Milton Friedman lanzó una de las frases más brillantes y provocativas de la historia del pensamiento económico: "Siempre y en todo lugar la inflación es un fenómeno monetario".
Para refutar una hipótesis conjetural basta con un contraejemplo. Propongo la política económica actual, pre-electoral, del Presidente Javier Milei. Es rabiosamente anti-monetaria. Él no lo sabe, pero lo es.
El Gobierno está llevando adelante cuatro medidas de política económica para bajar la tasa de inflación:
- Atrasar el tipo de cambio, conocido vulgarmente como "precio del dólar bajo", o " Argentina está cara en dólares;
- Abrir la economía para que las importaciones, más baratas a este dólar hiper atrasado, "disciplinen los precios" (definición de Martínez de Hoz), a costa del stress económico-financiero de algunos sectores de actividad argentinos;
- "Apretar" a los hipermercados para que bajen los precios: populismo de buenos modales (el populismo es contagioso, dijo M. Macri -coincido-;
- Establecer un techo de 1% mensual a alzas salariales (no homologar paritarias que lo excedan), mucho menores a la tasa de inflación mensual.
No entiendo, Presidente. ¿La inflación no era un fenómeno monetario, siempre y en todo lugar? Como está a la vista, su política económica cree que la inflación es una función del tipo de cambio, los salarios y la inercia inflacionaria -de ahí los aprietes- (además del déficit fiscal, claro está).
Si se tratara de un fenómeno monetario, para bajar la inflación bastaría con contraer la emisión de dinero. De hecho, el gobierno sostiene que ya lo hizo: "Secó la plaza de pesos".
La política económica oficial contradice abiertamente la teoría monetaria de la inflación. ¿Cómo se explica esta contradicción? Es bastante obvio: la inflación no es, de ningún modo, un fenómeno (exclusivamente) monetario.
Por cierto, la apretada a los supermercados no es algo ni ortodoxo ni heterodoxo, sino impresentable.
Sería sano ajustar la teoría económica a la realidad, en vez de pretender hacer lo contrario, Presidente.

