Buscadores de coincidencias

26 de marzo, 2013

Buscadores de coincidencias

(Columna de Martín Tetaz, economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) y del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS). Twitter: @martintetaz)

Alejandro de Cabo se levantó sobresaltado a las cuatro de la mañana en una helada madrugada madrileña. Su novia Yolanda de Mena intentó calmarlo, pero el joven no podía parar de repetir una y otra vez que había soñado con el Papa, pero no con Benedicto XVI, sino con uno nuevo, de nombre Francisco. Nada de particular, de no ser porque aquella realización oníricaocurrió el 11 de febrero, en la víspera de que Joseph Ratzinger efectivamente conmocionara al mundo con su renuncia y un mes antes de que Jorge Bergoglio fuera convertido por los cardenales en el primer Papa latinoamericano, para elegir inmediatamente el nombre con el que había soñado Alejandro. No se trata de un cuento chino. El tweet de @yolandademena(“Mi novio anoche se despertó a las 4am diciendo q habia soñado con un nuevo papa llamado “Francisco I” y hoy benedicto renuncia. @ardecabo”) está fechado el mismísimo día de la renuncia del alemán y hasta el día de hoy ha recibido nada más ni nada menos que 92.274 retweets.

Ahora bien, si usted cree en Dios es posible que a esta altura tenga la piel de gallina, pero si es agnóstico como yo y encima tiene alguna formación en estadística, lo más probable es que todo esto le haga acordar al famoso personaje de Valeria Betruccelli en “Un novio para mi mujer”.

La “Tana” Ferro odiaba a los buscadores de coincidencias. Por ejemplo, a su vecina del 2º B que se sorprendía porque ambas eran de Sagitario, e incluso forzaba la similitud porque ella había nacido el 11 de diciembre y la mujer del personaje que encaraba Adrián Suar había venido al mundo un día 19 del mismo mes. Odiaba,en rigor,a cualquiera que le pareciera notable haberse cruzado con una persona que hubiera nacido bajo el mismo signo zodiacal. Resulta lógico el fastidio: después de todo, una de cada doce veces que dos personas se encuentran es probable que coincidan en el horóscopo.

El humano

Pero lo que la “Tana” no sabía es que, odiando a los buscadores de coincidencias, odiaba en rigor a todos los seres humanos puesto que el homo sapiens sapiens es, en esencia, un buscador de regularidades, patrones y, por supuesto, coincidencias. Buscamos regularidades y coincidencias, prejuzgando a partir de muy pocos casos, porque sabemos que los pocos casos de nuestra experiencia serán bastante distintos y que no tendremos oportunidad de construir probabilidades ciertas sobre las cuales basar nuestros juicios.

Así, tenemos más probabilidades de cometer el error de ver una relación entre dos variables cuando la relación en realidad no existe (error de tipo 1, o coincidencia), pero reducimos las probabilidades de incurrir en el error de no ver una relación entre dos variables cuando esa relación efectivamente existe (error de tipo 2, o negligencia). Ese error de tipo 1 es el que probablemente cometieron quienes levantaron la historia de este joven soñador español que creyó haber destronado al mismísimo Nostradamus.

Resulta más plausible pensar que el chico se inventó lo del sueño y al enterarse de la renuncia del viejo Papa simplemente arriesgó un nombre, como lo pueden haber hecho cientos o miles de personas alrededor del mundo. Pero,claro, a la postre sólo uno de ellos terminará acertando, por una cuestión de mera probabilidad. Por azar.

Visto a la luz de los eventos consumados, el pronóstico luce como profecía y resulta tan difícil no sorprenderse. Como si uno se encuentra en un aula de 60 alumnos de la Facultad con dos estudiantes que cumplen años el mismo día, aún cuando es sabido que se trata de un evento altamente probable (99% probable para ser precisos).

Estos buscadores de coincidencias pueden ser un fenómeno simpático en las redes sociales, pero hacen estragos cuando esos sesgos del comportamiento se trasladan al mundo de los negocios y las finanzas, puesto que la gente cree entonces que puede ver patrones y coincidencias en los datos de la evolución de los precios del mercado, aun cuando estos describan un camino realmente aleatorio.

El dólar y los patrones

Así, si los agentes observan cinco días consecutivos de subas en el precio de un activo (el dólar, por caso) tienden a pensar que están en presencia de una racha, cuando es perfectamente posible que ese resultado se haya producido enteramente por los caprichos del azar. El problema es que esa creencia motoriza un comportamiento de compra del título presuntamente en suba, que no hace otra cosa que cumplir la profecía.

Por supuesto, no quiero decir con esto que la escalada que mostró la divisa estadounidense en el mercado paralelo la semana pasda haya sido exclusivamente el producto de una profecía autocumplida nacida de un puñado de agentes que creyeron ver una coincidencia donde no la había. Es obvio que el elemento disparador fue la resolución 3.450 de la AFIP que cerró aún más el cepo en torno del dólar turista, del mismo modo que en enero el responsable del salto fue la demanda estacional.

Pero una vez generado el shock inicial, el mecanismo propagador es ciertamente de naturaleza comportamental, puesto que el primer día que se conoció la nueva normativa, los precios a los cuales se transó la divisa ya incluyeron la nueva información, y en el resto de la semana el camino de las cotizaciones debería haber vuelto a la aleatoriedad (*).

Emergerán, no obstante, los gurúes que pronosticaron el dólar a nueve pesos, o a diez, puesto que de mil pronósticos que pudieran haberse hecho al azar, a fuerza de probabilidad, un puñado acertará al final y se verán catapultados a la fama por aquellos buscadores que están ávidos de encontrar coincidencias entre una profecía y la realidad.

(*) La columna fue escrita el jueves 21 de marzo.

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