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Presupuesto 2014

Más allá del dibujo

07 octubre de 2013

(Columna de José Anchorena, director de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar)

Estos días, a causa de la discusión sobre el Presupuesto 2014, se dio un consenso entre economistas de que se trata de un dibujo, literalmente. La falsedad del Presupuesto no se reduce a las cifras de inflación y crecimiento ni a la adjudicación de partidas, sino que se extiende a la interpretación de la naturaleza del gasto presupuestado. Por un lado, el Gobierno dice que se trata de un Presupuesto para continuar con el crecimiento.

Por el contrario, se trata de un Presupuesto que asegura el subdesarrollo. En efecto, el parate a la economía argentina llegó en el 2012 para quedarse. No se puede hablar de continuidad del crecimiento cuando prácticamente no se crece. ¿Cómo hablar de crecimiento cuando no se ha recuperado el empleo previo luego de la recesión de 2009? (Nota al pie: vean los dramáticos datos de empleo de pymes industriales compilados por la Fundación Observatorio Pyme).

Tampoco se puede hablar de crecimiento simplemente por un salto trimestral debido a un impulso de demanda por aumento del gasto público que, por otra parte, es cada vez menos efectivo (de la misma manera, no se denomina mayor inflación si el nivel de precios aumenta desproporcionadamente un solo mes). En la década del '80, la Argentina creció espasmódicamente. El balance, inclusive antes de la crisis hiperinflacionaria, terminó siendo de estancamiento.

Algo similar está sucediendo desde 2012 (si no desde 2007) y lamentablemente seguirá así por algunos años. Las razones son simples: la política económica en general, y la fiscal en particular, juegan en contra del crecimiento. Los efectos que pudieron ser positivos por unos años ya se tornaron negativos. El largo plazo, contrariamente a la boutade de Keynes, ya llegó: no nos encuentra muertos pero sí estancados y con malas expectativas.

El BCRA

¿Por qué el gasto presupuestado juega en contra del crecimiento? Primero, porque no prevé una manera de financiarse que corte con las transferencias del Banco Central. Esta característica asegura que aquél no pueda tener una política antiinflacionaria y, por tanto, asegura la continuidad, e inclusive el aumento, de la inflación. Debe recordarse aquí que el organismo que se utiliza en todo el mundo para controlar la inflación es justamente el banco bentral y que, en términos prácticos, éste ha sido desmantelado. En forma parecida a la mala elección de los directivos de Aerolíneas Argentinas, esa institución está dirigida por pseudodesarrollistas, como su titular Mercedes Marcó del Pont.

Hubo un período hasta los años '70 en el que no había claridad en la teoría económica sobre las causas de la inflación y sobre el set de instrumentos a usar para controlarla. Fue un período durante el cual se mezclaban políticas que funcionan (por ejemplo, el manejo de la emisión monetaria y de la tasa de interés) con políticas que no lo hacen (por ejemplo, el control de precios). La experiencia de muchos países y el refinamiento científico llevaron a un consenso que descarta las segundas y enfatiza las primeras.

Sólo un extraño giro de la historia, mezcla de un poder sin límites apropiados como la de los Kirchner junto a niveles de improvisación tan elevados como los de Guillermo Moreno, ha permitido que nuestro país vuelva a aplicar esas recetas rechazadas tanto por la experiencia como por la teoría. El resultado es, como dijimos, el retraso, la pobreza y el desencanto.

Presupuesto anti-crecimiento

Pero hay otras razones por las que el gasto presupuestado atenta contra el crecimiento. El gasto de capital sigue siendo bajo, cercano al 11%. En la Fundación Pensar estamos armando un plan de infraestructura pública, el cual prevé inversiones en trenes, puertos, autopistas, vivienda, energía, comunicaciones, obras hídricas, escuelas y hospitales, que implica un gasto de capital del 20% del total. Hacia allí hay que ir y nada de eso aparece en este nuevo Presupuesto. Por el contrario, el gasto de capital es la principal variable de ajuste de este Gobierno, que corta proyectos fundamentales porque no le cierran las cuentas.

En tercer lugar, el Presupuesto no da ninguna señal para restablecer la confianza y los incentivos de inversores privados, sean argentinos o extranjeros. Por ejemplo, nada dice de bajar los impuestos que afectan negativamente las decisiones de inversión y la generación de empleo, como el impuesto al cheque o los derechos de exportación. Por otro lado, no se aboca a la resolución de la deuda contingente generada por los cientos de miles de juicios (y pueden ser más) de jubilados damnificados en sus derechos desde 2002. Como la de los holdouts, pero más dramática todavía, esa deuda se está convirtiendo en una espada de Damocles sobre el Estado Argentino. Néstor y Cristina lo hicieron.

En cuarto lugar, siguen sin focalizar las acciones en tres áreas en que la presencia del Estado es absolutamente necesaria: educación, salud y seguridad. En el mediano plazo, deficiencias a este respecto impactan sobre la tasa de crecimiento potencial. En los '90, el Estado Nacional delegó esas responsabilidades en los estados provinciales sin un traspaso equivalente de recursos. (algo similar a lo que hizo en estos años con la ciudad de Buenos Aires en lo que respecta a subtes, policía, etcétera). El resultado, pasados veinte años, fue el deterioro paulatino de los sistemas educativo, de salud y de seguridad.

El nuevo presupuesto sigue sin dar respuesta a cómo reasignar partidas con las provincias para solucionar esta problemática. El gasto presupuestado continúa con la política de los últimos años: además de alentar el subdesarrollo, es regresiva, procíclica e ineficiente. Regresiva porque, in extremis, entrega subsidios energéticos cuantiosos a personas que poseen mansiones con piletas climatizadas, financiados con el impuesto inflacionario, el cual impacta directamente en personas empobrecidas que operan sólo con efectivo. O porque, otra vez en un caso paradigmático, le otorga una jubilación a una persona que nunca trabajó pero que tiene gran riqueza patrimonial y no le paga una jubilación acorde, según indica la Constitución Nacional, a quien cumplió con todos los requisitos pero no es siquiera dueño de una casa. Procíclica porque, a pesar de toda la retórica keynesiana, no hay nada más lejos de lo propuesto por Keynes y sus seguidores, quienes alientan una política contracíclica cuya base es el ahorro y el endeudamiento: en tiempos buenos, se ahorra y en tiempo malos, se gasta y se desahorra o endeuda.

Por el contrario, en los últimos años se ha dado una tendencia continua al déficit fiscal, lo que lleva a que se gaste cuando hay ingresos (sea por tributos o transferencias del Banco Central, dado que el endeudamiento con los privados es nulo) y se corte el gasto cuando no queda de dónde rascar. Eso es una política procíclica e irresponsable, cuya conclusión es, inexorablemente, una crisis fiscal y monetaria.

Los bienes públicos

Por último, es una política ineficiente pues los cuantiosos recursos se traducen en magros bienes y servicios. Esto se ve cuando el kilómetro de ruta cuesta bastante más que en casi cualquier otro lugar del mundo, cuando la empresa estatal de aviación pierde plata sin solución de continuidad debido a viajes internacionales que no crean ninguna externalidad positiva para el país, o cuando el empleo público se expande simplemente porque el Gobierno no quiere o no sabe cómo generar las condiciones para que lo haga el empleo privado. En suma, el Presupuesto es un dibujo por los números pero, más importante, porque la política fiscal es retardataria, regresiva, procíclica e ineficiente.

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