“La relación crédito sobre PIB se puede duplicar hacia 2020”

“Si hay un sector que tiene todo para desarrollarse en términos de volumen es el sistema financiero”, dice Sergio Galván (Santander Río)

Compartir

Entrevista a Sergio Galván Economista Jefe y Gerente de Comunicaciones

Corporativas del Santander Río Por Alejandro Radonjic

“El ciclo está comportándose de acuerdo a los libros”, dice Sergio Galván, a modo de introducción, en el diálogo que mantuvo con El Economista en los HQ de Santander Río en la city porteña sobre la coyuntura económica y los desafíos de la intermediación financiera. “Más allá del entusiasmo de cada uno sobre lo que iba a ser la salida de Argentina después del 2015, se está comportando como debería. Sin cuestiones extraordinarias. No tuviste una caída que te habilite una salida en forma de V, que son consecuencias de las crisis. Venimos de una economía estancada que empieza a tomar velocidad”, dice Galván, Economista Jefe y Gerente de Comunicaciones Corporativas del Santander Río.

Algunos economistas dicen que, dada la caída de 2016, crecer en 2017 era, por decirlo de algún modo, fácil y que la verdadera prueba será ver si se rompe el péndulo de ajuste en años pares en 2018?

Exactamente. El desafío ahora es la velocidad del ciclo, su sustentabilidad y la convergencia fiscal. Esos son los grandes desafíos de los últimos dos años del primer mandato de Mauricio Macri. Si podés estabilizar una tasa de crecimiento por dos años en torno de 3% con la inflación convergiendo al 10%, sería un gran resultado. Lo mismo si en 2017 crecemos 2,5-3% y la inflación baja de 40% a 20% o algo más, como creemos. Es un avance y un mejor rumbo. Hay que sostenerlo y es un desafío. Se ha subestimado la forma en que se salió de la trampa de la balanza de pagos. Históricamente, con los líos con lo que teníamos, salíamos muy maltrechos. Uno puede decir que cayó el PIB y la inflación fue 40%, pero, mirando la Historia, pagamos un precio razonable partiendo desde una balanza de pagos frizada. Salió tan bien eso, y de la negociación con los holdouts, que se subestimó.

Esa primera parte salió bien, pero luego ese “segundo semestre”, que el propio Gobierno se impuso, nunca llegó con el vigor ni el timing planteado?

Ese pudo haber sido un tema de comunicación, pero a la hora de pensar en decisiones de negocios, que es lo que hacemos aquí, me abstraigo de eso y veo si el ciclo está respondiendo o no, y vemos que 60% de los sectores están fuera de la recesión. Lentamente, eso se va a empezar a sentir. Luego de un año de caída del salario real de 5-7 puntos, en 2017, como mínimo, va a empatar. Además, aunque en dosis bajas aún, empezaste a crear empleo formal en el sector privado, algo que no ocurrió en cinco años. Son señales incipientes de que estás en otra fase del ciclo y saliste de la fase recesiva. La discusión ahora es la velocidad y la capacidad de sostener esa salida.

¿Cuánto puede la política económica aspirar a acelerar el ciclo cuidando de la sostenibilidad macroeconómica y cómo está manejando el Gobierno ese trade off? Algunos dicen, por ejemplo, que se engolosinó demasiado con la obra pública?

La obra pública es altamente necesaria, y por varios motivos de competitividad y sociales. Y además, por todo lo que pasó, el primer inversor iba a ser el sector público y el privado aparecerá recién después. Para eso se votó la Ley de PPP. Son procesos. La primera etapa para mejorar la infraestructura es responsabilidad del sector público, y pasa lo mismo con la infraestructura social. No hay que dejar de ser exigentes con la necesidad de la convergencia fiscal, pero es difícil sin una base de sustento social razonable. Hay 32% de pobres. La realidad es compleja y hay que gestionarla. La gran pregunta es si el mundo te puede financiar o no. Y el mundo no mira que debemos 50% del PIB sino 2526% porque la deuda intrasector público, según la mirada financiera, no te pone en default. Es un problema interno que afectará, en última instancia, las jubilaciones, pero sabe que la Anses no te va a hacer un juicio en Manhattan. Hoy somos vistos como un país poco endeudado y crédito hay. Los que plantean hipótesis apocalípticas pueden llegar a tener razón en algún futuro, pero hoy podemos darle crédito al Gobierno de que no llegará a esa cornisa peligrosa. Hoy, aún en un escenario de mala performance macro en los próximos años por bajo crecimiento o una devaluación, la deuda se va a 36% del PIB, es decir, puede ser razonablemente gestionada.

¿Y por qué es tan necesaria la convergencia fiscal entonces?

