Axel Kicillof

31 de enero, 2014

Axel Kicillof

Axel Kicillof no es un ministro para este tiempo. Cada gestión en el sector público se desenvuelve en un contexto histórico determinado que condiciona, en buena medida, las políticas a aplicar. No son siempre los mismos atributos y visiones los que se necesitan. Así como Kicillof podría ser un ministro adecuado para otra etapa no lo es para la actual.

La economía argentina está en un proceso de ajuste. No puede dársele otro nombre a una situación en la cual se combinan una brusca devaluación, suba de tasas de interés, aumento de tarifas, intentos por recuperar el equilibrio fiscal y que los salarios – privados y públicos – no superen la tasa de inflación.

Está claro que los funcionarios y la base de sustentación política de este Gobierno no se sienten cómodos con este esquema al cual llegaron por necesidad y no por convicción. Pero particularmente el ministro de Economía no está preparado en ningún sentido para conducir esta etapa que la Presidenta debería poner en manos de alguien que se sienta más cómodo transitando este camino.

Kicillof siempre se opuso a la devaluación argumentando que había perjudicado a los sectores de menores ingresos. Pero la realidad lo llevó a devaluar y ahora sostiene que no tendrá el impacto negativo en términos de precios y salarios. ¿Cuál de estas dos posiciones contrapuestas refleja el pensamiento real de Kicillof?

Mejorar la distribución del ingreso y favorecer a los que menos tienen fue siempre un saludable eje de todos los discurso del ministro. Sin embargo, bajo su gestión, los ganadores no son los asalariados sino, una vez más, los tenedores de dólares. Como casi siempre en la historia argentina reciente.

Kicillof padece el síndrome de José Luis Machinea. El ex ministro de Economía de la Alianza también tenía sólidas credenciales técnicas pero fue convocado por un presidente que sostuvo durante la campaña “conmigo un peso, un dólar”. Pero Machinea nunca había creído en la convertibilidad. No era el ministro para esa etapa y no le fue bien. Con todo, Kicillof tiene una ventaja: cuenta con el pleno respaldo de la Presidenta, algo que Machinea nunca obtuvo de De la Rúa.

En la conferencia de prensa en la cual se anunció el levantamiento parcial del cepo, el ministro de Economía cuestionó a quienes habían defendido el 1 a 1 y que a su juicio son los mismos que ahora “nos quieren hacer creer” que el dólar está a 13 pesos. Claro que Kicillof olvida que la convertibilidad fue la política de un gobierno del mismo partido que gobierna hoy. Todos los integrantes del actual oficialismo –empezando por la Presidenta– defendieron ese esquema en su momento, aun cuando se criticasen otros aspectos de la política económica. No hay razones para que la Argentina viva una situación económica complicada que siempre pagan los que menos tienen. La mejor política social es evitar una crisis.

Pero hace falta tomar medidas para superar las distorsiones acumuladas y sería beneficioso para el país que lo hagan quienes creen en ellas. Serán más creíbles, generarán más confianza y lo harán mejor.

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