La inflación volvió a acelerar en Estados Unidos y se convirtió otra vez en una de las principales preocupaciones económicas. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) trepó al 4,2% interanual en mayo, por encima del 3,8% registrado en abril, y superó la barrera del 4% por primera vez desde 2023. El dato confirmó un repunte de los precios impulsado principalmente por el encarecimiento de la energía.
El regreso de una inflación que parecía controlada
El registro de mayo marca la mayor aceleración inflacionaria de los últimos tres años. La última vez que la inflación anual había superado el 4% fue en abril de 2023, cuando alcanzó el 4,9%. Desde entonces, los precios habían mostrado una desaceleración gradual, pero el reciente salto refleja que las presiones inflacionarias siguen presentes y continúan alejadas de la meta del 2% fijada por la Reserva Federal.
Según estimaciones de FactSet, mientras el IPC general avanzó al 4,2% anual, la llamada inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— subió apenas del 2,8% al 2,9%. Esto sugiere que buena parte de la aceleración reciente estuvo concentrada en componentes específicos, especialmente los vinculados al sector energético.
Claves del dato de mayo:
- IPC general: 4,2% anual (vs. 3,8% en abril).
- La energía fue el principal motor de la aceleración.
- La inflación sigue muy por encima de la meta del 2% de la Fed.
Energía, conflicto internacional y presión sobre los hogares
Economistas señalan que el repunte inflacionario actual tiene características diferentes a las observadas durante la pandemia. En lugar de los problemas en las cadenas de suministro, el foco ahora está puesto en el aumento de los precios energéticos y en las tensiones geopolíticas, especialmente el impacto de la guerra con Irán sobre el mercado petrolero.
El encarecimiento de la gasolina, el diésel y los combustibles para el transporte elevó los costos logísticos y terminó trasladándose al precio de numerosos bienes y servicios. Además, una encuesta de CBS News reveló que tres de cada cuatro estadounidenses consideran que sus ingresos no alcanzan para seguir el ritmo de la inflación, una percepción que alimenta el malestar económico y mantiene la atención puesta sobre la evolución de los precios en los próximos meses.