Se potencian los riesgos cambiarios

Sin acceso al crédito

4 de agosto, 2014

Se potencian los riesgos cambiarios

(Columna de Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina y Juan Pablo Paladino, jefe de Investigaciones de Ecolatina)

Transcurrida la ventana de treinta días de gracia, el Gobierno prefirió blindarse frente a potenciales demandas vía RUFO y no logró desbloquear los pagos del Discount ley extranjera, entrando en un incumplimiento de pagos o de cobro según la óptica del acreedor y del deudor, respectivamente. Más allá de la discusión semántica sobre si dicho evento constituye o no un default en términos jurídicos, el mercado lo tomará como tal, aunque a nuestro criterio sea defendible el argumento contrario. Si bien no descartamos la posibilidad de que un tercer actor (por caso, un grupo de bancos y empresas) compre la deuda de los holdouts demandantes, es decir el juicio, por una cifra cercana a los US$ 1.600 M, el país enfrenta un impago que puede o no prolongarse.

El impacto negativo de este evento sobre la economía dependerá de la duración del proceso, pero también de la importancia del mismo, ya que si se aceleran los pagos de la deuda performing la situación sería mucho más complicada. Aún no podemos precisar la magnitud del shock, pero sí sabemos los riesgos asociados a este camino. En el corto plazo, la escasez de dólares se va a agudizar, profundizando el círculo vicioso en el que se encuentra la economía argentina. En pocas palabras la estrategia de apuntalar el ingreso de divisas vía el canal financiero ha quedado trunca hasta nuevo aviso. Esto significa: mayor estrés cambiario, menor actividad, problemas de empleo, escasa inversión, dolarización de activos, retracción del consumo, desconfianza, caída de la recaudación, aumento del déficit fiscal, profundización del cepo, etcétera.

Más cabos sueltos

Sin embargo, la reapertura del financiamiento externo no es lo único que quedó a mitad de camino. En primer lugar, el tipo de cambio oficial en torno de $8/U$S vuelve a rezagarse por producto de la elevada inflación. Asimismo, el recorte de subsidios no alcanzó para torcer la dinámica de un gasto público que sigue creciendo por encima de los ingresos genuinos. Por último, pese a la suba de las tasas de interés y la mayor absorción de pesos, la política monetaria ya no es tan astringente porque el creciente déficit fiscal exige una fuerte emisión del BCRA para financiar el bache. Es decir, más allá que los fondos buitres hayan bloqueado el financiamiento externo, la corrección del rumbo ensayada a principios de año se ha diluido. Esto es una mala noticia ya que el cambio implementado dotaba de mayor consistencia al esquema económico oficial.

A esto se suma la alarmante caída del precio internacional de la soja. Producto de una producción récord de soja en Estados Unidos y el hemisferio sur, la cotización internacional del poroto cayó desde fines de mayo 18% (la tonelada descendió casi U$S 100). La “pérdida” entre las divisas que hubieran sido liquidadas si los precios no sufrían el descenso mencionado y las que efectivamente entrarán en 2014 será cercana a U$S 1.500 M, reduciendo en U$S 500 M los recursos fiscales por retenciones. El descenso de la cotización de la soja puede revertirse pero es un llamado de atención en cuanto al ingreso de divisas en 2015, año signado por elecciones presidenciales y elevados vencimientos de deuda.

Por último, si se confirma el default, el Gobierno de China podría rescindir los contratos recientemente firmados para la construcción de dos represas en Santa Cruz, mejoras en el tren Belgrano Cargas y un swap de monedas (equivalente a U$S 11.000 M). Esta era una de las pocas noticias favorables en cuanto a las perspectivas de divisas se refiere.

En síntesis, si al incumplimiento con los acreedores del Discount le sumamos la pérdida de consistencia de la política económica y un menor ingreso de agrodólares, queda claro que se ha roto la frágil tregua cambiaria alcanzada en el segundo trimestre del corriente año. Para recomponer la calma, se necesita una rápida normalización del financiamiento externo y/o elevada pericia para navegar las turbulentas aguas de una restricción externa exacerbada.