Mucho mejor, pero aún insustentables

11 de diciembre, 2017

Mucho mejor, pero aún insustentables

 

Por Gabriel Caamaño Gómez Consultora Ledesma

 

Se cumplen los dos primeros años de gestión del gobierno de Mauricio Macri. Y en retrospectiva y a simple vista, el esquema de política económica local mejoró años luz. Aunque, obviamente y salvo excepciones, con la impronta del gradualismo.

 

Rememoremos, para poner en perspectiva. Fin del cepo y del desdoblamiento cambiario de hecho; BCRA independiente y focalizado en la inflación; enfoque gradual para la reducción del peso del gasto primario y el ajuste del déficit primario; recuperación y saneamiento del Indec y las estadísticas públicas; apertura de la cuenta corriente, incluida la eliminación de los Registros de Exportadores (ROE’s, funcionaban como cuotas) y flexibilización de la cuenta capital y financiera; eliminación de los Derechos de Exportación (DEX) y sendero de baja gradual para soja y derivados; reinserción internacional; simplificación administrativa multidimensional; modificaciones al esquema de coparticipación federal de impuestos y de la relación Nación-Provincias; ajuste de las tarifas de la energía eléctrica, el gas de red y los servicios de agua potable y saneamiento y los primeros pasos en pos de la reforma tributaria, laboral y previsional, entre los que más nos interesa resaltar.

 

Aunque, si profundizamos, los dos desequilibrios macroeconómicos básicos heredados siguen ahí: los no caprichosamente denominados déficits gemelos. El elevado y sostenido rojo fiscal y el igualmente alto saldo negativo de la cuenta corriente.

 

Por eso mismo, el balance de gestión, está plagado de claroscuros.

 

En particular, por un lado, la inflación está bajando, mucho más lento de lo erróneamente planteado por el propio Gobierno, pero baja. Y lo hace en un contexto donde la economía no sólo se recupera sino que, incluso, empieza a crecer. Todo ello en el contexto de una reducción del nivel de gasto primario y, sobre todo, del peso de los subsidios económicos. Y, además, interviniendo relativamente poco en el mercado cambiario, con lo cual evitamos recurrir al salvavidas de plomo del tipo de cambio fijo o cuasifijo. Pero, por el otro lado, como todo esose logró por ahora sin corregir los desequilibrios básicos, varías trayectorias de fondo asociadas a los esfuerzos realizados en pos de esos logros son insostenibles e, incluso, contraproducentes.

 

Nunca hay que olvidarse de Walras. Los desequilibrios macro que nos llevaron a donde estábamos a fines de 2015 siguen ahí. Ergo, este equilibrio macro sigue sin ser sustentable y siguen existiendo desequilibrios adicionales de signo opuesto e igualmente insustentables que compensan esos desequilibrios básicos

 

Repasemos los principales tres termómetros de sustentabilidad.

 

  • La, a la larga insostenible, trayectoria de endeudamiento, con su corolario en el nivel de déficit financiero y el gasto total. Los cuales siguen en máximos históricos e impiden un enfoque más agresivo por el lado de la reducción de la presión tributaria, también en máximos.

 

  • El proceso de acumulación de pasivos remunerados por parte del BCRA que, en ausencia de correcciones cambiarias significativas, pagan un rendimiento muy superior al que dicho organismo obtiene sobre sobre activos que recibe en contrapartida, limitando la capacidad futura para seguir amortiguando el impacto de las operaciones de financiamiento del elevado déficit fiscal.

 

  • La apreciación real y su impacto sobre el dinamismo de los sectores productores de bienes y servicios transables, limitando la capacidad de la economía local para crecer sustentablemente e incrementan
    do su vulnerabilidad externa.

 

También existieron claros problemas de implementación, que profundizaron esas cuestiones. Como dije en más de una oportunidad, el gradualismo exige mucha más disciplina y coordinación que los enfoques tipo shock. Esto no significa que el Gobierno no sea más disciplinado y coordinado que las anteriores. Por el contrario, posiblemente lo sea. Pero si significa que el nivel actual, en ambas cuestiones, hasta ahora, no estuvo en línea con el que se requiere para maximizar la consistencia y, con ella, la eficiencia y sustentabilidad, de la estrategia de ajuste gradual elegida.

 

Otra cuestión que va quedando cada vez más en evidencia es el error de diagnóstico inicial. La subestimación de los desequilibrios y de varios factores relevantes (liquidez heredada, nivel de inercia, inflexibilidad de distintos rubros de gasto, etcétera) que llevó a alentar expectativas y suponer trayectorias en el arranque que, ya al poco de andar, probaron ser excesivamente optimistas. Y que ahora, juegan en contra.

 

Justamente por todas esas razones, no debería sorprendernos, por ejemplo, que la inflación haya mostrado tanta resistencia a perforar la barrera del 20%. La cual perforará en 2018 sólo como resultado del considerable esfuerzo que hará el BCRA al poner sobre la mesa un nivel de tasa real más que considerable. Poniendo de relevancia la cuestión de la eficiencia, sustentabilidad y vulnerabilidad del proceso de estabilización. Pues, dicho accionar, profundizará el sendero de apreciación real, impactando sobre el desequilibrio externo, y acelerará el proceso de acumulación de pasivos remunerados por parte del BCRA, acortando los tiempos respecto de su capacidad para seguir amortiguando los efectos colaterales de las operaciones de financiamiento del desequilibrio fiscal.

 

Por similares razones, tampoco debería sorprendernos que al nivel de actividad le cueste tanto acelerar y a los transables traccionar y que el primero no haya logrado redondear un alza promedio anual significativamente por encima de 3% en 2017, como algunos, incluido el propio gobierno, auguraron.

 

Pero bueno, aún a pesar de todo eso, sí se cumplen las expectativas, 2018 será el primer período no recesivo desde 2007 con inflación anual menor a 20% y 2017-18 será el primer bienio con expansión sostenida del PIB desde 2010-2011. Es decir, con relativamente poco, estamos significativamente mejor.

 

Una clara muestra del callejón macroeconómico del cual, con todas las limitaciones, problemas irresolutos y errores, estamos intentando salir, y saliendo, hasta ahora, en forma ordenada. Algo que no hay que olvidar, en más de un sentido, y de lo que nunca hay que dejar de ocuparse.

 

Llegados a este punto, puedo decir sin demasiados tapujos que durante estos años el enfoque gradualista avanzó mucho más en el tratamiento de las consecuencias de los desequilibrios que en el ajuste de los mismos. Y que, por lo tanto, los resultados han sido tan gradualistas como el tratamiento y no exentos de efectos colaterales. Léase, avanzamos mucho más en evitar que los síntomas maten al paciente, que en eliminar la enfermedad de base. Siempre con la esperanza que durante la segunda mitad del mandato, nos enfoquemos decididamente en la enfermedad.

 

Estamos mucho mejor. Pero, para que ese mejor sea sustentable, el gradualismo debe acelerar, enfocarse en los desequilibrios básicos y ser más consistente (disciplina, coordinación y comunicación), ganando en eficiencia, mejorando la sustentabilidad y reduciendo la vulnerabilidad externa. Las reformas son claves en ese sentido y mucho más profundas que el primer paso planteado hasta ahora.

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