Card, Angrist y Imbens

El Nobel de Economía 2021: un premio al enfoque empírico

Los estudios de Card, Angrist y Imbens han representado un punto de inflexión para la economía moderna. Ojalá la clase política los escuche

El Nobel de Economía 2021: un premio al enfoque empírico
Paolo Rizzo Paolo Rizzo 22-10-2021
Compartir

El premio Nobel de Economía de 2021 fue otorgado, por una mitad, al canadiense David Card y por la otra, al estadounidense Joshua Angrist y al holandés Guido Imbens. Los tres economistas han ayudado a comprender de mejor forma el impacto del salario mínimo, de la inmigración y de la educación en el mercado laboral

Sus estudios han demostrado que, en Nueva Jersey, el aumento del salario mínimo de US$ 4,25 a US$ 5,05 por hora no ha generado desempleo. Han probado que, en 1980, la inmigración de 125.000 cubanos a Estados Unidos no ha generado un efecto negativo sobre los residentes estadounidenses con bajos niveles de educación. Han demostrado la relación causal que existen entre los años adicionales de educación y los ingresos. Se trata de resultados empíricos importantes que pueden guiar la acción política de cualquier gobierno. 

Sin embargo, merece notar que el premio Nobel no se ha dado por las conclusiones a las cuales los economistas han llegado. Según la Real Academia de las Ciencias de Suecia, Card ha ganado el Nobel por sus contribuciones empíricas a la economía laboral. Angrist e Imbens lo ganado por sus aportes metodológicos al análisis de las relaciones causales. Es decir que el premio Nobel ha sido otorgado a la metodología que los economistas han usado para entender de mejor forma el mercado laboral

El mérito de estos economistas ha sido de hecho salir de las facultades de Economía para averiguar los efectos de las políticas públicas en la vida cotidiana. Era algo que, paradójicamente, antes de ellos nadie había hecho. La economía solía ser una ciencia teórica. 

El trabajo más famoso de Card es un estudio sobre el efecto del aumento salario mínimo sobre el empleo. El estudio fue realizado en 1992 juntos con el economista Alan Krueger, que fue Consejero Económico de Barack Obama y falleció en 2019. Hasta que Krueger y Card no demostraron lo contrario, los economistas pensaban que un aumento del salario mínimo obligaba a los empresarios a recortes laborales y no había forma de demostrar lo contrario. 

La intuición de Card y Krueger fue que era posible rechazar esa teoría con un análisis empírico. Solo se necesitaba un experimento natural. Se enfocaron entonces en la industria de comida rápida de Nueva Jersey y Pensilvania. Los dos estados eran vecinos y tenían el mismo nivel de salario mínimo (US$ 4,25 por hora) hasta que, en 1992, Nueva Jersey aumentó el mínimo a US$ 5,05.

Para evaluar el impacto de la suba, los dos economistas encuestaron a 410 restaurantes de comida rápida en Nueva Jersey y en Pensilvania antes y después del ajuste. Estos restaurantes, seleccionados entre los que quedaban más cerca de la frontera, pagaban el salario mínimo a sus empleados y tenían acceso al mismo mercado del empleo. Es decir que operaban bajo las mismas condiciones hasta que el estado de Nueva Jersey decidió aumentar el salario mínimo. Entonces, cualquier aumento de desempleo de Nueva Jersey tenía que ser el efecto del aumento del salario mínimo. Pero, contrariamente a la teoría económica, en los años siguientes no se encontró ninguna evidencia de que el aumento del salario mínimo de Nueva Jersey redujo el empleo en los restaurantes de comida rápida en el estado. Se había desmontado así, a través de un experimento natural, una vieja teoría económica. 

En los años siguientes el trabajo de Angrist e Imbens pudo mejorar la metodología de trabajo a través del uso de variables instrumentales y del intraducible “local average treatment effect”. Se trata de metodologías que solucionan el principal problema de los experimentos naturales: el no tener control sobre los sujetos que reciben el tratamiento y no poder controlar si los participantes participan. Son instrumentos útiles que ayudan a estimar el efecto de las intervenciones que afectan solo a una parte de la población. Es el caso de alumnos que participan de un curso de computación, pero en realidad solo una parte de ellos decide seguir. La metodología del “local average treatment effect” permite al investigador separar a la subpoblación interesada del curso y medir el impacto que el curso género en los estudiantes.

Un trabajo de Angrist y Krueger se enfoca en la correlación positiva entre años de estudios e ingreso. ¿Es solamente una correlación o existe un nexo causal? Bien puede ser que las personas que han tenido más ganas de estudiar son también las que más ganas tienen de trabajar. Para demostrar la relación causal, los dos economistas consideraron que, en EE.UU., los chicos pueden abandonar la escuela al cumplir 16 años. Pero todos los chicos que nacen en un año comienzan la escuela en la misma fecha. Así que los chicos nacidos en los primeros meses del año pueden dejar la escuela antes de los que nacen más tarde en el año. Los dos economistas compararon a personas nacidas en el primero y último trimestre y notaron que, efectivamente, los primeros dejaban la escuela antes. Y también tenían ingresos más bajos. Como los que nacen en el primer trimestre y en el último son dos grupos homogéneos que atienden las mismas clases con los mismos profesores, la única diferencia entre los dos grupos que explica los distintos ingresos es la menor educación.  Angrist y Krueger pudieron entonces establecer una relación causal entre mayor educación y mayores ingresos. 

En pocas palabras, los premios Nobel de 2021 tienen entonces el mérito de haber puesto las bases para que la economía moderna tenga un enfoque empírico. Nos han enseñado que es posible identificar relaciones causales utilizando experimentos naturales y sus trabajos han allanado el camino a otros economistas. Entre ellos, Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer que, en 2019, han ganado el premio Nobel por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global. 

Los estudios de Card, Angrist y Imbens han representado un punto de inflexión para la economía moderna. Han permitido avances metodológicos y han revolucionado el rol del economista que ha pasado de ser un simple teórico a un científico que busca datos para comprobar sus teorías. En pocas palabras, los tres economistas han sido galardonados por habernos brindado los instrumentos necesarios para tomar decisiones basadas en la evidencia científica. Ojalá la clase política los escuche.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés