Por Damián Cichero
Que el regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos iba a revolucionar la política internacional era una situación bastante esperable. Sin embargo, la intensidad con la que está ocurriendo es, probablemente, mucho más fuerte de lo que se pensaba.
El mandatario no solo decidió aplicarles aranceles a más de 100 países en todo el mundo, sino que, esta misma semana, ha reconocido que ya "estamos en una guerra" comercial con China.
La situación, en menor o mayor escala, es similar a la que se vivió durante el primer mandato del líder republicano. Pero, casi diez años después, la condición mundial ha cambiado, principalmente tras la pandemia del Coronavirus y la guerra en Ucrania.
Así, la gran pregunta es si la estrategia de Trump para revitalizar a Estados Unidos, en realidad, no terminará siendo un tiro en el pie que afecte no solo a su propio país, sino a la economía mundial en general.
Intentando resolver esta y otras cuestiones, El Economista dialogó en exclusiva con Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales y profesor de la UNR.
-La estrategia de Estados Unidos para contener a China parece no estar siendo eficiente, ya que desde Pekín no dan el brazo a torcer. ¿Qué es lo que realmente busca Trump?
Está claro que la administración "Trump II" intenta profundizar lo máximo posible, sobre todo en los sectores estratégicos, esta idea del desacople económico, productivo y financiero. Es muy difícil, porque la interdependencia sigue siendo muy fuerte, pero el objetivo es lograr la mayor autosuficiencia de las cadenas de suministro donde participa China en términos productivos y comerciales.
Ese proceso, más allá de la eficiencia, es muy costoso, porque efectivamente hay un conjunto de sectores donde Estados Unidos es muy vulnerable y donde China tiene la posibilidad de presionar.
Debe quedar en claro que la vulnerabilidad es mutua: China es muy vulnerable en todo lo que tiene que ver con software y bienes tecnológicos, como semiconductores, chips de inteligencia artificial y otros insumos fundamentales en materia tecnológica que no produce. Justamente, Estados Unidos, tanto en el primer mandato de Trump como en el de Biden, ha implementado la estrategia del control de exportaciones y sanciones para que China no alcance ese desarrollo.
Pero Estados Unidos también es vulnerable en algunos sectores, y sigue dependiendo fuertemente de los mercados externos y sobre todo de China. El caso más claro y palpable que estamos viendo en la actualidad es el de las tierras raras. Estos elementos químicos son fundamentales para la producción a escala desde el sector militar, de defensa, autoeléctricos, etcétera.
Evidentemente, esa estrategia tiene costos. Por lo tanto, uno tiene que intentar visualizar cómo Estados Unidos transita el costo de volver a ser un país manufacturero que controle todo el proceso productivo en los sectores considerados estratégicos, desde un prisma de la seguridad nacional, dado que son justamente esenciales para la resiliencia productiva. En esos sectores, Estados Unidos no puede depender de China.
-¿Cómo impacta esto en el comercio internacional?
Actualmente, se estima que el 25% del comercio mundial ya está regido bajo reglas de poder. ¿Esto qué quiere decir? Distintos instrumentos de restricción al comercio, como aranceles, licencias, prohibición de exportaciones, subsidios, entre otros.
Pero hay un 75% que se sigue manejando con la cláusula de la nación favorecida, lo que equivale a un comercio regido por reglas.
El asunto es que, hace unos 10 años atrás, este comercio, que podríamos definir como "geopolitizado", era apenas el 5%. Por lo tanto, aunque la tendencia es clara, es necesario destacar que la globalización sigue funcionando en muchos sectores.
Sin embargo, efectivamente, estamos en una economía internacional donde la tendencia hacia el uso de medidas restrictivas al comercio ꟷcon el objetivo de tener un mayor control de ese comercio por pensarlo en términos de la seguridad nacionalꟷ viene aumentando fuertemente en los últimos años.
-¿Cuál es la actual situación respecto a las estrategias del nearshoring y el friendshoring?
Estados Unidos parece estar apostando, claramente, por el reshoring, lo que significa volver a producir en Estados Unidos. Si uno mira los acuerdos que ha hecho con los socios, hay una necesidad de un compromiso de que los socios financien y pongan plata en Estados Unidos para que el país vuelva a tener capacidades productivas.
Por ejemplo, en los casos de Canadá y México, y de los principales aliados del sudeste asiático, como la India y Vietnam, allí la administración Biden buscaba que muchas empresas se fueran de China e invirtieran en estos países aliados.
Pero este año, Trump les impuso aranceles altísimos a estos países, por lo que ahora la lógica estatal de Washington es presionar fuertemente a las multinacionales a un reshoring.
Por su parte, el mundo empresarial está pensando en un nuevo concepto: el omnishoring, es decir, que no se puede depender de un solo lugar en las cadenas de suministro.
El omnishoring es diversificar lo máximo y tener varios proveedores en el mundo para, justamente, ser resilientes ante los cambios en el comercio internacional y los shocks externos. En definitiva, la respuesta empresarial hoy es una máxima diversificación de las cadenas de suministro.