Frente a una nueva etapa

La reformulación de la política económica está dando resultado en su objetivo básico: recuperar cierta estabilidad

01-11-2018
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Por Matías Carugati Economista Jefe de Management & Fit

No queremos apresurarnos en evaluar la situación, pero la dinámica tras la reformulación de la política económica (y el apoyo ?con plata? del FMI) parece estar dando resultado en su objetivo básico y principal. Que es recuperar un marco de relativa estabilidad. Donde el sendero de las variables principales no está predeterminado pero sí puede preverse con cierto margen de error, lo que ayuda a anclar (un poco) las expectativas y ordenar las decisiones de los agentes.

La cautela obedece a que estamos frente a un escenario de equilibrios múltiples. En ausencia de shocks, el apretón monetario y la oferta de divisas deberían presionar el tipo de cambio hacia abajo. Idealmente, hasta el piso de la zona de no intervención, en la que la regla de emisión cero puede relajarse y la inyección de dinero (no esterilizada) aportaría liquidez suficiente para bajar las tasas de interés.

En la práctica, si la política es creíble, a medida que la cotización se acerque al piso es posible que aumenten las expectativas de depreciación (sería el único sendero visto como posible) y el tipo de cambio flotaría un poco más arriba del límite. Esto no implica que las tasas no bajen, ya que ello dependerá de la demanda de Leliq de los bancos (y, por esa vía, de la demanda de dinero).

Por ahora, se está dando la dinámica “buena” pero hay riesgos que conviene tener en cuenta. Primero, que la transición hacia un escenario de tasas de interés más bajas sea demasiado larga y costosa en términos socioeconómicos y ello obligue al Gobierno a reformular la política económica. Segundo, que, aun si se sostiene el esquema, los costos a pagar en materia económica sean tan altos que aumenta el riesgo político. Tercero, que el esquema no “aguante” un nuevo shock externo.

Que el riesgo país todavía no haya desandado el sendero que tomó desde mediados de año no es buena señal. Si bien el Gobierno tiene cubiertas sus necesidades financieras de corto plazo y no necesita emitir

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