Los halcones desplazan a las palomas: grieta exponencial

6 de julio, 2020

Por Augusto Milano

Se picó (aún más) el clima político en Argentina y las facciones más extremas de ambos lados de la grieta se tiran con todo. Fue algo que empezó “tranquilo”. Una suerte de “repolitización” sana tras varias semanas de Alberto Fernández copando la parada por la pandemia (en las crisis, aquí y allá, el jefe de Estado centraliza), pero el maridaje se puso feo e hizo metástasis rápido. Se fue de las manos.

Algunos temas (como Vicentin) habilitan naturalmente clivajes y discusiones, como en toda democracia, pero ya estamos en una fase superior, más vertiginosa y generalizada, que no permiten discutir nada sin consignas altisonantes. Hoy, cualquier cosa agrieta y se vuelve una disputa agonal. También, vale decir, es algo que excede a la dirigencia política que a veces siquiera es quien enciende la chispa o tira la primera piedra. Aunque deba ser la dirigencia, eso sí, la que reconduzca y represente. La democracia da revancha cada veinticuatro meses.

La semana que pasó fue un teatro negro de algunos sectores del oficialismo procurando instalar más rápido que la Justicia la idea de que Mauricio Macri había montado la red de espionaje más grande desde la recuperación de la democracia. A poco de que se confirmara el asesinato de Fabián Gutiérrez en El Calafate, Juntos por el Cambio emitió un documento, cuantos menos apresurado, que llevaba como título “Un crimen de la mayor gravedad institucional”. Horas antes, Twitter ya había resuelto el caso. La semana que arranca hoy no augura un viaje sin turbulencias.

Ya no importa quién haya tirado la primera piedra. El riesgo de la agrietización acelerada es que arrastre a dirigentes con peso institucional que apostaron, por estilo político e imposición del contexto (seguimos en pandemia y depresión económica), a calmar las aguas y encontrarle una vuelta. Apuesta que tuvo, incluso, validación social temprana. Suena verosímil que, dada las problemáticas imperantes, se premie la gestión transversal. Aun hoy. Porque no todos compran la grieta y quieren, sin más, vivir mejor.

Pero se fueron rompiendo los puntos de contacto y eso hará difícil poner los paraguas necesarios en ciertos temas. Nada es para siempre en Argentina, pero la tendencia centrífuga (polos que licúan el centro) no es alentadora y, ni hablar, muy inoportuna. Como si faltaran problemas.

La fase idílica de cooperación trasversal es casi un pasado remoto. Que la pica se ponga peor es el escenario base lógico porque el derretimiento de la economía abroquelará posiciones (retroalimentado la caída) y las próximas elecciones (que ordenan y depuran el sistema político) están a más de doce meses vista. ¿Ya arrancó la campaña? Las fuerzas centrífugas pueden vaciar el centro, algo que hará más compleja la recuperación de una economía que puede tener una caída de 15% del PIB en 2020. La mayor de su Historia, y vaya si hubo crisis. Hará, también, el clima general más irrespirable. Cuanto menos, para esa mayoría silenciosa que no se alimentan de la grieta.

“Dentro de la alianza JxC tenés dos sectores divididos por su grado de responsabilidad presente y futura de gestión”, dice Lucio Guberman ante El Economista. “El eje ‘halcón’ de Mauricio Macri y Patricia Bullrich y el eje ‘paloma’, liderado por Horacio Rodríguez Larreta, que tienen responsabilidades de gestión y restricciones presupuestarias que deberán financiar con el apoyo nacional luego”, agrega. En los últimos meses, hubo un enroque. “En un principio, el eje ‘paloma’ sabía que, cooperando, subía en las encuestas. Ahora, con el creciente cansancio con la cuarentena, va a ser más difícil esa cooperación porque es menos rentable y hubo un cambio de incentivos a favor de la fórmula de los ‘halcones’. Aún no está dada vuelta del todo, pero la posición de las ‘palomas’ será más difícil de sostener”, señala Guberman.

Según pudo saber El Economista, el comunicado que emitió JxC el sábado, firmado por las autoridades de todos los partidos que integran la coalición, tras el asesinato de Rodríguez, no cayó bien en el ala paloma, que excede a Larreta e incluye a otros actores cambiemitas, desde Gerardo Morales a intendentes amarillos y correligionarios de la provincia de Buenos Aires. Muchos de estos últimos ya habían cuestionado a Alfredo Cornejo por arrastrarlos con sus declaraciones sobre la secesión de Mendoza. Dentro de la coalición opositora, las palomas son sectores con menos cargos en las estructuras partidarias, pero con mayor peso territorial. El comunicado de JxC contribuyó a exacerbar aún más la tensión en el sistema político, y además dejó en evidencia fisuras internas, tanto dentro del PRO como de la UCR. Fue a pura pérdida.

¿La sangre llegará al río? Ante El Economista, el analista Federico Zinni dice: “Esa tensión existe y se ve cada vez más claro, pero también es verdad que, hasta ahora, no se tradujo en rupturas concretas. El especio opositor tiene tensiones, pero en la práctica está funcionando mucho más cohesionado de lo que hubiéramos esperado. Las dificultades del oficialismo para llevar adelante la agenda en la Cámara Baja es la muestra palmaria de eso. Creo que son muchos elementos que juegan ahí. En parte, que Macri esté corrido de la escena hace menos tentador a los opositores moderados a salirse de ese plato (que no tiene un liderazgo cerrado) y, por otro lado, la incertidumbre respecto al futuro económico también le pone un poco de freno al acercamiento de esos opositores al Gobierno”.

Los sectores oficialistas más cercanos al Presidente son menos progrieta que aquellos más cercanos a Cristina Kirchner, que crecieron con la grieta y creen en ella. Los albertistas son las palomas del Frente de Todos. Estilo, contexto y estrategia nutren esa línea de acción, que había arrancado muy bien. Con el Presidente tomando el centro de la escena con una reacción con validación social ante la amenaza del Covid-19. La pandemia generó una agenda de trabajo bien concreta que, incluso, permitió consolidar a las palomas de ambos lados y habilitó a ilusionarse con la inclusión de otros temas y actores en una agenda de trabajo pospandémica. Agenda de trabajo que será ardua porque el golpe será durísimo y la soja no volará a US$ 600.

“Estamos ante una recaída de la polarización y JxC busca, como hizo siempre, traer de vuelta a Cristina”, dice Julio Burdman. “Eso, obviamente, le complica a Fernández sus chances de convertirse en un líder con personalidad propia y queda arrastrado en una historia preexistente”, agrega. La encerrona “obliga” al jefe de Estado a dar una prueba de vida y desmarcarse de Cristina. Mandarla al ostracismo. Lo que JxC no pudo hacer. Demostrar que él no es ella. “Alberto, ¿cómo te llevás con Cristina?”. Casi una pregunta obligada para las entrevistas que concede Fernández (a medios de todo tipo), que ayer salió a desmentir un artículo de Infobae que sostenía que Eduardo Duhalde le había dicho: “Te la tenés que sacar de encima ya”. El jefe de Estado tuiteó: “Que no nos dividan con mentiras”.

Por supuesto, desde el oficialismo (palomas y halcones por igual) salieron a responder sin contemplación al comunicado de JxC y se terminó de conformar un escenario de confrontación abierta y generalizada en la que predominan los sectores más duros de cada una de las coaliciones. Desplazando o arrastrando a una lógica binaria a los que intentan mantener abiertos los canales.