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Moneda fuerte y títulos planos: ganadores y perdedores

Las monedas latinoamericanas están en un proceso de revaluación desde hace seis meses. En este proceso la que gana es la tasa de interés aunque brinda grandes ganancias a los muy conocedores pero puede generarle pérdidas a los inversores con poca experiencia.

12 septiembre de 2016

por Luis Varela

Desde marzo de este año a esta parte, las monedas de los países en vías de desarrollo vienen ganando valor de manera sistemática. La canción es la misma frontera tras frontera: en Brasil el dólar bajó de 4,15 a 3,27 reales, en Colombia pasó de 3.400 a 2.900 pesos, en Perú fue de 3,53 a 3,35 soles, en Uruguay achicó de 32 a 28 uruguayos, en México descendió desde 19,14 a 18,83 mexicanos y en Argentina retrocedió desde 16,06 a 15,27.

Mientras esa revaluación sucede, vino quedando demostrando en todas partes la sensación de que todo el mundo tiene el financiamiento que necesite. De ese modo el mercado mundial de bonos se duplicó, con todo el planeta inundado de papelitos de colores y con zonas que tienen situaciones económicas poco sustentables (como por ejemplo la provincia de Chaco) consiguiendo préstamos siderales (para el tamaño de su PIB) en moneda dura (al 9% anual en el caso chaqueño) que serán muy difíciles de enfrentar cuando las divisas principales sufran inflación, abandonen la tasa cero y vuelvan a tener paridades más costosas.

O sea, cuando la tasa de interés suba, los que tengan en sus carteras cualquiera de los bonos que van danzando por todas partes iniciarán un proceso de venta, que puede convertirse en quien sabe qué (¿una estampida?), con posibles bajas muy fuertes (quizás de 30 o 40%) si los inversores se asustan. Porque detrás de esto hay una verdad: durante las últimas tres temporadas emprendimientos privados de todas las latitudes se endeudaron muy fuerte en dólares o euros devaluados, prometiendo pagar tasas anuales del 3, el 4 o el 5%, pero cuando la Reserva Federal o el BCE suban su tasa de interés, esas monedas se harán más fuertes y serán más difíciles de pagar, y esos bonos privados perderán valor porque ya no serán competencia.

En paralelo con eso, la semana pasada los mercados de casi todas partes asistieron al mismo proceso. Con los mercados de riesgo colocados en niveles récord absolutos, las Bolsas de todos lados siguieron consiguiendo compradores que fueron haciendo crecer los precios peldaño tras peldaño entre lunes y jueves, con muchos inversores incautos entrando “porque se perdían la fiesta”. Pero el viernes, con la aparición de tres excusas (la bomba atómica en Corea del Norte, datos de freno económico en China y chance de que la tasa de interés de EE.UU. empiece a despegar), se desató la peor rueda en siete meses: todo se cayó y en el balance semanal los precios quedaron en foca cero, casi igual que el viernes de la semana anterior. Pero atención, esa “foja cero” es un tanto mentirosa, porque en realidad casi no hubo cambios para los que venían adentro, pero hubo ganancias para los que están saliendo y vendieron hasta el jueves, y se produjeron pérdidas para los que vienen comprando con el enchufe de cotizaciones.

Además, hay que estar muy atentos porque el viernes hubo otro dato destacado: se registraron fuertes ventas de bonos de todas las especies, incluso de países sólidos. Alemania u Holanda, cuyos papeles estatales tenían precios estrambóticos y tasas futuras negativas, sufrieron en el cierre de la semana una ola de ventas, y sus TIR volvieron a quedar arriba de cero (en este momento sólo Japón y Suiza tienen tasas a vencimiento con signo contrario). En realidad, el ida y vuelta no se registró únicamente con los bonos, sino que quedó expuesto en casi todas las cotizaciones. El petróleo, por ejemplo, pasó de US$ 45 a US$ 48 entre lunes y jueves y luego volvió a menos de US$ 46 dólares. El oro saltó de 1.325 a 1.350 y volvió a 1328. La plata fue de 19 a 19,90 y regresó a 19. Sin embargo, los metales básicos y los granos ?que responden a cosas más certeras, como la oferta y la demanda real, o al clima? tienen un precio diferente. El aluminio y el cobre están cediendo por menor actividad, y valores como la soja mejoraron de 352 a 366 dólares por tonelada porque hubo datos de cosecha menos potente de lo que se esperaba en Brasil. Esta tendencia está complicando los mercados internacionales y las Bolsas del mundo terminaron la semana en baja. Bajó casi todo: más de 2% Wall Street, San Pablo y México, achicaron 1% Frankfurt y Santiago de Chile, mientras que la Bolsa argentina pudo zafar, se sostuvo en el mismo nivel gracias al fallo de la Corte que benefició a las eléctricas.

El proceso general es complejo. Con las Bolsas y los bonos enfrentando un momento crucial, mientas se mantiene la etapa de debilidad de las monedas fuertes, en Argentina el billete verde sigue completamente planchado, con el tipo de cambio oficial en 15,27 pesos y el blue en 15,38. El dólar vale igual que en febrero. Argentina tiene una altísima inflación en dólares: de ahí que todo lo que es exportable es muy difícil de vender, y que lo exportable muy competitivo entregue menos pesos que los que se necesitan para seguir viviendo con la misma calidad de vida. ¿Puede cambiar esta tranquilidad del dólar? Nadie imagina nada importante: algo más de 16 para fin de año y 18 para 2017. Y esos precios significan diferencias muy inferiores a lo que están pagando las tasas de los plazos fijos.

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