Gasto público Se gasta más en subsidios a los servicios públicos que en salarios de empleados públicos
Los subsidios a los servicios públicos son muy perversos desde el punto de vista social
Economista
Especialista en economía laboral, de la educación, de la salud, de la protección social y del sector público.
Master en Economía (Universidad de Georgetown, USA/Chile) y Master en Finanzas (Escuela de Negocios de Amsterdam, The Netherlands)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Español, inglés
Los subsidios a los servicios públicos son muy perversos desde el punto de vista social
La tasa de desempleo en el 3° trimestre 2021 fue de 8,2% de la población activa, muy por debajo del 11,7% del año pasado y del 8,3% del 3° trimestre del 2017
¿El Gobierno está decidido a abordar la actualización de las tarifas a la energía, y reducir el déficit primario? Si es así, esa señal es más potente que un acuerdo con el FMI
En la provincia de Buenos Aires hay 18 millones de habitantes (40% del país) de los cuales 12 millones están concentrados en el conurbano
Aparecieron los resultados de la ERCE 2019 de la Unesco: 46% de los niños de 3* no tiene capacidades de lectura y cuando llegan a 6*, 68% no las tienen
El avance de intervenciones nacionales sobre funciones provinciales y municipales no es original
En el desorden a veces hay alguna pieza, coyunturalmente clave, que permite dar una señal potente: pueden ser las tarifas
La pasa por multiplicar las inversiones y los empleos de razonable productividad
El Gobierno enfatiza que la fórmula es “primero se crece, después se paga”, pero el FMI le está pidiendo “decime cómo pensás hacer para crecer”
Con federalismo, el Estado nacional se debe hacer cargo de todo lo que sea interprovincial y los Estados provinciales de todo lo que corresponda al territorio de la respectiva provincia
Lo que hay que mejorar es la calidad de los empleos y la empleabilidad de los pobres, no aumentar el asistencialismo.
Es claro que el fracaso del “Un puente al empleo” está asegurado, como ya lo demostró el “Empalme”.
“Poner plata en el bolsillo de la gente” produce una paradoja: si se financia con emisión monetaria, eso hace que, luego, la inflación la licúe.
La salida de esta crisis laboral no es automática con el paso de la pandemia: requiere de pericia técnica y cierta audacia política.
Los cuentapropistas no profesionales y los asalariados no registrados son “laburantes” en su imaginario, y no “planeros”.
El Gobierno pierde las primarias quiere recuperar el salario real: el problema es que no están dadas las condiciones para el modelo del populismo que se quiere reeditar (2004 ? 2012).
La propuesta de crear una “mochila” por trabajador para financiar el despido es menos eficiente que la alternativa de que la “mochila” esté en cabeza del empleador.
Con los actuales incentivos de la coparticipación, no hace mucho sentido tener políticas de desarrollo local.
La masividad y el cambio de naturaleza hacia el “plan social”, tal como hoy se conoce, se dio con la crisis del 2002. Su gravedad justificó distribuir 2,2 millones de subsidios con el Plan Jefas y Jefes de Hogar. Allí se dio vuelta el formato y, hasta ahora, eso no se revirtió.