Entrelazar conocimiento y producción

Cómo generar valor agregado argentino

11 de julio, 2013

Entrelazar conocimiento y producción

(Columna del economista Fernando Peirano, subsecretario de Políticas del Ministerio
de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva -MINCYT- y Presidente de AEDA)

A partir del año 2003 tenemos en la Argentina nuevas condiciones para hacer ciencia y tecnología. De la mano de mejores salarios, del incremento de la inversión en infraestructura y la renovación de equipos e instrumentos, la base científica de nuestro país se fortaleció. La Argentina es hoy el país de América Latina con más alto porcentaje de recursos humanos dedicados a la ciencia y la tecnología: tres de cada mil trabajadores activos se desempeñan como investigadores o personal técnico.

Estas nuevas condiciones se notan por el alto impacto obtenido con la iniciativa de repatriar científicos: próximamente ya serán mil los que hayan regresado al país para seguir desarrollando sus investigaciones. Así se logró revertir la tendencia que sometió a la dinámica de los recursos humanos altamente calificados a un fuerte deterioro, provocando la bien conocida fuga de cerebros. Este fortalecimiento de la base científica y tecnológica no ha sido un objetivo aislado o desvinculado del resto de las transformaciones sociales y productivas que han revitalizado a la Argentina. La ciencia y la tecnología hoy tienen como misión potenciar el desarrollo económico y social. De esta forma, el énfasis está puesto en avanzar en el entretejido del conocimiento con la producción y el empleo. En hacer de la innovación un pilar destacado de la competitividad.

Escenario y estímulos

En este sentido, así como se evidencia un nuevo entorno para hacer ciencia, también se han generado nuevas condiciones para que emprendedores y empresarios desplieguen sus capacidades y apuesten por el desarrollo tecnológico y la innovación. Este nuevo entorno para la innovación se define por la combinación de varios factores. En términos más agregados, la orientación a favor de la producción nacional y el empleo calificado se han traducido en un persistente compromiso por sostener el nivel de actividad.

Luego de la crisis de la convertibilidad, la volatilidad ha sido marcadamente menor a décadas pasadas, lo que ha permitido a las empresas estabilizar sus planteles laborales y acumular experiencia productiva, dos fuentes importantes para aprender e implementar mejoras de productos y procesos. También ha sido importante la recuperación de la inversión. La gestación de nuevos proyectos permite que la creatividad se articule con el capital, potenciando el impacto de la innovación. Estos cambios han tenido especial relevancia en sectores como la producción de software, medicamentos, química, equipamiento médico, diseño, instrumentos de precisión, semillas, inoculantes, junto con algunos segmentos de alimentos, indumentaria, casino autopartes, electrodomésticos y otros bienes de capital.

Pero los cambios no se limitan al ámbito empresario. También el Estado y sus políticas públicas se han transformado sensiblemente. Una clara muestra de ello es la creación en 2007 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. A partir de este nuevo ámbito de articulación fue posible elaborar un plan estratégico denominado Argentina Innovadora 2020.

Este plan, a diferencia de experiencias anteriores, tiene como rasgo característico moldear la expansión del sistema científico con el fin de identificar oportunidades para que la ciencia y la tecnología puedan ser el motor para desencadenar o acelerar transformaciones productivas y sociales. El plan identifica treinta y cinco actividades o sectores en las que la aplicación de la biotecnología, la nanotecnología y las TIC’s pueden generar un salto cualitativo. A partir de una metodología participativa, que involucra la vinculación de las empresas, las instituciones de ciencia y tecnología y distintas áreas del Estado, en la actualidad se están desarrollando las hojas de ruta al 2020 de cada una de estas áreas. La tarea implica identificar los desafíos científicos, tecnológicos y productivos que será necesario superar para aprovechar plenamente los vectores de cambio que ofrece el conocimiento y la innovación.

Una vez establecidos los desafíos, se orientan los instrumentos de promoción para alentar la formación de doctores y maestrandos en las especialidades requeridas,y la aplicación de subsidios y créditos para llevar adelante los proyectos de I D que permitan aplicar el conocimiento al ámbito de la salud, la generación de energía, el medio ambiente, el desarrollo social, la agricultura y la industria.

El rol del MINCYT

En la actualidad, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la instancia de fomento del MINCYT, transfiere más de $ mil millones de pesos hacia grupos de investigación y empresas nacionales. De esta manera, se busca cambiar un rasgo estructural de nuestra economía: la baja inversión en I D del sector privado. Si bien esta debilidad se supera con incentivos económicos, exige de manera excluyente construir capacidades de formulación y gestión de proyectos.

El ámbito de los proyectos público-privados es un espacio propicio para ello y ya se han constituido cincuenta y dos nuevos consorcios de I D. Otra expresión del nuevo rol del Estado en materia de ciencia y tecnología la encontramos en la formación de YPF Tecnología. Una empresa para desarrollar tecnología argentina donde el Conicet participa con el 49% del aporte de capital y la integración de una veintena de investigadores que se suman a más de los ochenta profesionales que provienen de YPF. Así, se recupera una función esencial para cualquier empresa petrolera como es la I D, y también se contará con la herramienta adecuada para fortalecer la cadena de proveedores que enfrentan grandes desafíos, como es la explotación de shale oil y shale gas.

En definitiva, estamos avanzando en recuperar la confianza y la visión de que la Argentina no sólo es un país que aprovecha la tecnología, sino también una Nación capaz de producirla. Cuestiones que forman la matriz conceptual de la actual política de ciencia, tecnología e innovación y que, a través de Tecnópolis, pueden trascender el círculo de científicos, tecnólogos y especialistas, llegando con su mensaje a los cuarenta millones de argentinos.