Ante las crecientes tensiones en Medio Oriente, El Economista dialogó con Said Chaya, Coordinador del Núcleo de Estudios de Medio Oriente at Universidad Austral.

¿Estamos en la antesala de un conflicto a gran escala en Medio Oriente?
Desde el 7 de octubre estamos en la antesala de un conflicto a gran escala en Medio Oriente.
El peligro de la regionalización, que es lo que se está materializando en las últimas semanas, con la incursión terrestre y el incremento de los ataques israelíes al Líbano y la posterior intervención de Irán, constituye el peor escenario, aunque esto era una posibilidad desde el día uno.
¿Cuáles creen que son las justificaciones de los últimos movimientos de Israel?
Hay una respuesta fácil, y es que Netanyahu está haciendo todo esto para sostenerse en el poder y, de esta forma, asegurar su supervivencia política, evitando tener que enfrentar a la justicia.
Pero en Medio Oriente todo tiene que ver con lo doméstico y lo externo al mismo tiempo, por lo que es importante no perder de vista la cuestión regional.
Netanyahu entiende que Israel estaba en una posición inmejorable para atacar estos objetivos rivales por diversos motivos que van desde su superioridad militar y la debilidad de EE.UU., que es quien puede poner un freno a esto, hasta que existe un cierto consenso interno social, o por lo menos institucional.
¿Cómo reaccionará EE.UU. en el caso de una guerra?
EE.UU. va a reaccionar conforme a como tiene que reaccionar: No hay nada más más racional que una guerra, por lo que funcionará como aliado de Israel.
A pesar de estar abandonando la región, la alianza que tiene con Israel no la va a abandonar de ninguna forma y, si es necesario, va a reposicionarse para poder auxiliarlo.
¿Cuál es el rol que Argentina debería implementar ante la actual situación?
Debe jugar el rol que ha jugado en los últimos 70 años que es contribuir al proceso de paz desde una perspectiva latinoamericana.
Argentina ha mantenido la posición de la equidistancia desde la década del 40, aunque se ha abandonado en esta última presidencia con mayor y menor intensidad.
Este rol actual que queremos tomar, favoreciendo un bando, evitando la neutralidad, no es conveniente para nuestro país, más que nada teniendo en cuenta que es un conflicto a más de 12.000 km de distancia.