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Entre el Mercosur y las tensiones internas

El comercio intra-Mercosur, la marcha a un acuerdo de libre comercio entre el bloque y la Unión Europea y Venezuela serán los ejes del encuentro.

03-10-2016
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por Héctor Rubini (*)

El presidente de Brasil, Michel Temer, llega a Buenos Aires para discutir con el Gobierno argentino una agenda de mayor integración y apertura comercial. El objetivo de largo plazo es el de impulsar una agenda orientada a fortalecer el comercio intra-Mercosur y la marcha a un acuerdo de libre comercio entre el bloque y la Unión Europea (UE). En el corto plazo, sin embargo, sigue flotando como un problema irresuelto la controversial permanencia de Venezuela en Mercosur.

Una nueva etapa La salida del poder de los gobiernos populistas de Argentina y Brasil, y el sesgo autoritario del régimen de Nicolás Maduro, motivaron los pronunciamientos contrarios a la permanencia de Venezuela en el bloque. En cierta medida, las cartas ya están echadas. El Gobierno venezolano no ajustó sus leyes a los estándares de política comercial, respeto de la democracia y de derechos humanos, a efectos de reducir sus asimetrías con los demás socios de Mercosur.

Ante esto y las recurrentes actitudes hostiles del régimen de Maduro hacia los gobiernos de varios miembros del bloque, por unanimidad se le emplazó el pasado 15 de septiembre a que “acelere la ratificación de los acuerdos del bloque pues de otro modo será suspendida el 1° de diciembre próximo”. Esto significa que tiene menos de dos meses para armonizar no menos de 300 normas internas incompatibles con las del resto del bloque y ajustar la legislación a cuarenta tratados internacionales suscriptos por los miembros del bloque.

Por el lado venezolano, no son pocas las actitudes del régimen de Maduro que han ya casi interrumpido todo diálogo con los gobiernos del Mercosur: a) las ofensivas expresiones de su canciller contra los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay, b) el rechazo del Gobierno de Maduro al plebiscito revocatorio, que probablemente jamás se realizará, c) la expulsión de altos funcionarios de su gabinete que apoyaban esa iniciativa y la persistente caza de brujas hacia todo lo que se perciba como opositor, d) la autodesignación como presidente pro tempore del Mercosur sin consenso del resto de los miembros, y c) el abandono de la Asamblea de las Naciones Unidas cuando iba a hacer uso de la palabra el presidente brasileño Temer.

Frente a esto, es natural llegar a un punto en el que los gobiernos del bloque hayan dicho “suficiente, con Venezuela hasta aquí llegamos”.

Los rumbos

Por un lado, es evidente que el rumbo del bloque se encamina a nuevas alianzas comerciales para las cuales es, en definitiva, inadmisible la presencia de régimen autoritario y conflictivo como el de Nicolás Maduro. Por otro, el Gobierno de Brasil necesita recuperar cierto oxígeno en el frente externo, dado que el escenario interno no parece mostrar cambios espectaculares. El compromiso con medidas de ajuste fiscal, elogiadas el viernes por el FMI, enfrentan fuerte resistencia y no sólo de los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT).

Como lo admite el Ejecutivo brasileño, la viabilidad de paquete de ajuste requerido para estabilizar expectativas y el futuro rumbo de la economía depende crucialmente de una pronta reforma constitucional.

Sin embargo, el consenso requerido y su viabilidad pueden depender del resultado de las elecciones municipales cuya primera ronda se celebró ayer. Los resultados indican cierto debilitamiento del PT, pero recién luego de la segunda ronda del próximo 30 de octubre quedará definido el mapa político brasileño. De todas maneras, la construcción de consensos para impulsar techos al gasto público por dos décadas y la reforma de la edad jubilatoria, parece demasiado ambiciosa

La marcha de la economía, que también preocupa a Argentina, dista de ser satisfactoria y la persistente recesión puede exacerbar la resistencia a la mayor austeridad fiscal que intenta alcanzar el Gobierno de Temer.

En el corto plazo se espera cierto rebote de la actividad en Brasil, pero nada espectacular. La mayoría de las proyecciones para este año coinciden en un cierre de 2016 con una baja del PIB entre 3% y 3,5% para este año, pero no hay consenso para 2017. Los más optimistas pronostican un crecimiento entre 2% y 2,5%, y, los más conservadores, un rebote entre 0,5% y 1%. En promedio, el PIB de Brasil cerraría 2016 con una baja de 3,25% y el año próximo crecería 1,6%, como lo ha proyectado el Ministerio de Finanzas.

Sería una buena noticia, pero nada espectacular, y exige el logro de las metas de ajuste fiscal, una mejora del clima político, y una efectiva baja de la inflación. De lo contrario, la incertidumbre política y la inestabilidad interna desalentarán el ingreso de capitales, y la recuperación económica sin turbulencias cambiarias ni un rebote de la inflación deberían esperar para 2018. Ese sería uno de los peores escenarios, no sólo para los brasileños sino también para las exportaciones de la industria manufacturera de nuestro país, en particular, del sector automotriz.

Es probable que a fines del primer trimestre de 2017 sea más claro el rumbo de las reformas impulsadas por Temer, y su fortaleza o debilidad como Presidente. Todo dependerá del rumbo todavía incierto de la investigación Lava Jato (y quizás otras), que ya han provocado la renuncia de cuatro ministros de la actual administración.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL

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