Entrevista

Demattei: “El descontento con la política se hace cada vez más tendencia en América Latina”

Clarisa Demattei analizó la situación actual en Perú, Colombia, Brasil y Chile

Clarisa Demattei
Clarisa Demattei
12 junio de 2026

Más allá de lo que sucede en Argentina, donde la situación económica no es la mejor, la región de América Latina está experimentando un año de alta tensión en términos políticos: a los balotajes presidenciales en Perú y Colombia, debemos sumarles las próximas elecciones en Brasil y el tenso inicio de gestión de José Antonio Kast en Chile.

En el caso de Perú, país que ha tenido ocho presidentes en los últimos diez años, el pasado 7 de junio celebró su segunda vuelta electoral y, por el momento, la misma no se ha definido ya que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez se disputan, voto a voto, con apenas una diferencia de miles, la presidencia.

Pero, más allá de quién gane, en la primera vuelta, Fujimori obtuvo el 17,19% de los votos, mientras que Sánchez alcanzó el 12,03%: sumada la votación de ambos, el resultado es de apenas un 29,22%, el registro más bajo para dos finalistas de un balotaje en la historia del país. Esto deja en evidencia el descontento de los peruanos con los políticos en general.



Por otro lado, y para sorpresa de muchos, el pasado 31 de mayo Abelardo de la Espriella alcanzó el primer lugar en las elecciones de Colombia, con el 43,6% de los votos, mientras que el izquierdista Iván Cepeda, que lideraba los sondeos, quedó en segundo lugar, con el 42,1%.

Así, para muchos, ese primer lugar prácticamente asegura un triunfo de De la Espriella, aunque la paridad –y el discurso extremista del candidato de derecha– podrían darle alguna posibilidad a Cepeda en el balotaje del 21 de junio.

A esto debemos sumarle que el 4 de octubre Brasil celebrará elecciones presidenciales y, según los sondeos, todo hace indicar que Lula da Silva tiene altas chances de ser reelecto para, de esta manera, gobernar por un cuarto mandato. 



Por último, en el caso de Chile, sus elecciones se llevaron a cabo en 2025, aunque el 2026 nos ha traído una sorpresa: Kast, quien se convirtió en el presidente más votado en la historia de Chile, hoy es altamente impopular pese a que apenas asumió el cargo el pasado mes de marzo. 

Ante este panorama, e intentando proyectar qué puede suceder a futuro en todos estos países de la región, El Economista dialogó en exclusiva con Clarisa Demattei, licenciada en Ciencias Políticas, especialista en asuntos latinoamericanos. 

- ¿Qué balance hace de las elecciones en Perú? Tanto los resultados de la primera vuelta como la paridad del balotaje muestran un descontento general de la población con la política local. 



En Perú observamos una atomización de candidatos y de partidos en la primera vuelta (35 candidatos), mientras que, la segunda, se caracteriza por una extrema paridad entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, y el descontento ciudadano. 

El problema es que este descontento y esta atomización ꟷque cada vez se hace más tendencia en América Latinaꟷ, en Perú, no es una anomalía, sino que en realidad es la consolidación de algo que en ciencia política llamamos un sistema o una democracia sin partidos.

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Fujimori y Sánchez 



Perú viene experimentando un proceso crónico de fragmentación de la representación política y del sistema de partidos. Cuando en una primera vuelta el voto se dispersa entre muchísimas opciones, sin que ninguna de ellas logre un piso mínimo de legitimidad real, el balotaje deja de ser un mecanismo de legitimación mayoritaria y pasa a ser un ejercicio de voto castigo o de intento de control de daños. En esta segunda vuelta, el electorado no vota a favor de, sino en contra de tal actor. 

Los que votaron a Fujimori lo hacen porque creen que es peor un gobierno de izquierda refundacional, como propone Sánchez, y, de la misma manera, quienes votaron por Sánchez lo hacen porque prefieren cualquier cosa antes que a la hija de Alberto Fujimori en el poder. De hecho, para mí, el principal adversario de Keiko no es la izquierda o el centro, sino ese techo del antifujimorismo que pesa tanto en Perú, tantas décadas o años después. 

Eso trae un grave problema: que un ciudadano siempre tenga que votar por el menos malo o a través del voto castigo. Así se profundiza el descontento que hoy vemos con respecto a las instituciones fundamentales de la democracia. 



