Los Seattle Seahawks están ante un momento bisagra de su historia tras salir campeón del Super Bowl 2026. A la consagración deportiva más importante de la última década se suma ahora una operación que promete sacudir los cimientos de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL, por sus siglas en inglés): la eventual venta de la franquicia, que podría convertirse en la más cara jamás realizada en el deporte profesional de Estados Unidos y activar, al mismo tiempo, uno de los mayores movimientos filantrópicos vinculados al deporte.
La noticia cobra fuerza en un contexto inmejorable. Seattle acaba de consagrarse campeón del Super Bowl LX tras vencer con autoridad a los New England Patriots por 29 a 13 en el Levi's Stadium de Santa Clara. Con este triunfo, la franquicia logró su segundo título (el primero desde 2013) y selló una temporada que no solo la devolvió a la cima deportiva, sino que potenció de manera directa su valor de mercado justo cuando se multiplican las versiones sobre su salida a la venta.
En los despachos de la liga ya descuentan que el precio final romperá todos los récords previos y superaría ampliamente la venta de los Washington Commanders, adquiridos en 2023 por US$ 6.050 millones. De confirmarse, la operación marcaría un nuevo techo histórico para una franquicia de la NFL.
La historia detrás de la venta es tan singular como contundente. Los Seahawks pertenecen a la familia Allen desde 1997, cuando Paul Allen, cofundador de Microsoft, compró la franquicia por apenas US$ 200 millones. Tras su fallecimiento en 2018, los equipos deportivos quedaron bajo la administración de un fideicomiso encabezado por su hermana, Jody Allen. El traspaso responde a un mandato que dejó establecido en su testamento que sus franquicias deportivas debían venderse y que el dinero obtenido fuera destinado íntegramente a causas benéficas.
Ese proceso ya está en marcha en la NBA. Los Portland Trail Blazers, también propiedad de Allen, se encuentran cerca de concretar su venta por unos US$ 4.250 millones, lo que refuerza la idea de que Seattle seguirá el mismo camino. Desde el entorno del fideicomiso reconocen que no hay una fecha inmediata, pero admiten que la venta es inevitable. "Ya dijimos que eso cambiará en algún momento, según los deseos de Paul. Hoy estamos enfocados en haber ganado el Super Bowl y en completar la venta de los Trail Blazers", señaló un portavoz.

A este mandato hereditario se suma un factor institucional clave. La NFL exige que la propiedad mayoritaria de cada franquicia esté en manos de una persona física y no de una estructura jurídica como un fideicomiso. El objetivo es garantizar transparencia, responsabilidad directa e identificación clara del dueño ante la liga y el público. El incumplimiento de esta norma puede derivar en sanciones económicas severas, un elemento que acelera los tiempos y convierte la venta en una cuestión de cuándo, no de si.
El contexto del negocio juega a favor. Desde 2020, el valor de las franquicias de la NFL se disparó un 120%, impulsado por los nuevos contratos de televisión, el crecimiento global del deporte y la solidez de sus ingresos. El sitio Sportico, especializado en el negocio del deporte, valúa hoy a los Seahawks en torno a los US$ 6.600 millones, mientras que el promedio de la liga asciende a US$ 7.130 millones. Sin embargo, la propia NFL estima que el precio final podría ubicarse entre los US$ 7.000 y 8.000 millones, apalancado por el reciente campeonato, una base de fanáticos global y el atractivo estratégico de un mercado tecnológico de alto poder adquisitivo como Seattle.
El Super Bowl LX también dejó cifras récord fuera del campo. Los jugadores de los Seahawks recibirán el mayor prize money de la historia de la competencia: US$ 178.000 por integrante, unos US$ 7.000 más que en la edición anterior, lo que eleva a aproximadamente US$ 8.000.000 el total a repartir dentro de la franquicia. En paralelo, NBCUniversal fijó el precio de los anuncios más codiciados en hasta US$ 10 millones por 30 segundos de emisión, mientras que las entradas alcanzaron un valor promedio cercano a los US$ 8.230, el segundo más alto registrado para el evento.
Así, el futuro de los Seattle Seahawks combina gloria deportiva, una transición empresarial histórica y un legado excepcional. Cuando la venta se concrete, no solo cambiará de manos una de las franquicias más emblemáticas de la NFL: también se activará el último gran deseo de Paul Allen, transformar el éxito del deporte profesional en un impacto filantrópico de escala global.


