Agenda pos 2015

¿Qué hacer con la pobreza en la Argentina?

3 de mayo, 2014

Agenda pos 2015

(Columna de Jorge A. Paz, economista, investigador del CONICET y del IELDE)

Aproximadamente 19% de la población en la Argentina no cuenta con los ingresos que necesita para cubrir los gastos de la canasta básica alimentaria y no alimentaria. Solamente esta cifra, que ciertamente esconde una fuerte variabilidad regional (casi 40% en el Chaco y sólo el 3% en Tierra del Fuego), amerita abrir el debate acerca de qué hacer con la pobreza y con los pobres en la Argentina, especialmente luego de que el Gobierno elegido en 2015 deba hacerse cargo de esta situación que está en la base de muchos de los problemas que se manifiestan en otras esferas de la vida pública (educación, salud, seguridad, etcétera). ¿Cuáles son los mitos que habrá que destruir y qué preguntas sería conveniente formular para comenzar a pensar una respuesta al problema?

Acerca del mercado de trabajo

El primer mito acerca del origen de la pobreza es que la misma proviene de la falta de trabajo. Este mito conduce a pensar soluciones inocuas a la pobreza y evaluar el funcionamiento de la economía desde una perspectiva inadecuada. La tasa de desocupación es hoy menor al 7% y, sin embargo, la pobreza se estacionó por sobre el 18%. Nótese que el 7% de desempleo no es una mala cifra, mientras que casi 20% de pobreza es un nivel altamente insatisfactorio. Es incorrecto decir entonces que la reducción del desempleo y el aumento del empleo no registrado fueron los ejes que comandaron la reducción de la pobreza. Claramente, las mejoras alcanzadas en el mercado de trabajo tuvieron mucho que ver con la evolución descendente de la pobreza pero de haber evolucionado concomitantemente, la pobreza no podría arrojar los valores que arroja con el 93% de la población activa ocupada.

Las ayudas monetarias

Sí tuvieron que ver, seguramente, las ayudas monetarias que el Gobierno puso a disposición de los sectores más humildes de la población. Por ejemplo, existen estudios que muestran que la Asignación Universal por Hijo (AUH) contribuyó fuertemente a sacar hogares de de la pobreza y, lo que no es menor, a mantenerlos fuera de ella. Para ser más precisos, sacó hogares de lo que se denomina la pobreza extrema o indigencia, más que de la pobreza en general. También podría mencionarse los avances logrados en seguridad social. La notable mejora en la cobertura de la seguridad social permitió que muchos/as adultas/os mayores pudieran acceder a beneficios aún sin aportes o con aportes incompletos al sistema, al reconocer que tales aportes están ligados a problemas del mercado laboral en el pasado. Si bien el efecto sobre los grandes números de la pobreza no es en este caso el más rutilante (las y los adultos mayores todavía no pesan demográficamente tanto en la Argentina), no por ello es menos importante.

¿Qué es lo que hay que repensar entonces?

Las ayudas monetarias se han visto afectadas por la inflación de los últimos años. Este efecto todavía no se ha manifestado en toda su plenitud porque muy probablemente los hogares pobres no han tocado fondo, si por eso se entiende pasar del piso de la línea de pobreza extrema al subsuelo de las necesidades alimentarias insatisfechas. Quiere decir que en una economía que no presenta problemas serios de desempleo, la ayuda que los hogares pobres reciben del Gobierno los mantiene aún en niveles de consumo tolerables.

Se presentan en este caso dos mitos más que parecen mantener tranquilos tanto al Gobierno, a la oposición y a los que asoman como candidatos para las próximas elecciones. El primero está relacionado con lo que se podría llamar la fetichización de las transferencias condicionadas y el segundo, con la minimización de su verdadero costo. El primero de los temas lleva a creer que las transferencias condicionadas (AUH y otras) mantendrán indefinidamente fuera de la pobreza a la población pobre. Este es un supuesto falso, basado en una visión estática de la pobreza: los hogares que salieron de la pobreza no volverán a entrar en ella. Por el contrario, la pobreza es un fenómeno dinámico que se alimenta tanto por la entrada de hogares y personas que antes permanecían fuera, como por los que antes podían salvarse y ahora permanecen atrapados en ella. En este sentido la inflación no sólo está actuando sobre la entrada, sino (y muy principalmente) sobre las posibilidades de salida de la pobreza de todas y todos los que son pobres.

El segundo de los temas, el creer que el costo de las transferencias condicionadas es solamente la “caja”, ignora el costo de oportunidad de los fondos que actualmente están destinando los gobiernos (no sólo en la Argentina) en este tipo de ayuda. Habría que preguntarse qué solución alternativa existe para este grave problema de la pobreza, dado que la actual parece no haber sido tan eficaz. Alguien podría cuestionar este último tema y presentar cifras para defender su argumento: la pobreza bajó, es cierto. Aún más: bajó mucho. Pasó del 45% en 2003 al 19% en 2013. Pero si se mira la mitad vacía del problema el diagnóstico cambia: a este ritmo (que, se insiste, es muy rápido), el país necesitaría más de dos décadas para abatir completamente la pobreza. Lograr este ritmo en los próximos años con una inflación del 30% es una quimera, aun más si se piensa que el ritmo de reducción en los últimos cuatro años fue prácticamente nulo.