La tasa manda adentro, pero el dólar dejó de bajar afuera

Con una inflación rodando al 40% anual, la tasa de interés sigue reinando atrayendo capitales que vienen a buscar renta financiera y deprimen el tipo de cambio. Pero en el exterior el dólar dejó de bajar y le puso un techo a la suba de las commodities.

16-05-2016
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 Por Luis Varela

Repleto de condimentos ciertamente inquietantes por todas partes, el mundo económico registró esta semana un importante punto de inflexión que tiene que ver con las debilidades en las economías asiáticas y europeas, y una situación un poco más estable en Estados Unidos, con tendencia al pleno empleo.

Esta circunstancia está preparando el escenario para que de acá a fin de año se produzcan dos o tres subas escalonadas en las tasas de interés de la Reserva Federal.

De hecho, en la Fed aparecen voces advirtiendo que el incremento de los tipos se producirá pronto. Es que la inflación se dirige a una meta del 2% anual y con tasas hacia arriba, el dólar dejó de bajar a nivel internacional: había achicado entre febrero, marzo y principio de abril, y ahora acaba de tener el primer aleteo alcista en más de siete meses. De hecho, la debilidad del dólar se extendió hasta mediados de la semana pasada. Y justamente el miércoles casi todos las commodities, con el billete verde haciendo piso, alcanzaron los precios máximos del año, con petróleo, metales y granos obteniendo cifras inesperadamente elevadas, que achicaron levemente jueves y viernes, con el dólar levantando cabeza de nuevo. La soja llegó a arañar los US$ 400 dólares en Chicago, y terminó el viernes a US$ 388 dólares, con un valor que desahogará notablemente las arcas nacionales.

A todo eso que es externo, se suman los factores ya de por sí complicados dentro de la propia Argentina. Obviamente, el elemento más complicado es la inflación, heredada de la superemisión de pesos que se realizó en los últimos meses de Kirchner-Kicillof y por errores de la gestión actual, que multiplicó las tarifas y alimentó un enemigo muy peligroso. Con eso, acabamos de tener en abril una inflación del 6,5% mensual, la más alta en catorce años (desde 2002 que no se registraba un desequilibrio semejante).

Para que el aumento de los precios no se retroalimente y llegue a la hiper, el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, encontró como mejor solución, absorber todos los pesos posibles del mercado pagando tasas nominalmente altísimas en las Letras del Banco Central, hoy con tasas del 37,5% anual a 35 días y del orden del 30% anual en los plazos más largos. Varios puntos arriba de las tasas de los plazos fijos.

Además del ingreso estacional de divisas por el cobro de la cosecha de la soja, para aprovechar la jugosa utilidad de las tasas, está entrando al país un gran número de dólares golondrina. Inversores externos compran acciones o bonos argentinos en el exterior, los venden en este mercado en el contado con liquidación, hacen bajar el precio del dólar (cayó a su precio más bajo desde enero, 14,45 pesos el oficial) y se sumergen en las Lebac, haciendo daño cuando entran y harán más daño cuando salgan.

Por detrás de esto, a Argentina le está surgiendo otro problema. El stock de las Lebac tomadas por el Banco Central ya suma los $530.000 millones. Para entender cuánto significa esa cantidad de plata debe decirse que la base monetaria total del Argentina (es decir, el dinero en poder del público más depósitos de bancos en el BCRA) suma $ 597.000 millones y el total de préstamos al sector privado llega a $ 861.576 millones. Es decir que se trata, realmente, de una cantidad muy grande de plata que, además, paga una tasa de interés muy alta, que significa a tasas actuales una renta de $180.000 millones al año.

La tendencia Qué pasará si la inflación baja, y baja la tasa de interés: seguramente los inversores cancelarán todo ese stock de dinero y muchos de ellos volverán a irse al dólar, generando un tsunami cambiario futuro. Frente a esto, el Gobierno se seguirá endeudando a dos manos esta semana. Este martes lanzará una nueva letra a 90 días y reabrirá la emisión de la letra a 180 días colocada la semana pasada. En la Secretaría de Finanzas, que conduce Luis Caputo, confían en que embolsará US$ 400 millones en total, luego de haber captado 450 millones en la primera emisión. La tasa de interés, calculan, sería similar: 3,5% para la letra corta y algo menos de 4% para la de 180 días.

Con todo ese despiplume, los bonos continúan laterales, estancados en valor contado pero pagando una alta renta. Y la Bolsa sigue en baja, con precios estáticos desde hace siete meses. Los volúmenes operados siguen siendo magros. Hay mucho dinero guardado, perdiendo valor, esperando.

¿Qué decisiones deben tomar inversores y ahorristas? El camino más sencillo es la senda conservadora: aprovechar las altas tasas de interés, mas en dólares que en pesos. Las Lebac pagan 37,5% anual, con una inflación del 40%. Hay, por supuesto, algunos bonos que les ganan a las Lebac, como el Bonar 2016 (AS16) o el Bonar 2020 (AM20), con tasas de retorno que se ubican entre 38% y 39%.

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