Por Joaquín Pastor y Juan Ignacio Lecour Profesores de la Maestría en Finanzas de UCEMA
El riesgo país es un concepto fundamental en economía y finanzas, que refleja la percepción de los inversores sobre la capacidad de una nación para cumplir con sus obligaciones de deuda. En última instancia, es una opinión del mercado sobre la estabilidad política y económica del país. El indicador viene cayendo desde diciembre de 2023, con la asunción del actual gobierno, pero esta caída se aceleró notablemente en los últimos meses. Con esta noticia, vinieron análisis y reacciones diversos entre economistas y actores políticos.
Pero, ¿cómo se mide el riesgo país? ¿Por qué cae? ¿Cómo beneficia esta caída al trabajador que nunca en su vida compró un bono?
El riesgo país es un diferencial de tasas, o un spread, como le dicen "los del mercado", que trata de cuantificar el riesgo de default -es decir, de incumplimiento en el pago- de la deuda de un estado soberano.
Esa diferencia de tasas, o "spread", tiene que calcularse contra otro activo que, por convención, son los bonos del tesoro de Estados Unidos, considerados "libres de riesgo". Ese es el método que utiliza JP Morgan para calcular el índice EMBI (Emerging Markets Bond Index).
Entonces, por ejemplo, si los bonos de un país rinden un 13% y los bonos de Estados Unidos un 4%, el riesgo país sería la diferencia: 9% o 900 puntos básicos (nota: en realidad, el cálculo es un poco más complicado porque no hay un único bono para comparar, de forma que se requiere utilizar métodos estadísticos).
Cuando los inversores perciben que baja la probabilidad de que un país pague su deuda, el precio de mercado de los bonos de ese país cae. Como resultado de un menor precio de los bonos, la tasa de rendimiento implícita que están pidiendo los inversores a ese país es más alta. Por eso se asocia el aumento del riesgo país a un aumento de la probabilidad de default.
En los últimos meses, la situación que se viene dando en Argentina es la inversa. Los Globales, bonos del Tesoro argentino emitidos bajo ley extranjera, acumulan subas mayores al 60% en el año. Los Bonares, similares pero emitidos bajo ley local, muestran subas incluso mayores. La tasa de rendimiento que los precios de mercado tenían implícita cayó desde niveles cercanos a 50% en octubre de 2023 a niveles actuales de alrededor del 15%.
Por lo dicho antes, podemos interpretar que el mercado asigna una probabilidad creciente a que Argentina cumpla sus obligaciones, es decir, pague los vencimientos de los bonos.
¿Qué hizo que el mercado cambie su percepción? La respuesta incluye varios factores: el gobierno sorprendió con un ajuste fiscal que cambió radicalmente el saldo del Tesoro hacia un resultado positivo ("superávit financiero"), aplicó una política cambiaria pragmática (al menos comparada con las expectativas generadas durante la campaña presidencial) que permitió iniciar una recomposición de las reservas del Banco Central, está mostrando buenos resultados en materia de dinámica inflacionaria, comienzan a aparecer signos de reactivación, fue capaz de empujar iniciativas en el Congreso a priori difíciles de aceptar por la oposición, y mantiene un alto nivel de aprobación en la opinión pública.
Aun con estos síntomas positivos de cambio de rumbo hacia algo más sostenible desde el punto de vista económico, es común escuchar voces críticas que dicen algo así: "Todo para los mercados, pero ¿y el trabajador?". Es lógico que en un país donde más de la mitad de la población es pobre, la paciencia sea el bien escaso.
Sin embargo, la conexión entre la reducción del riesgo país y el crecimiento de la economía es directa y está respaldada por la experiencia. Cuando baja la tasa de interés requerida para financiar la deuda de un estado, eso tiene un impacto claro a través de 4 canales.
El primero es el resultado financiero del Tesoro. Dado que la caída del riesgo país le facilita al gobierno llevar a cabo una refinanciación de los vencimientos (el "roll-over" de la deuda), esto le permite destinar más recursos a áreas clave como infraestructura, educación y salud, en lugar de pagar altos intereses. Esto se traduce en beneficios directos para la sociedad.
El segundo canal tiene que ver con las mejores condiciones para la financiación de proyectos privados, que son el motor del empleo. La baja del riesgo país permite a las empresas locales acceder a créditos más baratos impulsando la inversión, la creación de empleo y la innovación. En los últimos meses, muchas empresas argentinas aprovecharon el creciente optimismo para emitir deuda a tasas significativamente más bajas que las de los bonos soberanos del gobierno nacional.
Por ejemplo, Grupo Pampa e YPF colocaron deuda a tasas sólo 200 ó 300 puntos básicos más altas que las del Tesoro estadounidense, mientras que los bonos del gobierno argentino tienen un diferencial de aproximadamente 900 puntos básicos. (Este fenómeno caracterizado por empresas que emiten a tasas por debajo del soberano convierte a Argentina en un caso único a nivel mundial, que contradice a los manuales de finanzas, donde el estado soberano debería siempre tener más capacidad de pago que una empresa o nivel inferior de gobierno).
Un tercer canal es la atracción de inversión extranjera a raíz de un menor riesgo país. Los inversores internacionales tienden a llevar capital a economías percibidas como más estables y con menor probabilidad de impago, lo que impulsa los sectores productivos y fortalece las exportaciones.
Por último, en cuarto lugar, la baja del riesgo país también es vista como una señal de estabilidad económica, lo que mejora la confianza de consumidores y empresarios. Este optimismo fomenta el consumo y la planificación a largo plazo, generando un ciclo positivo en la economía.
Reflejo de esto es el aumento del 8,8% en el índice de confianza al consumidor, medido por el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, en octubre, que se sitúa más de un 19% por encima de su nivel mínimo registrado en enero de este año.
En definitiva, la baja del riesgo país en Argentina no es una buena noticia simplemente para los mercados, sino para el conjunto de la sociedad.
Esta baja es capaz de iniciar un círculo virtuoso en la economía real, atrayendo inversiones, reduciendo el costo del crédito y aumentando la confianza en los mercados. Con un menor riesgo país, el acceso al financiamiento será más económico para empresas y el propio gobierno, facilitando proyectos de infraestructura, inversión privada y expansión industrial. Esto, a su vez, impulsará la creación de empleo y el crecimiento económico, generando una mejora en el poder adquisitivo y un aumento en el consumo interno.
Así, un descenso en el riesgo país no sólo representa un alivio financiero, sino que también puede traducirse en beneficios tangibles para los ciudadanos, que verán el impacto en la actividad económica y el desarrollo a nivel nacional.