Por ejemplo, 9 de cada 10 peruanos rechaza o tiene una imagen absolutamente negativa del Congreso porque considera que es la institución causante o provocadora de las crisis políticas a través de figuras como la destitución de los presidentes o lo que se llama la moción por vacancia por incapacidad moral

Entonces, la ciudadanía, como eso nace en el Congreso, lo ve básicamente como un recinto en donde los legisladores se turnan para asumir circunstancialmente el poder ejecutivo. Obviamente, sin dar respuestas reales a las demandas de la ciudadanía, que ꟷcomo sabemosꟷ son cada vez mayores, más diversas. Además, la ciudadanía busca solucionar sus problemas de una manera cada vez más inmediata.

- ¿Cuál es el panorama para el balotaje de Colombia? El primer lugar de De la Espriella hace creer que su triunfo está prácticamente asegurado. 



Debemos tener en cuenta la naturaleza de una segunda vuelta como una elección que es completamente nueva, con lógicas y reglas distintas, y que tiene justamente una lógica binaria. El avance de Abelardo de la Espriella es, sin duda, un indicador de un giro en la opinión pública y también del peso que están ganando estos discursos más punitivos o más de orden en la región, pero su victoria todavía no está asegurada porque en los balotaje cambia la lógica. 

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Iván Cepedra y Abelardo de la Espriella

¿Qué quiero decir con esto? Que no se gana atrayendo el voto propio como sí pasa en una primera vuelta, sino que gana el que logra atraer a los votos de los otros partidos o los votos ajenos. Esto es justamente un gran desafío para De la Espriella porque él es un candidato con un discurso fuerte y con una gran carga ideológica que, por un lado, suele consolidar un núcleo duro muy fiel, pero, al mismo tiempo, puede generar resistencias grandes en los sectores más moderados, como por ejemplo el centro o incluso también la centroderecha, que son los sectores que él tiene que ir a buscar. 



Para ganar, entonces, va a necesitar convencer principalmente a los votantes que en una primera vuelta votaron por Paloma Valencia, que es del partido de Uribe. Ella ya le dio el apoyo a De la Espriella, pero ꟷcomo sabemos muy bienꟷ lo que hagan realmente los votantes de Valencia es un misterio. Además, en general, la transferencia de votos nunca es del 100%. A esto hay que agregarle que, para capturar el voto de Valencia, De la Espriella va a necesitar no solamente moderarse, sino sobre todo institucionalizarse. 

Por otra parte, el voto de Valencia es necesario, pero no es suficiente para poder ganar. También va a tener que atraer y disputar el voto de los sectores más centristas protagonizados por el ahora excandidato Sergio Fajardo. Y ese votante más de centro podría eventualmente también ser atraído por la izquierda de Iván Cepeda si él se moderara, cosa que por supuesto va a hacer.

Obviamente, en este balotaje, como en general sucede con las segundas vueltas en América Latina, y también a nivel global, gana el que logra atraer al voto más moderado. La pregunta es ¿quién tiene esa muñeca para ser más moderado o más centrista? 



- ¿Podrá Lula obtener un cuarto mandato? Los sondeos lo muestran como claro favorito de cara a octubre. ¿Qué factores podrían influir de acá hasta esa fecha para que el panorama cambie?

Las encuestas de cara a octubre muestran a Lula da Silva en una posición de ventaja, lo que a su vez refleja un poco la vigencia de su liderazgo histórico y también la solidez y el acompañamiento, la lealtad de su base social, especialmente en las regiones más del nordeste de Brasil y en los sectores de clase media o de menores ingresos.

Sin embargo, en un sistema tan fragmentado y polarizado como el brasileño, un favoritismo temprano en los sondeos no quiere decir una victoria asegurada. Creo que hay tres factores que podrían claramente incidir y alterar el panorama de ahora hasta las elecciones.



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Lula da Silva 

En primer lugar, el desempeño macroeconómico y, sobre todas las cosas, el impacto de la situación económica en el bolsillo de los ciudadanos. Si la inflación sube, especialmente la de los alimentos, o si también hubiera un aumento del desempleo, el humor social del votante, sobre todo del votante que fluctúa entre un centro o una centroizquierda ꟷes decir, alguien que no es ni estrictamente de Lula, pero tampoco es bolsonaristaꟷ podría cambiar drásticamente. Y como sabemos, el voto económico es muy volátil. 

