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Argentina ante la “guerra de monedas”

Editorial

26-08-2015
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Con la devaluación del yuan podría haber comenzado un nuevo capítulo de la llamada “guerra de monedas”. Esa es la preocupación de muchos gobiernos. Deteriorando el valor de su moneda, una economía gana competitividad para sus exportaciones y, al encarecer las importaciones, les brinda una protección adicional a los productores locales.

Esa es la teoría, pero las devaluaciones no tienen el impacto de antes. Hoy los procesos productivos están integrados con bienes de distintos lugares del mundo, se comercia mucho intraempresas y crecen los intercambios dentro de la misma región cuyas monedas tienden a moverse acompasadamente. Las monedas asiáticas se movieron rápidamente al ritmo de la devaluación del yuan.

Por eso, la decisión de las autoridades chinas no tuvo como objetivo incrementar las exportaciones para volver a crecer a tasas más altas sino permitir que las fuerzas del mercado tengan un mayor peso en la determinación de la cotización del yuan. Así pretenden elevar su estatus internacional. Más aún, China aspira a que su crecimiento durante los próximos años no esté liderado por las exportaciones y la inversión sino por el consumo interno. Ya representa un porcentaje importante del comercio mundial y no tiene como objetivo incrementarlo y, además, su estructura productiva demanda que muchas importaciones de materias primas y productos semielaborados que también se encarecen con una devaluación.

Pero aunque no se haya desatado una guerra de monedas, hay en los últimos meses una clara tendencia al fortalecimiento del dólar contra el resto. Esto es consecuencia del mejor desempeño de la economía de Estados Unidos con relación a la de los demás países ricos y la posibilidad de una suba de las tasas de interés que hagan más atractivas las colocaciones en dólares.

En este contexto global se ubica Argentina y no puede abstraerse de él. Sus principales socios comerciales han devaluado sus monedas y no podrá evitar seguir ese camino. Más allá del debate ideológico o las chicanas políticas en el marco de la campaña electoral, la realidad internacional ?en la cual Argentina influye poco? hace insostenible continuar con la política de atraso cambiario.

La economía local funciona mejor con un tipo de cambio alto que permite desarrollar actividades productivas, generar más empleo de calidad e integrar al país porque crea oportunidades de negocios en todo su territorio. Las pruebas en ese sentido son concluyentes en la experiencia argentina. Pero está claro que no es suficiente con eso. Devaluar sin un plan para reducir la tasa de inflación no tendría ningún efecto porque al poco tiempo la suba de precios habrá diluido todo adelanto cambiario y se habrá pasado por un proceso de zozobra social innecesario. Todos los agentes económicos descuentan que en 2016 el dólar subirá a una tasa más alta que la de otras variables. El gran desafío es adecuar el tipo de cambio sin generar nuevas distorsiones. Será la primera tarea del próximo gobierno.

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