Análisis

El cese de fuego entre Israel y Hezbollah: implicancias para la región

En un sistema tan realista como es el del Medio Oriente, contar con objetivos claros, con recursos de poder y con un buen servicio exterior profesional resultarán fundamentales para lograr la tan ansiada estabilidad regional.

El cese de fuego entre Israel y Hezbollah: implicancias para la región
Paulo Botta 5 diciembre de 2024

La siempre convulsionada región de Medio Oriente se encuentra en un momento de agravamiento de varios de los conflictos que en ella tienen lugar. A pesar de ello, constituye una buena noticia el cese de fuego por un período inicial de 60 días entre Hezbollah e Israel, luego de más de un año de operaciones militares. 

Este hecho nos llama la atención sobre tres tendencias relevantes: en primer lugar, ese logro diplomático, aunque todavía endeble, se ha logrado gracias a la mediación de los Estados Unidos, la potencia global de mayor presencia en la región. 

Por otro lado, nos muestra que, aunque queramos simplificar las fuentes de comportamiento de los actores, siempre hay lugar para la política transaccional, los compromisos y la negociación. 



Finalmente, el cese de fuego demuestra las limitaciones o el fracaso de la influencia iraní, incluso con respecto a Hezbollah, un actor que ha recibido apoyo significativo desde Teherán por más de cuarenta años.

Estados Unidos continúa siendo la potencia extra regional de más influencia en Medio Oriente y aunque la saliente administración demócrata del presidente Biden ha recibido muchas críticas debido a la falta de claridad de su política exterior, lo cierto es que mantiene el mayor dispositivo militar, una vinculación económica de gran magnitud y, como resultado de todo eso, una gran influencia diplomática. 

Ello no significa que no existan diferencias o incluso tensiones como los que se han dado entre Estados Unidos e Israel o Estados Unidos y Turquía, pero ningún estado de Medio Oriente puede darse el lujo de no acordar con Washington. 



En un sistema tan competitivo y confrontativo como lo es el de Medio Oriente, la posibilidad de que al levantarse de la mesa los adversarios regionales consigan beneficios es el límite a los choques con Estados Unidos. 

El cese de fuego, aunque no genere muchas expectativas de cambios estructurales en el conflicto, señala una vez más la pérdida de prestigio e influencia real de Naciones Unidas, ya que el despliegue de UNIFIL en la zona de combate entre Israel y Hezbollah no ha servido para evitar la escalada del conflicto. 

El cese de fuego contempla el despliegue de las fuerzas armadas libanesas junto con las tropas de Naciones Unidas, similar a lo establecido por la resolución 1701 de 2006. Las fuerzas armadas libanesas, en un país en medio de una grave crisis económica y política, deberán recibir mucha ayuda para lograr ese despliegue. Ese peso caerá sobre países como Francia y Estados Unidos,



El cese de fuego, es además una muy buena noticia para Israel ya que al marcar una pausa en el conflicto con Hezbollah, luego de haber debilitado a la organización, interrumpe la política iraní que buscaba mantener a Israel involucrado en varios conflictos a la vez. 

Se ha cortado la interdependencia buscada entre Hamas y Hezbollah. Cada uno tiene sus propios intereses y agenda y nunca van a subsumirlos en los intereses y agenda de otros, aunque el adversario sea el mismo, puesto que la supervivencia del propio grupo es la verdadera prioridad.

Israel ha conseguido descabezar a Hezbollah, asegurarse el apoyo de Estados Unidos y lograr un cese de fuego. 



No fue algo gratuito o sin costos, por supuestos, pero Hezbollah se lleva la peor parte, debe reorganizarse y rearmarse, ha perdido buena parte del apoyo de la población libanesa (la escalada del conflicto ha generado más de un millón de desplazados en Líbano) y ha debido aceptar esa nueva situación. 

Israel ha afectado de manera sustancial a Hezbollah, en lo militar, lo político, lo social y lo psicológico (recordemos los ataques en los buscapersonas/beepers/pagers usados por la organización). La reconstrucción de sus capacidades será el principal objetivo de Hezbollah en lo inmediato.

La población del norte de Israel fue desplazada en medio de la escalada del conflicto (unos 60.000) y el accionar militar ha recibido críticas, particularmente externas, además de la pérdida de soldados y material. 



Parece, sin embargo, un precio que el gobierno israelí está dispuesto a pagar tomando en cuenta los beneficios a nivel estratégico.

En el fondo, y tomando en cuenta la nueva administración del presidente electo Donald Trump, lo de Líbano podría servir, visto desde Washington, como un nuevo hito en la política norteamericana de lograr la normalización de Israel con los países árabes (los denominados Acuerdos de Abraham) tendientes a limitar el accionar de Irán en la región. 

Mientras más países árabes lleguen a acuerdos con Israel y menos influencia tengan las milicias y grupos terroristas apoyados por Irán, mayor será el aislamiento de Irán. 



Esa parece que ser la política de Estados Unidos y que seguramente será reforzada por la denominada "máxima presión" del presidente Trump.

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Donald Trump y Joe Biden

En ese sentido, los países del Consejo de Cooperación del Golfo, particularmente Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, tendrán un papel significativo en esa nueva política. 



Las inversiones de Estados Unidos en esos países en sus proyectos nacidos en el marco de sus estrategias de modernización y diversificación económica, los apoyos en el campo militar, así como la profundización de las políticas de desregulación en Estados Unidos (algo propuesto por Trump en su campaña) abrirán oportunidades para los fondos de inversión de los países del golfo en la economía norteamericana. 

Esos ejes serán los que regulen las relaciones de Washington con estos países. 

No solo se buscará de esa manera aislar a Irán, sino que podría tener un beneficio agregado, el de limitar la creciente influencia china en la región del golfo y detener las tendencias hacia la desdolarización que el Grupo BRICS+ intentaría implementar (foro al que se han unido Emiratos Árabes Unidos, también Irán y Egipto, y aunque fue invitada no ha aceptado formalmente, Arabia Saudita).



Sin embargo, esos objetivos de la política norteamericana tendrán sus costos y serán objeto de fuertes conversaciones y regateos, algo que no choca ni con un presidente tan transaccional como Trump, ni con liderazgos tan culturalmente dispuestos a negociar como los árabes. 

Sin embargo, los países del golfo, particularmente Arabia Saudita, tienen presente la inacción norteamericana en septiembre de 2019 cuando Irán atacó la infraestructura petrolera saudí sin que se concretara ninguna respuesta por parte de Washington. 

Habrá que reconstruir la confianza: Emiratos Árabes Unidos, a pesar de la firma de los Acuerdos de Abraham en 2020, no ha logrado la aprobación norteamericana para adquirir algunos sistemas de armas de punta. 



Estos países, por otra parte, no pueden mudarse, y seguirán siendo vecinos de Irán a través del golfo, que unos llaman Golfo Árabe y otros Golfo Pérsico. Los intereses de los países árabes también deberán ser considerados.

Esa estrategia de llegar a acuerdos con los países árabes dispuestos a aceptar la inclusión plena en el sistema regional a Israel, aislar a Irán y militar la influencia china en la región podría dar lugar a un nuevo Medio Oriente. 

Pero hay poco espacio para la cruda imposición de parte de Estados Unidos y mucho espacio para la negociación.



En un sistema tan realista como es el del Medio Oriente, contar con objetivos claros, con recursos de poder y con un buen servicio exterior profesional resultarán fundamentales para lograr la tan ansiada estabilidad regional.

Un servicio exterior profesional es tan necesario en Medio Oriente como en Argentina, las reglas de juego del sistema internacional son las mismas allá y aquí.



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