“El Gobierno tiene una política exterior tercermundista que dirige la vicepresidenta”  

5 de febrero, 2021

“El Gobierno tiene una política exterior tercermundista que dirige la vicepresidenta”   

Por Damián Cichero

Mariano Caucino fue embajador de Argentina en Israel y Costa Rica. Naturalmente, es un avezado especialista en relaciones internaciones y un estudioso de un país en particular: Rusia. “Rusia Actor Global” (el estadista, 2015) y “La Rusia de Putin: Mito y realidad del liderazgo post-soviético” (Ediciones B, 2016) son dos libros de su autoría sobre la potencia euroasiática, a menudo incomprendida por Occidente. “Hay quien dice que Rusia es una suerte de civilización en sí misma, con una mirada hacia Occidente y otra hacia Oriente”, dice Caucino sobre el país. En diálogo con El Economista, analiza la relación de Argentina con Rusia, los primeros movimientos de Joe Biden en la Casa Blanca y critica la dirección de la política exterior del Gobierno del Frente de Todos. 

¿Fue acertada la estrategia del Gobierno de priorizar la vacuna Sputnik V por sobre otras vacunas?

Lo deseable es tener vacunas efectivas, lo antes posible. Creo que es un error ideologizar las vacunas por el origen de las mismas. La vacuna Sputnik ha recibido la aprobación de la comunidad científica, hasta donde sabemos. La publicación en The Lancet es un gran respaldo. Pero en materia científica, no le puedo responder cuál era mejor vacuna porque no lo sé. Yo soy abogado y sigo los asuntos de la política internacional. Pero no soy médico ni científico como para responderle. Por otro lado, el Gobierno de Argentina se ha manejado con una cantidad de contradicciones tan grande en ésta y otras materias que me resulta imposible analizar el tema con la seriedad que requiere el asunto.

¿Cuál es la estrategia del Gobierno con la designación de Eduardo Zuain como nuevo embajador en Rusia?

El Gobierno ha dicho que quiere dar prioridad a la relación con la Federación Rusa, pero ha tenido algunos tropiezos en el vínculo con Moscú. Primero retiraron a un embajador, como el diplomático Ricardo Lagorio, que estaba haciendo una buena tarea, cosa que era lógica porque cuando hay un cambio de administración es entendible que se modifiquen las representaciones en los países clave. Pero hubo algunas desinteligencias con la designación de la embajadora que iba a ser destinada allí, que finalmente desistió ir, en medio de acusaciones al canciller y al propio Presidente, algo que, como mínimo, fue poco elegante. Con respecto al designado embajador, entiendo que es una persona de confianza de la vicepresidenta, lo cual es un activo importante, toda vez que todos sabemos que ella es la jefa política del Gobierno. Puede no gustarme Cristina Kirchner, pero ella tiene condiciones de jefatura política que no se pueden desconocer. Personalmente, conozco superficialmente al embajador Zuain, con quien he tenido oportunidad de conversar informalmente en alguna ocasión, hace algunos años, cuando él era embajador en Paraguay y yo en Costa Rica y la entonces canciller, Susana Malcorra, hizo una reunión de embajadores en Latinoamérica. Cuando lo designaron, lo felicité y le mandé un ejemplar de un libro que yo escribí hace un tiempo sobre las relaciones ruso-americanas en el final de la Guerra Fría y en el período possoviético, cosa que él me agradeció mucho. Zuain es kirchnerista y yo soy opositor. Pero le tengo respeto y creo que puede hacer una buena tarea. Por otro lado, el hecho de que haya sido vicecanciller y embajador en un país vecino en el pasado implica que se trata de un individuo dotado de una experiencia importante y eso es valioso. Le deseo éxitos.

¿Qué se puede esperar de la política exterior de Argentina?

Depende de lo que haga el Gobierno. La política exterior es una facultad casi exclusiva del Poder Ejecutivo. Hasta ahora, desde la asunción de Alberto Fernández en diciembre de 2019, han deteriorado todas las relaciones con los vecinos y han generado una suerte de aislamiento regional. Esta realidad se puso de manifiesto cuando el Gobierno se negó a condenar a la dictadura en Venezuela en cada oportunidad que se presentó. Lo mismo sucede cuando adopta posiciones que en los hechos implican un aval a la Cuba de los Castro, la Nicaragua de Daniel Ortega-Rosario Murillo o cuando el presidente dice en el Grupo de Puebla que añora a (Hugo) Chávez, a (Rafael) Correa, a Evo Morales, a Pepe Mujica, a Lula y a otros presidentes de izquierda, con lo cual está implícitamente agrediendo a sus pares de la región. Del mismo modo ha provocado inútilmente a Estados Unidos en las votaciones en la OEA y el BID. La realidad es que han estado dando aval a los gobiernos más cuestionados de la región, algo que es inadmisible desde el punto de vista del respeto de los derechos humanos en las Américas. En una palabra le diría que el Gobierno debería revertir totalmente su política exterior tercermundista, pero lamentablemente no creo que lo hagan. No tengo grandes esperanzas dado que la política exterior la dirige estratégicamente la vicepresidenta.

