La clave será la inversión

Una variable fundamental para 2013.

29 de diciembre, 2012

La clave será la inversión

(Columna de Agustín D’Attellis, economista de La graN maKro y profesor de la UBA y la UNM)

Tras haber registrado una importante desaceleración en la actividad económica durante el primer semestre de este año, la economía argentina comenzó a evidenciar una recuperación que permitiría cerrar el 2012 con un crecimiento en torno al 3%, en un contexto internacional de crisis, con recesión en los países desarrollados y fuerte desaceleración en los emergentes. Esta recuperación de la economía argentina encuentra sus causas en factores internos y externos. Las políticas contracíclicas permiten sostener la demanda efectiva, fortalecer el mercado interno y preservar el empleo en el frente interno, mientras que el comienzo de una recuperación de la actividad económica en Brasil y el sostenimiento de los precios internacionales de los commodities generan un positivo shock exógeno.

Esta dinámica de crecimiento permitirá a nuestra economía alcanzar tasas de crecimiento entre 4% y 5% en el 2013. Es importante destacar que durante la desaceleración económica ocurrida durante la primera mitad de este año ocurrió una importante caída de la inversión, que pasó de un nivel récord de 26,2% del PIB en el tercer trimestre de 2011 el 21,2% según el último dato oficial, correspondiente al segundo trimestre de 2012.

El contexto internacional desfavorable y algunas medidas de política económica interna –a partir de interpretaciones manipuladas intencionalmente desde algunos sectores– afectaron las expectativas y produjeron esta contracción. Durante los últimos años la evidencia empírica respaldó el argumento de que la inversión depende de la fortaleza del mercado interno y del crecimiento económico y no de conceptos falaces tales como la presencia de clima de negocios, que son finalmente determinados por el especulativo mercado financiero –a través del riesgo país– o por los dictámenes de calificadoras de riesgo, utilizando metodologías obsoletas, cargadas de preconceptos ideológicos y llevando adelante comportamientos especulativos basados en estrategias de profecías autocumplidas.

Durante este año varias decisiones de política económica fueron adoptadas con el objetivo de estimular la inversión y continuar por la senda del crecimiento económico con inclusión. Algunas implican importantes cambios culturales, fundamentales para lograr avanzar en el proceso de desarrollo de largo plazo. Una de ellas es estimular la demanda de pesos, otorgándole a nuestra moneda nacional la función de reserva de valor, que había sido relegada al dólar, durante años de modelos económicos de valorización financiera que iban en detrimento de la actividad productiva.

Para acompañar este proceso, dos decisiones fueron fundamentales: la reforma de la Carta Orgánica del BCRA y la ley de reforma del mercado de capitales. A partir de la primera, además de la recuperación absoluta de la soberanía en materia monetaria, se recuperó la posibilidad de direccionar el crédito acorde a los objetivos de desarrollo. La primera medida adoptada en este sentido fue la normativa que obliga a los bancos a otorgar créditos al sector productivo –50% a pymes– a una tasa de 15% en pesos. De esta forma, se apunta a romper con la lógica de la desregulación del mercado financiero que tanto daño causó alrededor del mundo. El comportamiento de maximización de ganancias de parte de banqueros microeconómicamente racionales los motiva a tomar depósitos a tasas bajas y otorgar préstamos a plazos cortos –al consumo– y tasas lo más altas posible. Esta decisión no acompaña el proceso de desarrollo económico nacional. Así, se torna necesaria la intervención del Estado en su rol de regulador en pos del desarrollo económico.

La otra decisión fundamental que apunta en este sentido, es la reforma del mercado de capitales, que tiene como objetivo recuperar su rol fundamental, esto es, actuar como canal transmisor del ahorro doméstico hacia la inversión productiva. A partir de la puesta en marcha del nuevo mercado de capitales se abrirá la posibilidad de que nuevos actores –pymes, municipios, etcétera–, puedan acceder al mismo y lograr financiar proyectos, productivos o de infraestructura, a través de productos financieros innovadores. Tendrán un rol clave en esto las futuras calificadoras de riesgo, a cargo de universidades públicas, ya que otorgará la posibilidad de acceder a calificaciones requeridas por el mercado a aquellos sectores al día de hoy excluidos.

En resumen, el modelo económico argentino continuará su camino de crecimiento con inclusión social frente a un contexto internacional adverso. Para lograr este objetivo muchas decisiones se han tomado durante este año, en esta etapa de sintonía fina por la que el modelo atraviesa.

Algunos ejemplos son la administración del comercio exterior, del mercado cambiario, las comentadas reformas de la Carta Orgánica del BCRA y la reforma del mercado de capitales, y el avance hacia la concientización en la utilización del peso en todas sus funciones –unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor–. El éxito de todas estas decisiones permitirá el año entrante recuperar el crecimiento de la inversión y sostener el modelo de crecimiento sorteando la restricción externa y los cuellos de botella internos, propios de un período prolongado de crecimiento a tasas altas.