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Clima muy selectivo en una rueda con olor a fin de ciclo

27 octubre de 2016

por Luis Varela

Tal como sucede habitualmente de manera cíclica, los mercados de aquí, allá y todas partes están entrando en sintonía fina, en una especie de final de fiesta que puede anteceder un formidable cambio de tendencia.

De esa manera, en línea con lo que siempre ocurre después de fuertes bajas o notables aumentos, el motor que movió ayer a los inversores tuvo que ver con la palabra selectividad.

Y como en este momento venimos de varios meses con formidables subas, lo que está primando ahora es la toma de ganancias, con caída de precios, en los valores que más se adelantaron, y valores aún sostenidos para las cotizaciones que quedaron rezagadas.

Con ese escenario como patrón, las commodities entregaron ayer un claro mensaje. A dos días de la reunión de la OPEP en Viena para decidir el cierre de grifos para impulsar el precio del crudo, el petróleo profundizó su retroceso: llegó a rozar los US$ 52 hace una semana y ayer terminó muy cerca de los US$ 49, en un mar de dudas.

Los granos en cambio, que habían hecho piso en la primera quincena de este mes, continuaron levantando cabeza. La tonelada de soja, que valía apenas US$ 347, se vendía ayer en Chicago a US$ 371, con el trigo y el maíz también firmes. Y con dos datos de fondo a tener en cuenta: Brasil llegaría a una cosecha récord de 102 millones de toneladas de soja y la Argentina exportará 26 millones de toneladas de maíz, por encima de lo previsto.

Detrás de eso, a menos de dos semanas de la elección presidencial de EE.UU., y con una encuesta que le da a Donald Trump dos puntos de ventaja en el decisivo estado de Florida, los metales básicos están mostrando una evolución divergente, con el cobre y el níquel en baja y el aluminio sostenido.

En realidad, empieza a hacerse diferencia entre valores y empresas de diferentes sectores, con dos resultados bien cambiantes ayer en la Bolsa de Nueva York, donde el índice Dow Jones de papeles industriales volvió a marcar otro aumento, leve (del 0,2%) pero aumento al fin, contra un achique del 0,6% en los papeles tecnológicos.

Como dato ilustrativo puede decirse que ayer, mientras se lanzaba en China una herramienta presentada como el “el smartphone del futuro”, la cotización de Apple en Nueva York anotó un descenso del 2,7% debido a que por menores ventas del Iphone, la compañía tuvo el peor trimestre en trece años.

Esta selectividad y señal de fin de ciclo se vio en casi todos los mercados. Y se notó de manera especial en la Bolsa de Buenos Aires, donde el índice Merval de papeles líderes, que venía de once subas consecutivas, tuvo su primer traspié, con una baja leve, del 1,2%, pero que puede anteceder a un importante cambio de posiciones.

Mientras los bonos tuvieron una rueda con muy pocos negocios y valores en general planos (suba del 1 al 3,5% para los bonos CO17, PR15 y DIP0, y caída del 1 al 7,9% para los bonos PARAD, BDC18, TVPYD, PMD18, DICAC, AA19, TVPA, BDED y PUO19), las acciones marcaron también una rueda con menos operaciones y muchas órdenes de venta que quedaron sin ejecutar.

Con $ 393 millones operados (lejos de los 728 millones del jueves pasado) lo mejor del día estuvo en Rigolleau y Quickfood, que subieron entre 1 y 2,8%. Pero luego hubo bajas para ir anotando: descensos del 2 al 6,2% para Andes Energía, Rosenbusch, Juan Semino, Transener, Agrometal, Aluar, Carboclor, San Miguel, Garovaglio, Domec, Edenor y Banco Hipotecario.

El frente cambiario no mostró novedades de nota. Apenas se dio un movimiento contrario a lo que se observó el lunes y el martes. O sea, esta vez el dólar se mantuvo quieto en Europa, y más firme en Asia y América Latina. Con un elemento clave: el dólar subió en Japón a 104,55 yenes, su mayor precio desde julio último, lo cual refleja que la política monetaria del BoJ empieza a tener efecto.

En Argentina, el dólar oficial subió un centavo hasta $ 15,43 y el blue cedió cuatro, hasta $ 15,58. El único elemento para empezar a revisar con el billete verde tiene que ver con los rumores que hay en los bancos: las entidades financieras empiezan a comprender que Argentina sigue colocada en un callejón: toma deuda sin parar (ayer le tocó debutar a Santa Fe, pagando 6,9% anual por US$ 250 millones) y mantiene un déficit fiscal que no muestra ninguna salida.

Para peor, mientras el Gobierno vende en sus metas que el 2017 viene con una inflación proyectada de entre el 12 y el 17% anual, ayer se comprobó que los subtes aumentan 67% y que el ABL que deberán afrontar los porteños vendrá con una recarga del 38%.

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