Todo definido de cara al 21 de junio: el derechista Abelardo de la Espriella se enfrentará al izquierdista Iván Cepeda en un balotaje en Colombia para determinar si el país cafetero afianza el proyecto de Gustavo Petro o, como históricamente ha sucedido, se acerca a Estados Unidos.
El pasado 31 de mayo, y para sorpresa de todos, De la Espriella alcanzó el primer lugar en las elecciones, con el 43,6% de los votos, mientras que Cepeda, que lideraba los sondeos, quedó en segundo lugar, con el 42,1%.
De la Espriella, apodado “el tigre”, ha ganado popularidad por sus propuestas de mano dura, que incluyen una retórica estricta contra los grupos armados ilegales y la promesa de construir 10 megaprisiones.
Además, “el tigre” cuenta con el apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien, desde que regresó a la Casa Blanca, ha mantenido tensos cruces con Petro: "Los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos", dijo Trump en redes sociales.
A su vez, De la Espriella consideró que "Estados Unidos desempeña un papel crucial en la lucha contra el crimen y el narcoterrorismo y en liberar finalmente a Colombia de tanto dolor y violencia", por eso añadió que él y Trump "comparten valores y principios en defensa de la democracia, en defensa de la libertad y en defensa del Estado de derecho”.
Por su parte, Cepeda, que intenta convencer a los votantes del centro, declaró esta semana en un video que buscaría consenso para reformas nacionales si fuera elegido, y que renunciaría a la posibilidad de una llamada asamblea constituyente para crear una nueva constitución.
En diálogo con El Economista desde Cali, Juan Pablo Milanese, profesor de Ciencia Política en la Universidad Icesi, afirmó que “indiscutiblemente es una sorpresa el resultado obtenido por De la Espriella, ya que se esperaba que le hubiese mordido votos a Valencia, pero no tantos”.
Por otra parte, consideró que la performance de “Cepeda estuvo dentro de las expectativas y que el eje de la campaña de la izquierda en las próximas dos semanas y media no va a ser él sino Petro. La pregunta es cómo se va a comportar el centro en un escenario de candidatos extremos”.
“Obviamente, el impulso del domingo le da ventaja a De la Espriella Y, si bien tiene un discurso excesivamente radical, la condición de outsider parece permitirle neutralizarlo frente a votantes que, en condiciones normales, no votarían por un candidato así”, agregó. Según una nueva encuesta de AtlasIntel, hay una ventaja de 7,7 puntos porcentuales para De la Espriella frente a Cepeda.
Perú, listo para el balotaje
Mientras Colombia inicia los preparativos para la segunda vuelta, Perú celebrará su balotaje este domingo 7 de junio: la candidata de derecha de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, se enfrenta al candidato izquierdista de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez.

En la primera vuelta, Fujimori obtuvo el 17,19% de los votos, mientras que Sánchez alcanzó el 12,03%, unos 21.210 votos por delante del político de extrema derecha Rafael López Aliaga. Así, los dos candidatos llegan al balotaje con unos porcentajes de apoyo mínimo, ya que, sumada la votación de ambos, el resultado es de apenas un 29,22%, el registro más bajo para dos finalistas de un balotaje en la historia del país.
Por un lado, Fujimori buscará la presidencia con una postura dura contra el crimen en un momento de creciente inseguridad. La candidata, que va por cuarta vez en búsqueda de la presidencia, es hija de Alberto Fujimori, presidente de Perú de 1990 a 2000, quien pasó 16 años en prisión por violaciones de derechos humanos cometidas cuando estaba en el poder.
En cuanto a Sánchez, exministro del Gabinete bajo el expresidente depuesto y encarcelado Pedro Castillo, llega a la segunda vuelta con un discurso más moderado a fin de ampliar su base electoral hacia el centro urbano, que hasta ahora le ha sido esquivo.
Según el último sondeo de Ipsos, Fujimori tiene una intención de voto del 38%, contra un 35% de Sánchez. Pero, eliminando los votos blancos y nulos, Fujimori obtendría el 51,4% y Sánchez el 48,6%, una diferencia de 2.8 puntos porcentuales.