El otro factor que va a incidir bastante es la articulación de los distintos partidos de derecha y el fenómeno conocido como el Centrão. Hoy el bolsonarismo mantiene un control territorial y también parlamentario o legislativo muy grande. Entonces, si esta oposición lograra unificar su narrativa bajo un eje de seguridad pública y de orden, ahí se podría achicar la distancia entre Lula y Flavio Bolsonaro. 



En tercer lugar, otro aspecto bastante importante es la gestión de la gobernabilidad, porque cada concesión que el gobierno de Lula tiene que hacer en el Congreso, que son varias como para poder mantener la estabilidad de su coalición, podría tranquilamente erosionar su base militante. 

Por lo tanto, es cierto que hay un favoritismo de Lula, pero en este momento está descansando para mí sobre un equilibrio bastante precario que va a depender de mantener la estabilidad económica y contener la capacidad de movilización de la oposición, sobre todo teniendo en cuenta que la oposición está muy arraigada en los principales estados productivos de Brasil.



-Aunque José Antonio Kast llegó hace un par de semanas al poder en Chile, su popularidad ha caído considerablemente. ¿Cuál es el panorama político en el país vecino? 

Kast tuvo una erosión acelerada del periodo que llamamos de luna de miel, que históricamente siempre se sobreentendía que eran los primeros tres meses o cien días de gobierno. Hoy en América Latina esas lunas de miel están siendo cada vez más cortas y, en el caso de Kast, quien asumió la presidencia el 11 de marzo de este año, tuvo la caída más abrupta desde la vuelta de la democracia. Incluso tuvo una caída más grande que la de Boric, que ya de por sí fue bastante importante. Se estima, según las distintas consultoras, que Boric tuvo un período de luna de miel de un mes y en el caso de Kast duró 15 días. 



¿Por qué pasó esto? Kast tuvo una pérdida muy fuerte de capital político que no se debió a cuestiones ideológicas sino a cuestiones estrictamente económicas. A los pocos días de haber asumido la presidencia, su Ministro de Hacienda anunció la mayor alza en el precio de los combustibles en 40 años, lo que generó un incremento del 38% del precio de la gasolina y del 60% en el diésel. Esto se dio en parte por la guerra en Medio Oriente, pero también por decisiones internas del propio gobierno de Kast. Entonces, el presidente optó por hacer una política de shock justamente por estar dentro del periodo de luna de miel ꟷen este punto él creía que iba a tener más margen de maniobra y una mayor aceptación por parte de la opinión públicaꟷ; pero el problema es que, desde el Chile post-estallido social del 2019, la tolerancia de la ciudadanía al encarecimiento del costo de vida es muy baja. 

Además de la cuestión económica, Kast llegó a la presidencia chilena con la promesa de mano dura contra el crimen organizado en términos de política interna, un fuerte despliegue militar para el control de las fronteras y la contención del conflicto mapuche en la macrozona sur. 

Para eso, tuvo que implementar ciertas medidas de excepción, que se suman a una agenda desreguladora en términos sociales, sobre todo en cuestiones educativas, culturales, etcétera. Y tanto estas medidas de excepción, esta mayor militarización como estos cambios o estas desregulaciones en términos económicos o sociales, generaron una reactivación de las movilizaciones estudiantiles y de los sectores de izquierda. Hay que aclarar que, durante el gobierno de Boric, también se tomaban medidas de excepción en el sur y prácticamente no hubo protestas. Pero, más allá de esto último, toda esta secuencia claramente perjudicó su imagen en términos de la opinión pública. 



Por último, Kast tiene un problema interno partidario, que es el mismo que sufren muchos presidentes latinoamericanos: no tiene una mayoría absoluta en el Congreso. Por lo tanto, para avanzar en reformas clave para su gobierno, como por ejemplo reducir los impuestos a los superricos o para impulsar determinadas leyes a fin de atraer inversiones, depende de una coalición bastante frágil entre su expartido, el Partido Republicano, la derecha tradicional, la centroderecha (lo que históricamente fue el piñerismo), y también de otros como, por ejemplo, un partido outsider, que es el Partido de la Gente. 

Debido a distintas decisiones bastante impopulares que ha tomado su gobierno, está recibiendo fuertísimas críticas y una falta de apoyo en el Congreso por parte de estos partidos políticos que tienen o que forman parte de esta coalición más informal. Entonces se le suma que, por un lado, están las movilizaciones de la izquierda y, por otro lado, internamente, su coalición de centroderecha y de derecha no está muy fortalecida. 

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