Contradicciones inexplicables

27 de junio, 2014

Contradicciones inexplicables

(Columna de Gabriel R. Molteni, economista y director de ECONOX)

En lógica, una contradicción es una incompatibilidad entre dos o más proposiciones. Por ejemplo, la oración llueve y no llueve, pero en política económica parece que la lógica no aplica –o al menos a eso estamos acostumbrados los argentinos, especialmente en los últimos años-. No alcanzaría este espacio para nombrar ejemplos, pero basta recordar cuando el Gobierno estableció el cepo cambiario con el fin de disminuir la demanda, y lo que terminó generando fue una caída en la oferta. Más allá de la sostenida caída en el superávit comercial, la inversión extranjera directa también viene cayendo y, según el último informe de la CEPAL, el año pasado estuvo por debajo del nivel de 2008. Ni mencionar el impacto que ha tenido la administración de las importaciones, por igual motivo, en la actividad productiva que depende para la producción de insumos y bienes intermedios importados. O cuando, por el mismo motivo, se decidió poner un impuesto que supuestamente afectaba sólo a los autos importados de alta gama, pero terminó impactando en los precios de oferta de todo el mercado, con una profunda caída en la demanda que ha afectado no sólo a la industria automotriz si no a la actividad de todo el sector industrial.

En esta ocasión me gustaría referirme a la reciente medida adoptada por parte del Banco Central de fijar topes a las tasas que los bancos aplican al crédito concedido a personas, ya sean personales, prendarios o para financiarcompras realizadas con tarjeta de crédito. Una de las consecuencias más importantes del intento reciente del Banco Central por controlar la inflación –resultado de un creciente financiamiento monetario del déficit fiscal del Gobierno– mediante la absorción de liquidez del mercado –mediante de la colocación de deuda (Lebac y Nobac)– ha sido la fuerte suba en la tasa de interés, que afectó negativamente la demanda y el consumo. Hoy, la economía está en recesión y, excepto por el gasto público, no hay sector de la demanda agregada que esté creciendo en términos interanuales.

Supuestamente, este ha sido uno de los motivos de confrontación entre la autoridad económica y la autoridad monetaria, y la reciente medida del BCRA –más allá de mostrar quién está ganando– apunta a disminuir el costo de financiamiento del consumo para reactivar la demanda. Pero en este caso, nuevamente observamos la contradicción de la lógica, ya que es muy probable que se retraiga la oferta de crédito y, por lo tanto, el financiamiento sea menor.

¿Por qué? Si tenemos en cuenta que uno de los principales sectores cuya demanda se vio afectada fue la venta de electrodomésticos, que cayó notablemente en el primer trimestre del año –pero que se venía recuperando desde abril gracias al retorno del financiamiento en cuotas, aunque continuaba cayendo interanualmente–, la reciente medida va a tener el efecto contrario al buscado. Los principales afectados por el tope en las tasas son las cadenas de artículos para el hogar, las que suelen vender sus carteras de préstamos a través de fideicomisos en el mercado de capitales, pero que difícilmente puedan colocar la cartera ya originada. Por otra parte, la originación de nuevos fideicomisos se verá afectada porque el costo que asumen para fondearse apenas llegaría a compensarse con la tasa máxima fijada por el BCRA. Ni mencionar el hecho de que esta medida generaría también mayor inequidad, ya que por un lado dejaría afuera del sistema a aquellos clientes de mayor riesgo, que ahora no podrían acceder a préstamos, y también afectaría a las entidades financieras más chicas que verían inviable su negocio.

Si bien es válida aquella frase del autor de El Principito, Antoine de Saint- Exupéry, cuando dijo que “la pura lógica es la ruina del espíritu”, creo que en nuestro país un poco más de lógica no vendría mal para evitar la ruina de la actividad.

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