Proyección

Crisis de natalidad: más inmigración o más robots, esa es la cuestión

En pleno siglo XXI, países como China, Japón y Estados Unidos se enfrentan a una constante disminución en sus tasas de natalidad. Sin embargo, todos (cada uno con su receta) ya están abordando el problema.
21-08-2025
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En pleno siglo XXI, la humanidad sigue superándose, día a día, a sí misma a través del desarrollo de increíbles herramientas, como la Inteligencia Artificial. 

Pero, aunque la mente humana parece no tener límites, hay un problema que aún no ha podido resolver: la actual crisis de natalidad.

Desde hace años, los principales países del mundo se enfrentan a un constante descenso poblacional que, tarde o temprano, impactará en sus economías. Y, aunque los gobiernos ya han tomado cartas en el asunto, no se vislumbra a corto plazo cuál es la mejor solución para este problema.

Las potencias, en caída libre

A la hora de hablar de crisis de natalidad, el primer actor que se nos viene a la mente es China, país que supo ser el más poblado del mundo. Sin embargo, como consecuencia de este problema, debió cederle dicho título a la India. 

En 2024, China registró 9,54 millones de nacimientos, la mitad de los que se produjeron en 2016 (ese año Pekín le puso fin a la política del hijo único, que se mantuvo durante más de tres décadas). 

Y lo más preocupante para el Gigante Asiático es que esto recién comienza: los modelos demográficos de la ONU predicen que podría caer de los aproximadamente 1.400 millones de habitantes actuales a unos 800 millones para 2100.

Pero China no es el único país asiático con problemas: el año pasado, Japón registró su mayor caída poblacional desde que existen registros, con una pérdida neta de 908.574 personas (esto equivale a una disminución del 0,75%).

El Ministerio del Interior destacó una tendencia descendente por décimo sexto año consecutivo, a lo que se suma que ya es el segundo país más envejecido del mundo, solo por detrás de Mónaco (casi el 30% de los japoneses tiene 65 años o más).

Ahora bien, el problema de la natalidad no solo afecta a Asia, sino que ya golpea de lleno a Europa: en los últimos años, países como Francia o España han experimentado sus tasas de natalidad más bajas desde la Segunda Guerra Mundial.

Según las proyecciones, la población de la UE disminuirá 6,6% de aquí a 2100, pasando de 450 millones en 2024 a 419 millones. Además, más del 20% de su población ya tiene más de 65 años. 

Y las sorpresas no terminan acá ya que incluso países como Estados Unidos, que parecían inmunes a este problema, comienzan a sufrirlo: en 2024, la tasa de fertilidad fue de 1,599, un mínimo histórico y una cifra que es considerablemente inferior al nivel necesario para el reemplazo poblacional, estimado en 2,1 hijos por mujer.

Desde 2015, las tasas de natalidad han mostrado una tendencia a la baja en Estados Unidos. Por ejemplo, entre ese año y 2020, la disminución fue de un promedio de 2% anual, aunque con fluctuaciones en los años posteriores.

Posibles soluciones 

Como uno se imagina, las primeras medidas son económicas, ya que se busca incentivar a las familias locales a tener más hijos.

Así, por ejemplo, el gobierno de Donald Trump analiza pagar un bono de US$ 5.000 por bebé nacido. Por su parte, China ya anunció la instauración progresiva de la gratuidad en la educación preescolar.

"A partir del semestre de otoño de 2025 se eliminarán las tarifas de cuidado y educación para los niños del último año de jardín de infancia público", informó el Consejo de Asuntos de Estado. Además, el gobierno chino ya anunció el pago de una ayuda anual equivalente a 420 euros por cada niño menor de tres años.

Sin embargo, aunque estas medidas podrían promover una leve mejoría, cuestiones culturales y sociales hacen que sea prácticamente imposible generar un cambio en las formas de actuar en la población.

En realidad, y aunque muchos partidos de derecha se oponen a esta práctica, la principal solución para el problema es la inmigración. 

En el caso de Estados Unidos, y por primera vez en 175 años, los migrantes son la única causa que explica el crecimiento de la población entre 2022 y 2023.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), "la migración representó todo el crecimiento de la población total de Estados Unidos entre 2022 y 2023, la primera vez que esto sucede desde que comenzó la recopilación de datos censales", en 1850.

En 2023, residían en Estados Unidos 47,8 millones de migrantes, según datos de la Oficina del Censo, la mayor cantidad en la historia del país (representaron el 14,3% de la población estadounidense, cerca del récord del 14,8% de 1890). 

Por su parte, la Unión Europea vio cómo su población alcanzó un récord de 450,4 millones de personas en 2024, pese a que, desde 2012, ha registrado anualmente más muertes que nacimientos.

Pero, gracias a la inmigración, el bloque sumó 1,07 millones de habitantes en 2024, con una migración neta positiva de 2,3 millones de personas, que compensó una disminución natural de la población de 1,3 millones, ya que las muertes (4,82 millones) continuaron superando a los nacimientos (3,56 millones).

En este sentido, si la migración se congelara hoy, la población de Europa disminuiría en más de un tercio, según las últimas proyecciones de Eurostat, pasando de los 450 millones en 2024 a 295 millones a finales de siglo.

No obstante, en pleno auge de los gobiernos de extrema derecha, que se oponen fervientemente a las políticas pro inmigración, el caso de Japón podría ser una mejor solución.

Actualmente, en el país nipón el número de residentes extranjeros alcanzó un récord histórico de 3,67 millones de personas, lo que representa casi el 3% del total de la población nacional.

Sin embargo, Japón es uno de los países más reacios a recibir inmigrantes, aunque eso no implica que esté de brazos cruzados: desde hace años Tokio ha optado por la "Robolución".

Esta es una estrategia a largo plazo que convierte la automatización en el pilar de la competitividad nacional.

La misma arrancó allá por 2015, con el plan Robot Revolution & Future Strategy y la visión Society 5.0, los cuales combinan incentivos fiscales, estándares abiertos y subvenciones para que incluso las pymes integren robots en sus líneas de producción.

El objetivo de estos planes fue aumentar la densidad de robots por trabajador en todos los sectores, reducir la dependencia de mano de obra en un mercado laboral envejecido y exportar tecnología robótica para financiar la renovación doméstica.

Así, con menos trabajadores, Japón ha recurrido a la automatización para mantener las fábricas en funcionamiento, aumentar la productividad y seguir siendo competitivo.

Y, aunque todavía le queda un largo proceso por recorrer, los resultados ya están a la vista: cada año se instalan decenas de miles de robots industriales, con una densidad que ya supera los 400 por cada 10.000 empleados.

Además, cerca del 40% de los robots del mundo se fabrica en Japón y más de las tres cuartas partes se exportan.

Por otro lado, la productividad manufacturera suma alrededor de 1,2 puntos porcentuales adicionales por año desde 2015, ayudando a sostener salarios y márgenes.

Así, ya es común ver robots en fábricas de autos, chips, alimentos y bebidas, o atendiendo locales de comida e, incluso, para girar pacientes en camas geriátricas. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar