El Super Bowl, la final del fútbol americano más vista del planeta, se disputará este 8 de febrero en el Levi's Stadium de Santa Clara, California, y volverá a confirmar por qué es mucho más que un evento deportivo: es el mayor escaparate publicitario del mundo. En esta edición, el valor de un aviso televisivo de 30 segundos trepó a cifras récord, con un promedio cercano a los US$ 8 millones, lo que lo consolida como el espacio de mayor costo por segundo en toda la industria mediática global.
Ese precio refleja una combinación única: una audiencia masiva que puede superar los 127 millones de espectadores solo en Estados Unidos, una transmisión global que se amplifica en streaming y redes sociales, y la certeza de que durante esas tres horas el mundo entero mira el mismo contenido en simultáneo. Para muchas empresas, el gasto no se limita al aire. La producción de los comerciales, la contratación de celebridades y la estrategia digital posterior elevan la inversión total a decenas de millones de dólares por campaña.
En lo deportivo, el Super Bowl LX cerrará la temporada de la NFL con un duelo cargado de historia entre New England Patriots y Seattle Seahawks, once años después de aquella inolvidable final de la edición XLIX que terminó con el título de los Patriots y dejó una herida abierta en Seattle. El partido comenzará a las 20:30 (hora argentina) y promete una audiencia que podría volver a romper récords.
El espectáculo de medio tiempo será uno de los grandes hitos del Super Bowl. Bad Bunny será el protagonista central, convirtiéndose en el primer artista latino en encabezar en solitario el halftime show, una señal clara de la estrategia de la NFL para reforzar su expansión internacional y su vínculo con el público hispano.
El cantante puertorriqueño, que ya había participado del show en 2020 junto a Shakira y Jennifer López, llega en el pico de su popularidad global, con récords de reproducciones y premios, y con la expectativa de sumar invitados del mundo de la música urbana.
Además, la ceremonia contará con una apertura especial de Green Day en conmemoración del 60° aniversario de la competencia, y con interpretaciones tradicionales a cargo de figuras como Brandi Carlile, Coco Jones y Charlie Puth.

Pero si hay un terreno donde el Super Bowl no tiene rival, es el publicitario. Más de 150 marcas participarán este año, casi 40 de ellas debutantes, según datos de NBCUniversal, la cadena que transmitirá el evento en Estados Unidos a través de NBC, Peacock y Telemundo. El inventario publicitario se agotó cinco meses antes del partido, impulsado también por una estrategia que vinculó estos espacios con paquetes para los Juegos Olímpicos de Invierno 2026.
El desfile de celebridades vuelve a ser una marca registrada. Peyton Manning aparecerá por segundo año consecutivo, esta vez en un comercial de cerveza junto a Post Malone y Shane Gillis, en una pieza cargada de humor y nostalgia musical.
Serena Williams será una de las figuras centrales de una campaña vinculada a medicamentos GLP-1, mientras que nombres como Sabrina Carpenter, Emma Stone, Matthew McConaughey, Ben Stiller, Bradley Cooper, Kendall Jenner, Sofía Vergara, Jennifer Aniston y Ben Affleck también dirán presente en distintos anuncios. La apuesta por rostros conocidos sigue siendo clave en la pelea por la recordación, en un contexto donde cada segundo de atención vale oro.
El listado de marcas confirma la magnitud del evento. Apple será el sponsor del show de medio tiempo, mientras que Anheuser-Busch InBev concentrará cerca de dos minutos y medio de aire con Budweiser, Bud Light y Michelob Ultra, que vuelve a apostar fuerte tras el impacto logrado en la última edición con Lionel Messi como figura central de su comercial.
También se destaca el regreso con fuerza de los anunciantes del sector automotor: Toyota y, especialmente, Cadillac, que aprovechará el escenario global para presentar el monoplaza con el que debutará en la Fórmula 1.
La grilla se completa con una verdadera constelación de gigantes del consumo, el entretenimiento y la tecnología: Pepsi, Expedia, Lay's, Pringles, Doritos, Hellmann's, Dove, Xfinity, Kellogg's, Grubhub, Kinder, Hims, NERDS, Oikos, Bosch, State Farm, Skittles, Dunkin' Donuts, Instacart, Fanatics Sportsbook, Squarespace, Ritz, General Motors, P&G, Netflix, Amazon Prime, Meta, Unilever, Uber Eats y Novartis, entre otros.
Un dato que marca época: OpenAI también emitirá un anuncio de 60 segundos, reflejando el creciente interés de las compañías de inteligencia artificial por disputar visibilidad en los espacios publicitarios más caros y masivos del planeta.
El impacto económico del Super Bowl va mucho más allá de la pantalla. La última vez que Santa Clara fue sede, el evento dejó US$ 240 millones en la región, y las autoridades de California estiman que este año la cifra podría duplicarse hasta rondar los US$ 500 millones, con unos 100.000 visitantes atraídos por el partido y las actividades paralelas organizadas por marcas y patrocinadores. El Levi's Stadium, además, inaugurará un ciclo histórico de grandes eventos en el estado, que incluirá partidos del Mundial de fútbol, el All Star de la NBA, los X Games y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
En un ecosistema mediático cada vez más fragmentado, el Super Bowl sigue siendo el único momento capaz de concentrar audiencias masivas en vivo, generar conversación global y convertir a los anuncios en contenido viral antes, durante y después del partido. Por eso, más allá del resultado deportivo, la verdadera competencia se juega también en cada tanda publicitaria, donde las marcas buscan no solo vender, sino ser relevantes, memorables y parte de la conversación mundial.