proceso de depredación del ambiente a partir de una lógica de saqueo de un mercado que funciona sin ningún tipo de freno.
O cuando habla de la búsqueda de la paz, habló sobre la guerra mundial que se desarrolla "de a pedazos". Hay una preocupación especial de Francisco por lo que él llama las guerras olvidadas, como la guerra civil en el Congo o la guerra civil en Sudán, guerras que no aparecen en los medios de comunicación y que no preocupan a las élites políticas de los países más poderosos. Sin embargo, generan mucho sufrimiento y, en definitiva, requieren atención.
En el mismo sentido, por ejemplo, se inscribe la preocupación por los migrantes que van desde países muy pobres hacia los centros más desarrollados. Si uno recuerda cuál fue el primer viaje de Francisco, lo hizo a la isla de Lampedusa, un centro de reunión de migrantes en el sur de Italia.
Con esa visita, Francisco buscaba señalar su preocupación por esos sectores marginados a los que nadie les presta atención. También allí tuvo una mirada muy crítica sobre determinadas políticas migratorias muy restrictivas de los países desarrollados. Y nuevamente aparece la mirada periférica cuando habla de la globalización.
Francisco siempre se mostró muy crítico de lo que él consideraba que era una globalización uniformizante, que disolvía las diferencias culturales, las identidades de los pueblos.
A esta globalización uniformizante, le oponía la idea del poliedro, de una unidad a partir de la diversidad y de la identidad de los pueblos. Esto también está vinculado con esa mirada desde la periferia, porque trata de mostrar que los pueblos más débiles, en términos políticos y económicos, tienen su propia identidad y el derecho a defenderla e integrarse al mundo desde allí.
Finalmente, la mirada periférica se observa en la voluntad del Papa de ir hacia los límites geográficos del propio catolicismo. Es un papa que visitó países donde el catolicismo definitivamente es muy minoritario.
Un papa que fue a Mongolia, por ejemplo, o a Nueva Guinea. Con estas iniciativas, Francisco manifestó su vocación misionera, su vocación de ir hacia los límites, hacia los países donde la Iglesia no es importante, pero, en definitiva, con la esperanza y la expectativa de llevar allí la fe católica.