La salida de la crisis laboral no es automática con el paso de la pandemia

La salida de esta crisis laboral no es automática con el paso de la pandemia: requiere de pericia técnica y cierta audacia política.

Desempleo-coronavirus
Jorge Colina Jorge Colina 29-09-2021
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Por Jorge Colina (*)

En el peor momento de la cuarentena que fue el 2° trimestre del año pasado se registraron 3,3 millones de ocupados urbanos menos. Las pérdidas fueron muy desiguales. Hubo 1,8 millones de asalariados informales que perdió el empleo, 1,2 millones de cuentapropistas que tuvieron que dejar de trabajar y 300.000 asalariados formales menos.

En el 2° trimestre de este año, los 3 millones de asalariados informales y cuentapropistas que habían perdido el empleo en la cuarentena se recuperaron. Pero con 400.000 asalariados informales menos y el mismo número en positivo para los cuentapropistas. Es decir, hubo un cambio en el perfil de la informalidad inclinándose hacia el cuentapropismo en desmedro del empleo asalariado informal.

El empleo asalariado formal privado, en cambio, se mantiene 200.000 abajo. Se recuperaron sólo 100.000 nuevos ocupados.

Esto señala que está más difícil encontrar empleo asalariado, sea en blanco o en negro, por eso es que la ocupación aumenta por la vía del cuentapropismo.

Las razones no son difíciles de encontrar. Los datos de actividad económica del Indec, que mide la economía formal, señalan que se habría recuperado la actividad al nivel de comienzo de la cuarentena. El punto es que el futuro inmediato es incierto en términos de cómo seguirán las ventas y los costos en una economía con inflación en alza. En la economía formal prevalece una actitud expectante que lleva a los empleadores a trabajar con el personal que tienen. Por eso el empleo formal se mantiene abajo.

En la economía informal la incertidumbre es similar pero, además, hay caída de los ingresos. Por eso, los pequeños empleadores de este segmento no toman la misma cantidad de gente que antes de la cuarentena. Esta gente que no consiguió volver al empleo asalariado informal se pasó el cuentapropismo.

Un mercado laboral donde se expande el cuentapropismo es uno donde prevalece la baja productividad. Esto significa que hay mucha gente que trabaja pero obtiene magras remuneraciones y además intermitentes. Si el problema se extiende en el tiempo, las consecuencias serán la pérdida de empleabilidad de muchas de estas personas, especialmente los jóvenes si no terminan la secundaria y no acumulan experiencia laboral relevante en el mundo formal.

La salida de esta crisis laboral no es automática con el paso de la pandemia, no es de corto plazo y requiere de pericia técnica y cierta audacia política.

En primer lugar hay que recuperar la estabilidad de precios para lo cual hay que ordenar estructuralmente al Estado en sus tres niveles de gobierno. No se trata sólo de disminuir el déficit fiscal. Esto es un paliativo para controlar la inflación. Para sentar las bases de una economía en crecimiento se necesita un Estado moderno que brinde servicios de calidad.

Esto es un Estado que construya competitividad. Presión tributaria tolerable con impuestos no distorsivos, buena infraestructura, regulaciones que promuevan la competencia, la transparencia y la simplicidad, seguridad física y a la propiedad, una justicia ágil para dirimir conflictos y todo elemento que contribuya a la facilidad para hacer negocios formales. Esto promoverá las inversiones, la creación de nuevas empresas y las exportaciones que servirán para importar más y así mantener la economía en crecimiento.

Lo anterior son las condiciones para generar inversiones. Pero para que dichas inversiones ocurran tiene que haber mano de obra calificada. El cuello de botella en Argentina en este tema son los jóvenes que no terminan la secundaria. Por lo que, en paralelo con generar el clima de negocios, hay que lograr que los jóvenes de los hogares más humildes terminen la secundaria y que la calidad educativa sea bastante mayor a lo que es hoy o a lo que era antes de la pandemia, incluso.

Luego viene lo más desafiante que es la modernización de las instituciones laborales. Aquí hay tres temas pesados. Bajar las cargas sociales posiblemente focalizando en los pequeños empleadores, descentralizar la negociación colectiva a nivel de la firma para las pyme y desjudicializar la terminación del vínculo laboral.

En suma, no es otra cosa que generar demanda laboral con políticas de facilidad de los negocios, la oferta laboral con buenas políticas educativas que preparen a los jóvenes para el mundo del trabajo y modernizar las instituciones laborales para facilitar el encuentro pacífico y virtuoso entre la demanda y la oferta laboral.

(*) Idesa

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