Nadie te va a financiar de por vida. El debate es la pendiente de la convergencia, como la que plantea Hacienda. Nosotros creemos que hay tiempo, y el mercado también. La deuda en pesos, el summum del riesgo, rinde 13%. El mercado, que es el que financia, compró. El crecimiento será clave. Nosotros somos optimistas y creemos que se puede crecer 3% y sostenerlo, que el mundo te va a financiar y que existirá convergencia fiscal.

¿Y la inflación?

Que el BCRA se equivoque algunos puntos con su meta, considerando desde dónde venimos, es casi un detalle.  Que el Poder Ejecutivo respete su política monetaria y que el BCRA tenga metas, y después explique qué pasa si no las cumple, es así cómo funciona el mundo.

Pero hay que ajustar tarifas aún y eso complicará la tarea de desinflación porque la gran parte del gasto restante está indexado?

Igual creo que la indexación es un rezago inflacionario, y no la causa de la inflación. Lo que importa es si empieza a converger, como en Chile. La Unidad de Fomento (UF) chilena fue un caso de exitoso en su incipiente salida inflacionaria porque las políticas macroeconómicas alinearon el tema.

O como la cláusula gatillo, tan popular en 2017?

Exactamente. La clave es alinear la macro y la indexación pasa a ser una variable más y vos elegís si querés un préstamos a tasa fija, indexado o en dólares. Convergiendo, son todas decisiones secundarias. Hoy hay cosas que no se están mensurando y seguramente tendrán consecuencias positivas. El sinceramiento fiscal representó más del 92% de la deuda neta soberana de Argentina. Es un shock de ahorro porque más de 70% de esos activos son financieros que van a terminar, tarde o  temprano, financiando a la economía local. Arrancaron por el soberano. La gran lección del Tesoro con sus Letras es que está educando a los ahorristas en plazos. Hay un sector que critica que Finanzas paga 50 puntos básicos más la Letras, pero en realidad está educando en plazos. ¿Quién pensaría, hace algunos años, que alguien iba a blanquear dólares y se lo iba a prestar al Gobierno a 18 meses? Es un gran avance. Cuanto más se estiren los plazos, más probabilidades hay de que el sector privado entre a usar ese fondeo. El excedente en dólares del sistema, que no se puede aplicar a crédito porque la demanda no da, son US$ 8.000 millones. Eso es fondeo. El que lo aprovecha es el Tesoro, pero pronto van a ser más. Además, hay unos US$ 70.000 millones blanqueados en el exterior. Una vez que emerge la plata a la superficie, empezás a buscar renta y ver que quizás te conviene más una Lete a 3% que un bono del Tesoro de EE.UU. a 0,4%. El qué hago con mi plata se empieza a instalar entre los sectores con capacidad de ahorro y se hace popular. Eso es muy bueno. Hay fondeo para la economía.

¿Cuáles son las perspectivas para la intermediación financiera?

Si hay un sector que tiene todo para desarrollarse en términos de volumen es el sistema financiero. La duda es si ese desarrollo en volumen comprimirá los spreads por la mayor competencia y cómo afectará a la rentabilidad, pero esa es otra discusión. En volumen, esto acelera y creemos que en 2020 vamos a duplicar la relación crédito a PIB desde 13-14% a 25-26%. Emergió el ahorro en dólares y sanamente, por el riesgo de descalce como el que sufrimos en 2011, eso no es trasladables a pesos, pero el funding está. Y en el mundo de las hipotecas aún no hemos visto ni la punta del iceberg: con convergencia inflacionaria, ese mundo vuela. Se ha hecho realidad el eslogan “una cuota por un alquiler”. Y son líneas seguras y no se vuelven inmanejables como dicen algunos porque el cliente puede llegar a estirar plazos.

Hablando del mundo, para terminar. Pasó el “efecto Trump” y el “efecto Temer”, casi sin pena ni gloria. ¿Hay que estar atentos y preocupados por algo o será benigno el escenario global?

Yo vendí todos mis activos del riesgo tras el Brexit. Y me equivoqué, y luego traté de aprender cuál fue el error. Lo que está gobernando las situaciones es el enorme excedente financiero que tiene el mundo y eso sigue haciendo que los ruidos duren poco porque la plata hay que ponerlo a rentar. Y cuando el factor de ruido es Estados Unidos, uno se pregunta a dónde está el vuelo hacia la calidad. Mientras todo esto dure, y encima Donald Trump dice que va a gastar más, seguirán sobrando plata. Hay que ver qué pasa si la inflación se despierta a nivel global y EE.UU. empieza a aspirar y recoger el barrilete. También hay que ver qué pasa con China, que es el que ahorra, y Asia en general, y si tiene un problema el que ahorra se corta el financiamiento. Trump podrá ponerse agresivo con China, pero sabe que están repletos de bonos del Tesoro. Por ahora, ese juego sigue.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés