Expectativa

Cumbre Trump-Xi Jinping: mucho ruido, ¿pocas nueces?

Los presidentes de Estados Unidos y China se reunirán por primera vez en Pekín en casi una década. Sin embargo, pese a las altas expectativas, no se espera que lleguen a grandes acuerdos.

Donald Trump y Xi Jinping
Donald Trump y Xi Jinping

La próxima semana, entre el 14 y el 15 de mayo, el mundo se "paralizará" durante algunas horas: los presidentes de los dos países más importantes del mundo, Estados Unidos y China, mantendrán una cumbre bilateral en Pekín.

Actualmente, Estados Unidos y China poseen, con gran diferencia, los PIB más grandes del mundo (entre los dos representan más del 40% de la economía mundial), a lo que se suma que son los dos países que más dinero gastan en términos de defensa. Y, como si esto ya no fuese suficiente para remarcar su poderío, hay que tener en cuenta que son dos de los tres países más poblados del mundo. 

Por ello, la cumbre, que no busca reiniciar la relación, acaparará la atención global, principalmente porque esta es la primera vez desde 2017 en la que un presidente norteamericano visita China (sí, el último fue justamente el propio Trump). En este sentido, todo lo que se negocie y/o acuerde podría impactar en los mercados y cadenas de suministro a escala internacional.



Sin embargo, pese a la alta tensión, los vínculos entre Washington y Pekín se han mantenido más estables en comparación a lo que ocurrió durante la administración Biden, principalmente porque Trump parece tener otra visión del mundo: el mandatario apunta a que cada potencia maneje su esfera de influencia, sin entrometerse en la de los demás (así como Washington se metió directamente en Venezuela, parece estar dispuesto a darle un mayor margen de maniobra a Rusia respecto a Ucrania). 

En esta línea, mientras Estados Unidos espera que China se retire de países estratégicos como Panamá (por su canal) o Perú (donde Pekín tiene un gran control sobre el puerto de Chancay), Washington podría, poco a poco, "soltarle la mano" a Taiwán. 

Y este panorama es lo que, para muchos, revela que esta cumbre podría ser la más importante entre los mandatarios de estos dos países desde que Richard Nixon viajó a China allá por 1972, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en visitar el Gigante Asiático  (la diferencia es que, mientras que Nixon le "abrió" las puertas del mundo a Pekín con su visita, Trump y Xi intentarán evitar que se cierren definitivamente).



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Trump y Xi Jinping durante su última cumbre en Corea del Sur en 2025

¿Qué temas se tratarán?

En un principio, la cumbre se iba a celebrar en marzo, pero debió ser pospuesta por el inicio de la guerra en Irán. Sin embargo, más allá de este tema en particular, la agenda estará centrada en asuntos que se vienen tratando desde hace ya un largo período. 

Según el secretario de Estado Marco Rubio, "Taiwán será un tema de conversación; siempre lo es", y agregó que a ninguno de los dos países le conviene que haya "eventos desestabilizadores" en el Indo-Pacífico. 



Cabe recordar que, desde el fin de la guerra civil china en 1949, año en el que se impuso el Partido Comunista de Mao Zedong, Pekín considera a Taiwán como una provincia rebelde (allí se refugiaron los exiliados del Partido Nacionalista). Pero, más allá de que Taiwán es una democracia, su relevancia estratégica se basa en que es el centro de la cadena global de semiconductores avanzados. Por eso, EE.UU. apoya al archipiélago y se entiende que cualquier conflicto en la isla de Formosa desembocaría en una crisis económica y tecnológica a nivel mundial sin precedentes. 

Por otra parte, es muy probable que ambas partes intenten acercarse en materia de semiconductores: mientras China es significativamente dependiente de los chips norteamericanos, Washington necesita las Tierras Raras del Gigante Asiático para producirlos. 

Al respecto, y en diálogo con El Economista, Patricio Giusto, director del Observatorio Sino-argentino, consideró que "lo menos probable es que haya avances significativos en temas del plano tecnológico como semiconductores, pero sí en el tema arancelario y también es posible que China finalmente se comprometa a levantar restricciones de minerales críticos en los próximos meses". 



"Así que podemos esperar acuerdos no muy comprensivos, pero sí probablemente en términos de comercio, compra de bienes agrícolas básicamente por parte de China, barreras tarifarias acordadas entre ambas partes y la cuestión de minerales críticos. Lo que yo esperaría es como una prolongación de tregua que permita gestionar esas diferencias más que un acuerdo muy amplio, estratégico y más permanente", agregó. 

Para Trump, esto último podría representar una pequeña victoria, principalmente si se tiene en cuenta su poca fructífera intervención en Irán (incluso muchos esperan que Washington exija que Pekín tenga un rol más protagónico en el conflicto). 

Según Giusto, "China ya está interviniendo con Irán en forma directa. El Canciller iraní viajó a Pekín esta semana y, si China efectivamente logra ablandar la posición de Irán para llegar a un acuerdo más o menos definitivo con Estados Unidos, China va a cobrar esta intervención".



"Estados Unidos está desesperadamente buscando una salida de la guerra, ya que ꟷa las vistas de todo el mundoꟷ está claro que no se logró ninguno de los supuestos objetivos, y esto también va a ser utilizado por China en el marco de la negociación", agregó. 

Por ello, al margen del resultado que se alcance, y teniendo en cuenta las actuales tensiones geopolíticas, a nivel global el impacto será inmediato en los mercados: según analistas de Goldman Sachs, una señal positiva podría impulsar los índices asiáticos entre 3 y 5% en la jornada siguiente, y estabilizar el precio del petróleo.

En el caso de América Latina en particular, Argentina y Brasil podrían ser dos de los actores más afectados, ya que, si la conversación incluye alimentos, cualquier cambio en la demanda china de soja afectaría a los mercados locales. 



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