¿Cómo posiciona la Sputnik V a Rusia internacionalmente?

Le reitero, yo no tengo los conocimientos científicos como para juzgar a una u otra vacuna. Solo le puedo decir que nunca adherí a esa suerte de rusofobia extendida en Occidente que hace suponer que todo lo que venga de Rusia es malo. Por el contrario, Rusia es un gran país, una gran potencia, una realidad geopolítica innegable que ha hecho contribuciones muy importantes al mundo. Por caso, en la Segunda Guerra Mundial donde casi veinticinco millones de soviéticos dieron su vida para liberar a Europa de las garras del Tercer Reich. Y creo que está en los intereses de Occidente tener la mejor relación posible con Rusia. En síntesis le diría que Rusia es un país que más allá de las cuestiones políticas o ideológicas, siempre tuvo un nivel científico de vanguardia.

¿Qué se puede esperar de la relación ruso-estadounidense con la llegada de Joe Biden al poder?

En este punto, es fundamental observar si la Administración Biden es, como dicen algunos críticos, la tercera presidencia de (Barack) Obama o si se constituye en una experiencia nueva. Si fuera el caso de una restauración de la era Obama, algo que yo no creo necesariamente, podría implicar peligros dado que durante el período de Obama las relaciones ruso-americanas se deterioraron gravemente y los malosentendidos entre Washington y Moscú se profundizaron por una serie de razones que sería muy largo explicar pero que tienen que ver sobre todo con la incomprensión mutua sobre el fin de la Guerra Fría y los sucesos que la siguieron. Básicamente, por la política de expansión de la OTAN a lo largo de los países que integraban hasta entonces el Pacto de Varsovia, una medida que no podía hacerse sino provocando la inquietud y el rechazo del Kremlin. Pero las cosas no tienen necesariamente que ser así. Biden es un hombre sumamente experimentado y uno puede suponer que no va a repetir los errores del pasado. Piense en Medio Oriente. Tiendo a creer que buena parte del establishment de política exterior de Estados Unidos ha comprendido, y eso incluye a ambos partidos, los errores que se cometieron en la llamada “Primavera Arabe,” un fenómeno que tuvo lugar hace exactamente una década y que derivó en uno de los errores más graves de los últimos tiempos en la región más compleja y dinámica del mundo. En síntesis, con respecto a su pregunta, creo que lo deseable es que Estados Unidos y Rusia encuentren puntos de contacto y cooperación. Como dijo alguna vez un ex secretario de Defensa norteamericano, dos superpotencias nucleares no pueden darse el lujo de mantener el nivel de incomunicación y sospechas cruzadas que han mantenido en el último tiempo. Es un asunto muy complejo que hace a la paz y la seguridad del sistema en su conjunto dado que Estados Unidos y Rusia siguen siendo las dos potencias que mantienen los arsenales nucleares más grandes del mundo.

¿Cuál es su opinión sobre la condena de Alexei Navalny?

A nivel personal, me parece obviamente cuestionable. Pero le diría que a menudo es imprudente aplicar categorías políticas de manera universal. Hay situaciones que serían inadmisibles en Occidente, naturalmente. Pero hay que tener en cuenta que Rusia no es un país enteramente occidental. En Rusia no hay un sistema democrático al modelo occidental, por supuesto. Pero nunca lo hubo. Si usted va hacia atrás, encuentra a la Unión Soviética, el período de Stalin, la guerra. Antes, la Revolución. Y antes, el feudalismo del periodo zarista. Quiero explicarle que nunca hubo libertad. Hay quien dice que Rusia es una suerte de civilización en sí misma, con una mirada hacia Occidente y otra hacia Oriente. Hasta sus dos ciudades más importantes, Moscú y San Petersburgo, representan ambas vocaciones. Por eso creo que a veces en Occidente no se comprenden algunas situaciones, que pueden parecernos repudiables según nuestros criterios democráticos y de gobierno limitado. Lo mismo se puede decir de China. Y esa realidad es la que explica por qué tantas veces el reclamo democrático no tiene en esas latitudes la envergadura que uno podría suponer que debería tener. Las sociedades no occidentales no atravesaron fenómenos históricos como el Renacimiento, la Ilustración o la Reforma Religiosa, o al menos no las vivieron en la misma medida y con la misma extensión. Por ello a la hora de analizar qué sucede en países con gobiernos autocráticos conviene tener presente esa realidad. Con respecto al caso concreto, solo conozco el mismo por las noticias periodísticas y por lo tanto me parece imprudente dar opiniones particulares.